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lunes, 10 de mayo de 2010

El Algarrobal - Osvaldo Bayer

¿Conoce usted dónde queda El Algarrobal? ¿No? Pues vale la pena saberlo. Es tierra argentina, allá en Mendoza. En el departamento Las Heras. Cielo amplio, pueblo sonriente, gente de la tierra, naturaleza, sol, ganas de quedarse. Calidad de vida. Y no estas calles de Buenos Aires que ya sólo son motores y gases que hacen llorar hasta cuando uno duerme.

Llego a El Algarrobal. Voy hasta la escuela de adultos, que allí la llaman el CENS 3-479. Hombres y mujeres con el deseo de aprender. Madres con niños que juegan mientras ellas, calladas pero muy atentas, aprenden. Se inicia el acto. El director, Néstor O. Castillo, habla con una calma y tranquilidad que respira sabiduría, como la de un hombre del paisaje, la memoria y de los que buscan un futuro verde como esa naturaleza que nos rodea.

Comienza el acto y nos dice: “Esta escuela nació en el año 2000 a través del Plan de Jefas de Hogar por el cual las madres asistían para completar sus estudios secundarios posibilitando el acceso a un mejor trabajo, a iniciarse en otros estudios, a ser artífices de la construcción de un nuevo proyecto de vida. Con el plan se recibieron dos promociones. Y aquí me detengo para invocar a Bertolt Brecht cuando dice que los que luchan toda la vida son imprescindibles. ¡Qué mejor expresión para elogiar a estas madres que lucharon y luchan toda su vida para poder gozar de una vida digna, la de ella y de sus familias! Un sincero homenaje para las egresadas de este instituto de enseñanza”.

Pienso: aquí que se crea vida, esperanzas. Estos son los hechos que tendrían que tener primera plana en los medios. Me imagino la utopía de que alguna vez El Algarrobal aparecerá en tapa de los diarios de Buenos Aires. ¿Y por qué no cuando se reciba la próxima promoción de adultos?

Y prosigue el director Néstor Castillo: “Las alumnas fundadoras construyeron los cimientos para la incorporación de nuevos alumnos, la formación de un establecimiento educativo permanente, abierto a toda la comunidad. Y hoy transitan nuevos alumnos, jóvenes y adultos. Con firmes valores éticos, con profundos sentimientos de solidaridad y deseos de superación. Esta escuela, el CENS, se ubica en los distritos de El Algarrobal y de El Borbollón. No podían estar en mejor lugar. Quiero elogiar la calidad y calidez humana de sus habitantes. Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, luchan día a día en pos de mejorar las condiciones de vida de su comunidad”.

Al escuchar estas palabras me suena en el oído una frase que un día oí de un viejito de larga barba en un colectivo desvencijado que me llevaba por calles ignotas de ese interminable Gran Buenos Aires: “Hay que recorrer lugares de nuestros barrios y rincones provincianos donde hay seres humanos que no se rinden y siguen poniendo ladrillos para lograr alguna vez una sociedad feliz y justa”.

“Sí –le contesté–, recorrer, para aprender.”

Luego el director Néstor Castillo me invita a hablar. No puedo menos que empezar casi en voz baja, como si estuviera en un pequeño círculo de queridos amigos de siempre o como si fuese, de repente, joven. Joven, en un colegio secundario frente a mis compañeros estudiantes adolescentes. Y digo: “Es como tocar el cielo con las manos. Una escuela con mi nombre. Nada menos que un instituto de enseñanza en El Algarrobal, la bella palabra. Arboles, los silenciosos trabajadores del paisaje, el noble verde. Crecen en silencio, regalan todo. Como los maestros, que se dedican a enseñar para el futuro. La vocación más que noble. La que nos toma del brazo y nos lleva por los pasillos de la vida a conocer la historia del ser, los misterios de la ciencia. A intentar descubrir qué es la vida. El camino a la sabiduría. Esa sabiduría revestida de humildad, de una humildad más que profunda. La docencia, ese camino al paraíso, por lo menos su búsqueda, lo que ya es sabiduría. Las aulas, que llevan el eco de generaciones. La búsqueda sin renunciamientos. El docente. La docente. Un pastor, un plantador de vida, una sembradora de semillas. Semillas que de pronto se abren a la vida.”

