miércoles, 1 de diciembre de 2010

Brasil: Nos hablan de PAZ... Y nos hacen la GUERRA!

PANFLETOS SUBVERSIVOS.: [Brasil] Nos hablan de PAZ... Y nos hacen la GUERRA!

Cuba: el cambio que ve Atilio Borón

The Storm on the Sea of Galilee
"Borón asegura(...)que los dirigentes cubanos tienen buenas intenciones(...)Dejemos pues las buenas intenciones(...)y juzguemos en cambio por el tipo de medidas propuestas y por su dinámica".

Antelas medidas drásticas propuestas por el Partido Comunista Cubano para su VI Congreso Nacional, a realizarse en abril próximo, Atilio Borón determina que el modelo soviético de Estado y de economía basado en la estatización de todo tipo de empresas y en la planificación centralizada está “agotado” y “ya pasó a mejor vida”.


Dicho sea de paso, es notable que el analista en cuestión haya tenido que esperar hasta la emisión del documento partidario que le da el tiro de gracia a un modelo que llevaba a Cuba al borde de la muerte para darse cuentade que algo no andaba bien en un tipo de funcionamiento que él siempre elogió como “socialista” y para ver que existían una serie de aberraciones, que descubre y enumera con asombro a pesar de que cualquier cubano hablaba de ellas libremente desde hace muchos años y de que otros estamos escribiendo sobre ese tema y la economía cubana y sus defectos desde hace unos treinta años en la prensa de gran tiraje en español.

También llama la atención que, habiéndose derrumbado en 1989 el llamado “modelo” burocrático soviético ni Borón ni el Partido Comunista y el gobierno cubano hayan sentido hasta ahora la necesidad de hacer un balance del por qué de ese derrumbe y de cuáles fueron las causas del mismo, a pesar de que, desde 1936, el análisis marxista aplicado por Trotsky en “La Revolución Traicionada” daba ya un diagnóstico certero y preveía las consecuencias del mismo.

Perseverar durante más de veinte años enla aplicación de un sistema de pensamiento y de dirección absolutamente nocivo, que se derrumbó en 1989
 por su podredumbre interna y llevó a los miembros de la dirección del Partido Comunista soviético a vender Pizza Hut o a convertirse directamente en capitalistas monopolistas mafiosos, es por lo menos señal de escaso interés por la teoría marxista.

Borón habría debido advertir, en su momento, a los dirigentes cubanos que estaban caminando por la cuerda floja confundiendo la estatización general de
la economíay el capitalismo de Estado con fuertes rasgos burocráticos con el socialismo aunque eso, seguramente, habría reducido drásticamente el número de invitaciones a La Habana. Porque reforzar y sostener una de las principales conquistas antiimperialistas de los últimos 50 años –la Revolución cubana- y ayudar a sentar las bases que resulten posibles para la construcción del socialismo en una pequeña isla sin recursos ni población, que en su momento enfrentó además a Estados Unidos, el gobierno soviético y el régimen chino, no es una tarea exclusiva de los cubanos. Todos los demócratas y socialistas del mundo tienen el deber de ayudarles con sus ideas, sus aportes, sus críticas en vez de dejarles solos cometiendo errores para después constatar el fracaso… y volver a dejarlos solos en la hora de adoptar las decisiones más peligrosas.

Borón asegura ahora que los dirigentes cubanos tienen las mejores intenciones y desean aplicar reformas socialistas, no el retorno al capitalismo. Es muy posible. Pero también tenían buenas intenciones cuando se lanzaron a la zafra de 10 millones de toneladas destruyendo las bases de la economía, o cuando se ataron a la Unión Soviética creyendo que ésta sería eterna, apostándolo todo a la mera exportación de hombres y de azúcar y níquel, o cuando Fidel Castro defendió la invasión soviética de Checoslovaquia y el aplastamiento del partido de ese país, o cuando calificó de grandes marxistas a Brezhnev, al dictador etíope Haile Marian, o el dictador somalí Siad Barre, entre otros. Dejemos pues las buenas intenciones para los confesionarios o para los intenciómetros que habría que inventar y juzguemos en cambio por el tipo de medidas propuestas y por su dinámica.

Hay que llamar las cosas por su nombre: no van en la dirección de más justicia, más igualdad, más solidaridad, más socialismo sino en la dirección contraria, Refuerzan el papel del vértice del Estado que dirige al partido, y de los directores de las empresas, deciden por los trabajadores en vez de establecer mecanismos de consulta a éstos y de control por éstos. Refuerzan el papel central del Estado y de los aparatos, no el de la democracia. No preparan a nadie para el fortalecimiento de una vasta capa cuentapropista dominada por el mercado y regida por el ansia de consumo y que se diferenciará internamente soldando su sector más rico con la burocracia más corrompida. Ignoran el peso de la hegemonía cultural capitalista y del mercado mundial que dan una fuerte base al desarrollo de una fuerza capitalista en Cuba, que hasta ahora no existía. Unen la contrarrevolución que se incuba en parte de la burocracia con el capitalismo estadounidense y mundial. Golpean en la economía, en las perspectivas, en su imaginario mismo, a los más pobres, que son la base social de la revolución cubana

Si hay tanto interés popular por conocer esas medidas es porque la gente siempre quiere saber con cuál salsa la cocinarán quienes fueron responsables del fracaso yahora responden a éste con medidas peligrosísimas. Ojalá que ese interés responda también a la necesidad de estudiar esas medidas para contrarrestar en lo posible los elementos más negativos, aunque ya hayan sido resueltos y en parte estén siendo aplicados. Lo cierto es que el cambio instaura en Cuba una fase de gran inestabilidad política, social y económica y que el pueblo cubano, como cuando la invasión de Playa de los Cochinos, requiere nuestra ayudamaterial y teórica porque la brújula de las autoridades cubanas no funciona ni funcionó muy bien, a pesar de lo que creen los admiradores de siempre de las mismas.