Una suave emoción me invade y prosigo: “Sí, reuniré a mis diez nietos y les relataré todo. Sí, les diré, ocurrió en El Algarrobal, nada menos. Que a partir de este día va a figurar en mi mapa. Y en el mapa de las utopías, de la poesía de la vida, de esa ciencia tan maternal que es la enseñanza. Aprender para ayudar a la vida, a los débiles, a llevar a cabo el sueño de tantos filósofos: lograr alguna vez la paz eterna en el mundo. Les relataré a mis nietos –prosigo– todos los detalles del paisaje de El Algarrobal. Allá en el horizonte, las montañas libertarias de los luchadores de Mayo contra el colonialismo, la esclavitud disfrazada. Les describiré el rostro de los protagonistas de este acto. Docentes de mano abierta que hurgan constantemente en el horizonte para describir y clasificar los sueños utópicos. Al decirles a ustedes gracias, gracias, no puedo sino pensar en mis queridos amigos desaparecidos: Rodolfo Walsh, el mejor de todos; Paco Urondo, nuestro poeta muerto en estas tierras mendocinas; Haroldo Conti, el hombre del Delta, el pastor de sueños, el sembrador de ideales de paz y dignidad para todos”.

“Gracias, gracias, mis queridos algarrobeños. Cuando supe que habían puesto mi nombre a esta escuela –por el voto de los alumnos y los docentes– esa noche lloré en mi almohada y vino a despertarme del sueño mi hermano Rodolfo, caído tan joven en pos de la solidaridad. Mi hermano Franz vino a acompañarme con sus dieciocho gatos. Mi padre, aquel silencioso poeta de la bondad, me dio la mano. Y sé que al amanecer de mañana se me presentará mi madre y me regañará porque no me puse corbata para el acto de hoy. Y, por supuesto, mi compañera de siempre, Marlies, la silenciosa acompañante eterna llena de poesía, siempre joven, y mis cuatro hijos, sembradores de vida, me sonreirán desde la ventana. Mi nombre, a este templo de la docencia. Gracias. La palabra que lo dice todo: gracias. Seguiré aprendiendo. Ustedes ahora serán mis maestros de sueños futuros. Estaré todos los días con ustedes desde todas las distancias, y seré vuestro alumno. Porque desde hoy estaré siempre en el paraíso, en ese nombre pura naturaleza llamado El Algarrobal. El abrazo emocionado.”

Recordaré siempre ese silencio que se originó por unos instantes. Los rostros de todos los presentes. Y los niños que nos miraron para saber por qué de pronto ese silencio.

Un silencio que me ayudó a repasar los años aquellos: cuando de pronto llegó el exilio, la quema de mis libros, lo injusto de las medidas cuarteleras, la desaparición de mis amigos, la prohibición de La Patagonia Rebelde, el film realizado frente al filo de la navaja. El dejar todo... y ahora, la semilla en El Algarrobal. Ojalá crezca y nazcan trinos de su copa al amanecer.

Arar la tierra con las manos. Dio sus frutos.

sábado, 24 de abril de 2010

Gramsci y el genocidio armenio - Osvaldo Bayer

Otro nuevoa aniversario de uno de los mayores crímenes de la humanidad: El Genocidio Armenio cometido por Turquía. La muerte de miles y miles de niños, mujeres y hombres en manos de esbirros y de aquellos que se creían dueños de la vida y de la muerte. Para recordar esto -como lo hacemos siempre para mantener la memoria de las injusticias y el terrorismo de Estado- reproducimos hoy un hallazgo, un documento sobre ese genocidio, hasta hoy nunca publicado. Es un artículo sobre este tema del gran teórico político Antonio Gramsci, muerto en las cárceles de Mussolini. Uno de los pensadores más lucidos del siglo pasado. Y más todavía, el artículo va con una presentación del escritor y periodista Emili Corbière, quien nos dejó para siempre no hace mucho y quien fue el que hizo este verdadero hallazgo. Leamos primero a su presentador, Emilio Corbière, y luego la fundametal opinión de Antonio Gramsci:

"Antonio Gramsci y la cuestión Armenia", por Emilio Corbière

Gramsci tenía 25 años cuando escribió su condena del genocidio armenio en el marco de una Europa conmovida por la guerra, pero ignorante de la terrible tragedia que vivían los armenios masacrados sin piedad por los turcos. Quien sería la mentalidad más esclarecida del marxismo occidental, político, pensador, periodista, organizador, demostró con su actitud franca ante el genocidio sus firmes convicciones humanistas.

" Bien pudo afirmar Benedetto Croce, en 1947, sobre el mártir antifascista Gramsci: 'Recomendaba años atrás a los jóvenes comunistas napolitanos, armados de un catecismo filosófico escrito por Stalin, levantar los ojos a las estatuas que hay en Nápoles de Tomás de Aquino, Giordano Bruno, Tommaso Campanella, Giambattita Vigo y otros grandes pensadores nuestros y dedicarse a llevar la teoría comunista, si podían, a aquella altura y empaparla a aquella tradición. Pero ahora les señalo no es una estatua de mármol sino un hombre conocido en persona por muchos de aquellos y cuyo recuerdo deberían mantener vivo por algo que el vacuo sonido de su nombre: Gramsci'.

“De esa altura moral fue Gramsci, a quien, con acierto, Croce comparó con el Aquinante, con Bruno –también mártir– y con Vico. Es importante recordar esta página inédita del político y filósofo de izquierda, por dos razones. La primera, para destacar su ferviente humanismo; la segunda, porque el genocidio armenio todavía es una llaga lacerante en la historia de la civilización de nuestro tiempo.

" Cuando la mayoría callaba, o era indiferente, el joven Gramsci condenó el genocidio y llamó la atención desde su modesta hoja socialista regional, llamando la atención sobre el drama que culminaría con más de un millón y medio de armenios asesinados.

“Pocas voces se habían levantado contra la agresión desde fines del siglo XIX. Los franceses Anatole France y Jean Jaurès habían hecho escuchar sus demandas aisladas. También en el campo socialdemócrata alemán lo hicieron el judeoalemán Eduard Bernstein y la revolucionaria polaca Rosa Luxemburgo. Sin embargo, se trató de testimonios personales, aislados, sin ninguna fuerza como para llegar a la conciencia de los gobiernos y las monarquías europeas. El Papa romano, los líderes religiosos, los príncipes, los gobiernos republicanos, todos callaron.

“Bernstein, en su escrito, denunció que la mano criminal había sido turca pero que había complicidades de grandes potencias, entre ellas, Gran Bretaña. El renacimiento cultural y sociopolítico de los armenios a finales y principios de siglo estaba acompañado por un fuerte contenido nacional y revolucionario. Aseguraba que muchas cancillerías y políticos imperialistas creyeron ver el fantasma de la revolución socialista que venían anunciando los intelectuales y militantes de esa concepción en el centro de Europa y en el Este eslavo, y que la misma se podría producir en Armenia. En 1915 el drama culminó con el genocidio, sobre el cual los armenios reclaman ahora justicia y verdad.

“El 11 de marzo de 1916, en el semanario socialista El Grito del Pueblo, Antonio Gramsci, descendiente de italianos y albaneses, hace un llamamiento a favor de los armenios. El periódico había aparecido dos años antes y en la misma época que escribió su nota sobre los armenios, publicó, muy joven, su célebre trabajo ‘Socialismo y cultura’. Gramsci había nacido el 22 de enero de 1891, en el seno de una humilde familia de Ales, Cagliari, isla de Cerdeña. Se afilió muy joven al Partido Socialista Italiano y sus primeros trabajos políticos los editó El Grito del Pueblo. Posteriormente dio vida al órgano de las Juventudes Socialistas, La Ciudad Futura, y pasó a encabezar la posición de izquierda del PSI. En 1919, desde las páginas de L’Ordine Nuovo defendió los consejos de fábrica durante el proceso revolucionario vivido en el Turín rojo. Al año siguiente, convertido en líder e ideólogo del movimiento consejista, publicó su tesis ‘Por una renovación del Partido Socialista’.

“En 1921 encabezó con Bordiga y Togliatti, después del Congreso de Livorno, el Partido Comunista Italiano, cuya secretaría pasó a ocupar.

“Político, diputado, publicista, permaneció preso en las cárceles de Mussolini desde 1926, cuando fue detenido a pesar de su inmunidad parlamentaria, hasta su muerte, ocurrida el 27 de abril de 1937. El fiscal fascista, en su alegato, había afirmado: ‘Tenemos que impedir durante veinte años que este cerebro funcione’.

“Pero, a pesar de su martirologio, el líder comunista logró trascender su encierro con su firme conciencia de intelectual y político revolucionario. De esa época datan sus Cuadernos de la cárcel, que desglosados en seis volúmenes reúnen sus estudios sobre: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Los intelectuales y la organización de la cultura, El resorgimento, Notas sobre Maquiavelo, la política y el Estado moderno, Literatura y vida nacional y Pasado y presente.

“La importancia de Gramsci en el siglo XXI, especialmente para el socialismo en los países del Tercer Mundo, y, en general, para el mundo occidental, cada día se reafirma más.”

Una página inédita

A continuación, en forma íntegra, el artículo juvenil de Gramsci sobre la cuestión armenia, publicado en El Grito del Pueblo, el 11 de marzo de 1916:

"Es siempre la misma historia. Para que un hecho nos interese, nos toque, es necesario que no se origine lejos de nosotros, que sea de persnas que conocemos, de personas que pertenezcan la círculo de nuestro espacio huma

"En Padre Goriot, Balzac hace formular a Rastignac la siguiente pregunta: ‘Si cada vez que comiese una naranja, muriera un chino, ¿desistiría usted de comer naranjas?’. Y Rastignac responde más o menos lo siguiente: ‘Las naranjas están cerca de mí, yo las conozco, los chinos están tan distantes que no sé si realmente existen’.