25-11-2010
http://www.lajornadaquincenal.com.ar/2010/11/28/cuba-el-cambio-que-ve-atilio-boron/








América Latina: Neoinstitucionalismo y reforma estructural

Pablo Dávalos            ALAI

Banco Mundial y la transformación neoliberal

La reforma estructural del Banco Mundial hace referencia a uno de los procesos políticos más importantes en el sistema-mundo capitalista e implica una profunda reforma política del Estado adecuándolo a las necesidades de la acumulación del capital y de las nuevas derivas y necesidades de la lucha de clases. Este proceso es concomitante y correlativo al ajuste macrofiscal de corto plazo del FMI, mas sus coordenadas y perspectivas están en largo plazo.


Uno de los argumentos teóricos que sustentan la reforma estructural proviene del neoinstitucionalismo económico y hace referencia a las nociones de “cambio institucional” como un proceso teleológico y determinista para todas las sociedades humanas. La razón del mercado se convierte, en esta dimensión institucionalista, en un deber ser de toda la historia humana. Las transformaciones producidas desde la visión institucional son, en consecuencia, transformaciones históricas.

 El “cambio institucional” es un cambio civilizatorio. El cambio institucional implica que para el Banco Mundial esta no es una época de cambios sino un cambio de época. La época que está escribiendo el Banco Mundial tiene la signatura del mercado como deontología de la historia y como parusía del capital.


De esta manera, mientras el FMI se concentraba en definir la hoja de ruta de la acumulación capitalista a través de cambios en la macroeconomía, el Banco Mundial creaba el entramado institucional que le era correlativo. Los cambios macroeconómicos del ajuste estructural del FMI solamente podían tener sentido en el largo plazo si estaban acompañados de transformaciones profundas en el tejido institucional. Empero, estas transformaciones institucionales implicaban una intervención directa sobre el plexo social. Al mismo tiempo que se intervenía en los marcos institucionales el Banco Mundial también intervenía en las sociedades disciplinándolas al interior de las coordenadas del neoliberalismo.

Este proceso de intervención sobre los marcos institucionales y sobre las sociedades de forma directa desde el Banco Mundial, ha sido denominado como “reforma estructural” y es coherente y concomitante con el ajuste estructural del FMI.

La reforma estructural propone una serie de cambios al interior de la institucionalidad del Estado y de los comportamientos sociales. La reforma estructural toma como sustento epistemológico a la teoría de las elecciones racionales de los consumidores, los costos de transacción, la teoría del principal-agente, la noción de la acción colectiva, la economía de la información, los derechos de propiedad, y la teoría de las instituciones económicas de la economía neoclásica. Su intencionalidad apunta a una reconfiguración política y de largo aliento de las prácticas de la política, la conformación de la dominación por consenso (hegemonía), y la articulación de la institucionalidad y del sentido de lo público, al interior de las transformaciones históricas producidas por el neoliberalismo en la hora del capitalismo tardío y de especulación financiera.

Los puntos que van a constituir el centro de los procesos de la reforma política del Estado en varios países de América Latina, convergen con aquellos de la economía neoinstitucional: disminución de los costos de transacción por la vía de los derechos de propiedad, y consolidación del Estado de derecho como Estado de seguridad jurídica, forman el entramado más característico de esa reforma política del Estado en virtud del cual los cambios Constitucionales determinaron a los Estados latinoamericanos como Estados de derecho.

La referencia teórica del neoinstitucionalismo a la teoría económica neoclásica releva, por consiguiente, de la necesidad de legitimación y justificación para sus políticas y para su estrategia de provocar cambios institucionales irreversibles en la matriz política del Estado. La reforma estructural del Banco Mundial es la puesta a punto de los formatos políticos de la dominación en el momento del capital financiero, la convergencia normativa de los acuerdos de libre comercio y la violencia liberal de la criminalización social.

En América Latina estas transformaciones fueron producidas desde el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la agencia americana para la cooperación USAID, y el Departamento del Tesoro de EEUU, y se dieron desde el inicio de los programas de ajuste estructural.

En efecto, fue el Secretario del Tesoro de EEUU, James Baker, quien en 1984 en la Conferencia del Banco Mundial y del FMI en Seúl, Corea del Sur, determinaría el rol a cumplir por el Banco Mundial en la estrategia del ajuste macroeconómico, en la renegociación de la deuda externa, y en el financiamiento al desarrollo de los países de la periferia del sistema-mundo, como tareas conjuntas y directamente definidas desde Washington.

El Banco Mundial, como institución especializada en el desarrollo económico y en su financiamiento, cobra una importancia fundamental en la transformación neoliberal. Su rol, en primera instancia, es el de acompañar al FMI en una estrategia que habría de denominarse como “condicionalidad cruzada”.

Empero, la caída del socialismo y las transformaciones económicas en los países denominados como socialistas, proyectaron al Banco Mundial, y al FMI, en una tarea de reconstrucción histórica que rebasó los ámbitos para los que fue inicialmente fueron concebidos, y que tuvo como objetivo fundamental poner en sintonía de las necesidades de los centros de poder del sistema-mundo a todos los países de la periferia, incluidos aquellos países que pertenecieron al ámbito socialista.

Esa necesidad de asumir un rol histórico está presente en el denominado “Consenso de Washington”. En esta coyuntura, el Banco Mundial adquirió un estatuto político de primera línea en la reconstitución del neoliberalismo, como proyecto político e histórico a escala mundial.

Los discursos legitimantes del Banco Mundial

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 http://www.alainet.org/active/42669&lang=es





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