“Tal vez nunca llegaremos a dar la respuesta cínica de Rastignac. Entre tanto, cuando vimos que los turcos masacraban a millones de armenios, ¿sentimos el mismo dolor agudo que experimentamos cuando somos testigos del sufrimiento y la agonía, o cuando los alemanes invadieron Bélgica? Es una gran injusticia no ser reconocido. Eso significa quedar aislado, cerrarse en el propio dolor, sin posibilidad de contar con el apoyo de afuera o de la comparación. Para una nación significa la desintegración lenta, la anulación progresiva de los lazos internacionales. Significa ser abandonado, quedar indefenso frente a los que no tienen razón, pero sí tienen espada y dicen cumplir un deber religioso a través de la destrucción del infiel. Así, en sus momentos más dramáticos, Armenia solamente recibió unas pocas expresiones verbales de conmiseración y de repudio a sus ejecutores. ‘Las masacres armenias’ se tornaron proverbiales, pero fueron apenas palabras que sonaron huecas y fallaron en configurar las imágenes de hombres de carne y hueso. Hubiera sido posible obligar a Turquía –dependiente como era de todas las naciones europeas– a no atormentar a quienes tenían como único deseo ser dejados en paz.

“Nada fue hecho, o por lo menos nada que produjese resultados concretos. Apenas Vico Mantegazzo citó, ocasionalmente, a Armenia, en sus prolijas divulgaciones sobre política oriental. La Primera Guerra Mundial levantó, una vez más, la Cuestión Armenia, más sin mucha convicción. Cuando Erzerum cayó en poder de los rusos la retirada de los turcos de los territorios armenios recibió en nuestra prensa menor espacio que el dedicado al aterrizaje del Zeppelin en Francia.

“Los armenios que están desplegados por Europa debían habernos hablado sobre su país, su historia, su literatura. Lo mismo que aconteció en Persia, ocurrió con Armenia. ¿Quién sabe que los grandes árabes (Avicena, Averroes y otros) son en verdad persas? ¿Quién sabe que casi todas las cosas que pertenecen a la civilización árabe son en realidad persas? O aún más, ¿cuántos de vosotros tenéis conciencia de que todos los esfuerzos recientes para modernizar Turquía se deben a los judíos y a los armenios?

“Los armenios deberían haber hecho conocer Armenia. Deberían haberla traído a la vida y a las mentes de los que la ignoran, que nada saben a su respecto y que por eso no le tienen simpatía.

“Alguna cosa está siendo hecha en Turín. Una revista llamada Armenia está siendo publicada, y a través de diferentes colaboradores se habla sobre el pueblo armenio: quiénes son, qué quieren, en qué se pretenden transformar.

“En ese proyecto, debe ser incluida la publicación de varios libros que introduzcan más persuasivamente y con mayor fuerza a la historia, la cultura, la poesía y la lengua del pueblo armenio.”

Hasta allí Gramsci. Siempre un adelantado. Siempre con los que sufren. Los argentinos, en los organismos internacionales, debemos luchar para que Turquía reconozca su genocidio en todos sus detalles. Nosotros, que en nuestro territorio ocurrió el nefasto método de la “desaparición de personas”, uno de los peores crímenes masivos de la historia de la humanidad, la llamada “muerte argentina”, tenemos ese deber de conciencia.

Pagina 12

sábado, 10 de abril de 2010

De eso ya se habla - Osvaldo Bayer

Poco a poco, la ética se está adentrando en la interpetación de la historia. Hace unos días, en el propio salón de actos de la Legislatura de Buenos Aires, se realizó un encuentro en el cual se puso el acento en lo que nos pasó a los argentinos en el tratamiento de pueblos originarios que viven desde hace siglos en estas tierras. Sí, justo allí. En ese edificio, donde hace muy poco se echó la culpa de todos nuestros males a los "trapitos" y a los "limpiavidrios", se hizo un análisis histórico y se debatió con total amplitud cómo fueron traicionados los principios de Mayo en nuestra historia posterior, basada en el derecho del más fuerte, en el poder de los dueños de la tierra, en los polícos personalistas, en dictaduras militares cada vez más repetidas, y en el atroz proceder racista contra los pueblos originarios.

Se discurrió acerca de la docencia sobre la base de la Libertad y la Verdad, el respeto a los intereses mutuos, y cómo llegar a eso que repetimos al cantar el himno: “ved en trono a la noble igualdad”. Cómo concretar esas sabias palabras de Esteban Echeverría, escritas en 1837: “Asociación, progreso, libertad, igualdad, fraternidad, términos correlativos de la gran síntesis social y humanitaria, símbolos divinos del venturoso porvenir de los pueblos de la humanidad. La libertad no puede realizarse sino por medio de la igualdad, y la igualdad, sin el auxilio de la asociación o del concurso de las fuerzas individuales encaminadas a un objeto: el progreso continuo. El camino para llegar a la libertad es la igualdad. La Igualdad y la Libertad son los principios engendradores de la Democracia”.

¿Dónde quedó esa democracia un siglo después, con la serie de dictaduras militares que llegaron a su más alto índice de abyección con el sistema de la desaparición de personas y el robo de los niños a sus madres? Es increíble. Del pensamiento de Mayo a la picana eléctrica de Uriburu-Lugones

Lo que nos caracteriza a los argentinos de lo que hicimos con el Pensamiento de Mayo de un Mariano Moreno, un Belgrano o un Castelli, lo tenemos allí: en la Diagonal Sur. A esos pensamientos libertarios, tan libertarios que emocionan, los convertimos en el bronce para hacer la estatua del genocida Roca. Justo un producto de aquella Década Infame que comenzó Uriburu en el ’30 y prosiguieron los políticos de la hipocresía desmandada: el Fraude Patriótico. Y desde ese momento, Roca, el genocida, nos ha marcado el ritmo a los argentinos: no el “ved en trono a la noble igualdad en Libertad”, sino el latifundio, los niños con hambre y las villas miseria.

Sí, fue en el salón de la Legislatura donde –no por supuesto por parte de los legisladores, claro está (aunque algunos de ellos estuvieron en las primeras filas del público dando su solidaridad con los estudios históricos que allí se debatieron)– se realizó esa fiesta de la libertad de ideas y de opiniones. Comenzó con un prólogo de música de la tierra, con esa música profunda, sencilla, como ecos de trinos de mil aves distintas. Y se leyeron poesías acerca de la tierra y su gente escritas por monseñor Angelelli, aquel obispo mártir, asesinado por los uniformados de turno. Ese obispo, además de luchador inclaudicable de los derechos de la gente de la tierra, los describía en idioma poético. Poesías para recitar al compás de guitarras gauchas, para enseñar en nuestras aulas. Angelelli, cuyo cuerpo quedó tirado en la ruta sólo porque quería la dignidad para toda su gente, la gente humilde, de andar pausado que sabe acariciar a la naturaleza.

Decíamos que hay como un renacer de esa temática en las nuevas generaciones. Por ejemplo, lo notamos en las creaciones cinematográficas. Acaba de editarse Octubre pilagá, un documental de Valeria Mapelman. Es el relato de la investigación sobre la masacre cometida en 1947, en el norte argentino, con los pilagás, un pueblo ancestral de aquellas regiones. Cientos de pilagás fueron asesinados en la forma más brutal por la Gendarmería Nacional. Fue en el segundo año del gobierno de Perón. Jamás se ordenó una investigación del hecho. Hay todavía testigos sobrevivientes de la matanza. Con sus rostros se ocupan las cámaras. Tienen la sabiduría del tiempo y hablan pausadamente, sin levantar la voz. Relatan cómo se los encerró en un lugar conocido como La Bomba y se los baleó impunemente. Los ojos tristes, la voz pausada. Detalle por detalle. La sabiduría que va dejando la vejez y la vida humilde. No hablan de venganza, sí de lo injusto. De la incomprensión. Rostros formados con tierra generosa. Nos llevan al lugar. Sí, allí cayeron hombres, mujeres, niños. Desarmados. A tiro limpio les quitaron la vida, sin poder defenderse. Algunos hablan mientras realizan, lentamente, sus tareas. Sí, allí fue, allí están enterrados. Jamás se nos dio una explicación... nada. Los rostros de los niños, que nos miran.

Pilagás. Agua. Tierra. Manos que trabajan en silencio. El eterno canto de los pájaros, sus llamados, sus colores. Y de pronto, la muerte.

De eso no se habla.

Me vienen a la memoria esas palabras inspiradas en el pensamiento de San Martín, de septiembre de 1822, en que el Congreso Constituyente del Perú se expresó así sobre los pueblos originarios: “Nobles hijos del Sol, amados hermanos, a vosotros virtuosos indios os dirigimos la palabra y no nos asombre que os llamamos hermanos, lo somos de verdad...”.

Otro film documental que acaba de ver la luz es Por el camino del malón de la paz, realizado por Diego Romero y Soledad Berttendorff. Es la historia –investigada por el historiador Marcelo Valko– de 176 coyas que caminaron 2000 kilómetros desde Abra Pampa, en Jujuy, a Buenos Aires, a reclamar justicia por el abuso y la explotación en los ingenios, realizado por los terratenientes, y exigir que se les devuelvan las tierras comunitarias de las que habían sido expulsados, en las que habían habitado durante generaciones. Expulsados por los mismos dueños de todo. Cuando llegan a Buenos Aires, Perón los recibe y tres de los indígenas suben al balcón de la Casa Rosada frente a una multitud. Pero luego fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes –sarcástica ironía–, expulsados y llevados en un tren de carga nuevamente de regreso a Abra Pampa. Luego de 53 años del vergonzoso episodio, quedan todavía cuatro “maloneros” con vida. Y ahí está el relato, más todos los documentos de época.

Se nota en los rostros la injusticia sufrida, que no se ha disipado durante tantos años. Ellos, los hijos de la tierra, vejados por los dueños de esa tierra. Un documental para ver en los institutos de enseñanza y en todos los lugares, para el debate. Los peronistas deben todavía a la ciudadanía una autocrítica por estos dos hechos. Lo mismo que por la masacre de Ezeiza y por las Tres A del “ministro” López Rega. También los radicales deben a nuestra sociedad la autocrítica por las masacres obreras de la Semana Trágica, de 1919, por la represión de las huelgas de peones de las estancias patagónicas, de 1921-22 y por la de los hacheros de La Forestal, del mismo año. Y también los socialistas nos deben una profunda crítica por su apoyo a dictaduras militares, como el caso de Alfredo L. Palacios, que fue embajador en el Uruguay de la dictadura del general Aramburu, y Américo Ghioldi, embajador en Portugal de la dictadura militar de la desaparición de personas.

Esas autocríticas benefician a la democracia. Por algo ha sido que nuestro país tuvo tantas dictaduras militares que interrumpieron gobiernos elegidos por el pueblo. Por los momentos débiles de nuestras democracias.

La misma autocrítica tiene que hacerse nuestra sociedad, mediante la convocatoria de congresos de historiadores, que juzguen nuestro pasado de acuerdo con las normas de la ética, del respeto a la vida y de los derechos de todos. Y así acabar con monumentos y nombre de ciudades de personajes que se basaron en el crimen y en el poder económico.

Pero no nos conformemos con el pasado-actual sino que también vayamos a los problemas del hoy argentino.

Me da mucha pena cuando se persigue a la juventud con encarnizamiento. Relato el episodio: el 19 de mayo del año pasado hubo una protesta de grupos políticos argentinos, en el acto de conmemoración de la fundación del Estado de Israel, por la política de este Estado en cuanto a los palestinos. Ante los gritos y los coros de esos grupos intervinieron la custodia propia israelí y la policía local. Fueron detenidos varios de los participantes de la protesta y se hicieron allanamientos no autorizados. De todas esas intervenciones se solicitó además la captura de Roberto Martino. Debemos decir que Roberto Martino, a quien todos llamamos el Negro, no tiene antecedentes penales y siempre vivió en el mismo lugar declarado. Es decir, se ha llegado a una criminalización de la protesta que es exagerada dentro de las libertades que se debe dar en una democracia. El Negro Martino no hizo ni ostentación de armas ni participó de agresiones. Diversos intelectuales, entre ellos el premio Nobel de la Paz Pérez Esquivel, y la misma organización Apemia, que se organizó para el esclarecimiento de la masacre impune de la AMIA, se han pronunciado a favor del cese de la persecución de Roberto Martino.

Una democracia debe dar libertades a la protesta política, es un derecho de todo ciudadano; claro está, siempre que no se llegue a la agresión ni al deterioro de objetos, como es el caso de aquella protesta en la que estuvo presente Roberto Martino.

La democracia no tiene que temer a la palabra aunque venga en coro de protesta, especialmente de jóvenes que desean ser protagonistas de la vida política de un país.

Esperamos, pues, los amigos del Negro Martino, que de una vez por todas se levante su persecución, así él puede volver a sus estudios y trabajo. Es un pedido también a los miembros de la embajada israelí: un pueblo como el de Israel, que ha sufrido en su larga vida tantas discriminaciones y persecuciones, debería aportar aquí su mano abierta a quien sólo expresó su opinión en un acto público.

La democracia también se funda con generosidad, que en este caso sería verdadera justicia.

sábado, 27 de marzo de 2010

Del horror a la memoria - Osvaldo Bayer

Regreso a las tierras que a uno lo vieron nacer. De allí al primer acto de nuestra realidad: en la ESMA, presentación del libro Historia del Terrorismo de Estado en la Argentina. La inesperada fantasía de la realidad. La historia de toda la crueldad presentada en el antro de la máxima y cobarde ignominia de nuestra historia. Que cometieron las denominadas Fuerzas Armadas. En este caso la marina de guerra, de uniforme azul, camisa blanca y manchas de sangre que nunca podrán borrar. Massera, Astiz y algunos apodados “tigres”, sí, tigres que atacaron a Madres que llevaban como única arma pañuelos blancos en sus cabezas. La ESMA, un antro de perversión absoluta, donde se pisoteó la nobleza humana en todas sus ideas y generosidades. Antes de preguntar “¿Qué nos pasó a los argentinos desde aquellos generosos llamados del 25 de Mayo de 1810?”, me paseo por esos patios. Auschwitz, ESMA. Pienso en esas tres primeras Madres: Azucena, Mary y Esther, tiradas en el suelo durante el invierno, en un calabozo para una sola persona, sin mantas para cubrirse. Y, después, llevadas a un avión de la “gloriosa” marina de guerra argentina y arrojadas con vida al mar. La máxima hazaña de nuestros marinos en su historia contemporánea.

La ESMA. Ahora un ámbito para la cultura, el debate de las ideas, el recuerdo de las acciones a fin de lograr el “Nunca Más” para nuestros hijos, nietos y todas las generaciones que habiten en una tierra que sea sede de la paz eterna y el respeto por la vida.

La lucha de las Madres ha convertido a la ESMA de la más siniestra mazmorra de nuestra historia en una casa del saber y la esperanza. Camino por sus patios. Me encuentro con el Walsh aquel de los fraternos abrazos. Pienso: aquí respiró su último aire de vida. Mataron la mente más clara, la mano más generosa. La esperanza con seis alas. Astiz (en ese nombre está todo dicho. No falta agregar nada a la infamia. Sólo basta pronunciarlo para darnos cuenta y poder definir lo que es la suciedad, lo sucio, la basura).

Dialogo en silencio con Rodolfo frente al casino de oficiales, el lugar maldito de los prisioneros. Me dice que está preparando un coro de ángeles que vendrán a la tierra criolla a devolverles las tierras comunitarias a los pueblos originarios. Le quiero advertir de los peligros, que modere un poco su idealismo, pero no me escucha y me dice que luego bajará con otro coro de ángeles negros que harán la reforma agraria en las pampas que Roca manchó de sangre para siempre... Me quedo mudo, lo veo alejarse, y desde lejos me convence: “Vendrán con música, danza y tambores”, me dice. Espantados pasan en ese instante unos fantasmas con rostros asesinos y uniforme. Oigo que uno dice: “El tipo ése todavía no aprendió nada”.

Me convenció, Rodolfo, sigue siendo el mismo, me digo. Pienso en aquellos que marcaron rumbos y cuyo recuerdo queda para siempre. Y en los destructores, los que quedan en el sótano del Mal, del egoísmo, los torturadores de la sonrisa.

El exilio. Me toca en Córdoba presentar el libro de Norberto Negro La vuelta al mundo en varias vidas. Los nietos de los inmigrantes vuelven a la tierra de los antepasados como exiliados. La melancolía. El comenzar todo de nuevo. O no. El resignar. O no.

Después aprovecho para recorrer las calles que caminó Tosco en el Cordobazo. Puro coraje civil. El honesto por excelencia que quería terminar con el juego de la politiquería y de la humillación. Agustín Tosco. Córdoba tiene para siempre a su Héroe del Pueblo. A su Hijo del Pueblo, como llamaban los libertarios a quienes daban todo por la solidaridad.

Sigo por las calles cordobesas. Me sale al encuentro un grupo de obreros de Fiat-Iveco. Están muy tristes y con bronca. Me relatan el caso del delegado Hernán Puddu. Me dan detalles: La empresa Iveco despidió el año pasado a la totalidad del personal “contratado”, alrededor de 350 obreros. El delegado Puddu consideró que los obreros “contratados” tienen el mismo derecho que los obreros “efectivos”. Comenzó entonces la lucha por la fuente de trabajo. Los despedidos fueron acompañados en las manifestaciones por sus mujeres, que jugaron un papel protagónico. La empresa reaccionó y suspendió a Puddu. La Justicia cordobesa falló a favor del delegado, pero la empresa no lo aceptó. Y no le permitió llevar a cabo sus tareas gremiales. Y aquí ocurre lo increíble. El sindicato no lo defiende a Puddu, lo deja solo. Realidades sindicales argentinas. “Internas”, que le llaman. Y luego, lo impensado: en un congreso de San Luis, el sindicato Smata expulsa a Puddu. Se basan en que Puddu no había firmado la aceptación de los despidos de los “contratados”, pero el sindicato, sí. Se habla de “relaciones carnales” entre el sindicato y la empresa. El secretario general de Smata Córdoba, Omar Dragún, acusa a Puddu de “volver a instalar el caos en la Argentina” y además de estar “vinculado con los derechos humanos”. Los obreros que me hablan me dicen que muchos de los “señores dirigentes sindicales” hoy viven en countries.

Creo vivir una fantasía de la realidad. Que en Córdoba, la ciudad de Agustín Tosco, la ciudad del Cordobazo, ocurran estas cosas, no, no, y murmuro una vez más: “Pero ¿qué nos pasa a los argentinos?” (por otra parte, como detalle imperdible, la empresa apoya al campeonato mundial de fútbol, tal cual se hizo en la dictadura del ’78. Un detalle, apenas, pero para bajar la cabeza).

El delegado Puddu ha recurrido al Inadi (Instituto Nacional contra la Discriminación) y a la Justicia. Mientras tanto, Puddu es apoyado por organizaciones de derechos humanos y también por bibliotecas populares.

Nuevamente pienso: del Cordobazo, del gremio Sitrac-Sitram, a esto. Sí, fantasías de nuestra realidad. Pero realidad al fin. Nos ponemos tristes. La ética también tiene que ser respetada por el sindicalismo entronizado. Debe defender que hombres dignos como Puddu sean protagonistas en la vida gremial. Sólo así se logrará dignidad y no con los enjuagues y las jugarretas seudojudiciales destinadas a mantener las distancias en la sociedad.

Vuelvo a Buenos Aires y me toca ser uno de los oradores que va a defender el proyecto del intelectual argentino Marcelo Fabián Monges –que vive en México– acerca de una propuesta para penalizar el golpe de Estado como delito jurídico internacional y de una convención contra los golpes de Estado. Aquí se ha tenido como ejemplo el golpe de Estado en Honduras donde la OEA y la ONU condenaron ese golpe en una actitud sin precedentes. Y también que, tanto a los golpistas como a sus colaboradores se los detenga cuando salen al exterior y se les haga juicio por delito de lesa humanidad. Nunca más dar refugio a los autores de asesinatos políticos, prisiones por ideología, torturas, crímenes, desapariciones, todo eso engendrado en los golpes militares –casi siempre impulsados por los poderes económicos– que han llevado la tragedia a naciones que convivían en paz y democracia.

De llevarse a la realidad este proyecto de Monges las democracias adquirirían más seguridad en sus instituciones. Sería un primer paso. El ejemplo argentino es clásico. Las Fuerzas Armadas han arrasado el poder democrático catorce veces en su historia terminando con los derechos de todos sus habitantes. La última vez culminó con uno de los métodos criminales más sádicos de la historia de la humanidad. Claro está que golpe es todo aquello que se hace desde el poder militar o desde el poder económico y no las reacciones populares en pos de más justicia social. Aquellos golpes trajeron no sólo la muerte, cárcel o exilio para los que resistieron sino que también sirvieron para cancelar los derechos de reunión, de asociación, de información, de libre expresión y la quema de libros. Por supuesto que esto no quiere decir que el habitante de un país gobernado por una dictadura renuncie a la resistencia esperando la reacción del exterior. No, este proyecto les da más fuerza a todos aquellos que no aceptan órdenes dictatoriales.

Un proyecto que debería debatirse en todas las universidades del país, en los centros culturales y barriales, en organizaciones sindicales y, principalmente, en los partidos políticos, los cuales deberían designar a un responsable para que lo lleve adelante.

Se abre una esperanza para el coro de ángeles que nos prepara Rodolfo.
Página12

sábado, 2 de enero de 2010

Antes que seguridad y bienestar, Dignidad y Etica.

Seguridad y bienestar

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

Sí, estamos en un nuevo año. Lo habitual es que hablemos con optimismo, nos auguremos buenos tiempos y felicidades, en vez de revisar el año vivido y cavilar una vez más qué es lo que le pasa al mundo, que al parecer no aprende nada. O mejor dicho, los seres humanos no aprendemos nada. No, no es echar sombras sobre el futuro sino mirar hacia atrás para tratar de aprender algo, si somos capaces. O es que con sonrisas vamos a disimular lo que nos deparó el 2009: más pobreza en el mundo, más violencia, más represión, más abuso de la naturaleza.

¿Por qué en vez de saludar el nuevo año a cohetazo limpio no se hacen asambleas en todos los barrios para comenzar la discusión de cómo resolver los problemas comunales? Por ejemplo. ¿O en vez de ponernos a rezar no comenzamos a discutir en los templos cómo organizarnos para terminar con las villas miseria o los niños desnutridos? ¿O en vez de esa noche mirar por TV el baile del caño, no exigir que esa noche la pantalla discuta los grandes problemas de la humanidad, como la ley del aborto, por ejemplo?

Claro, pedir algo así, de pronto, mueve a sonrisas comprensivas pero, en el fondo, burlonas. Pero igual mi primer artículo del 2010 lo voy a dedicar a los dos últimos hechos que me llenaron de ira. Sí, de ira, de rabia, de desolación, de impotencia. Dos hechos, uno ocurrido en Afganistán pero del que son culpables los alemanes, país al cual conozco como si aquí hubiera nacido, y el otro, en la Argentina, la querida tierra tan humillada por los propios argentinos.

Kundus. Una tragedia. En Afganistán. Una tragedia de la que fueron culpables los militares alemanes. Les llegó la información de que talibán se habían robado dos camiones-tanque de combustible. Que esos camiones se hallaban detenidos en Kundus, rodeados de gente. Y entonces resolvieron bombardear el lugar. Como se puede leer en la orden escrita del coronel Georg Klein, se dispone “por medio de la fuerza aérea exterminar a los subversivos” (textual).

Exterminar, nada menos. Fueron los aviones y bombardearon el lugar con toda precisión. Resultado: 140 muertos, la mayor parte mujeres y niños. Los norteamericanos se lavaron las manos, por supuesto: “fueron los alemanes”, dijeron. Y comenzó la investigación. Resultado: no se sabe si los que robaron los dos camiones-tanque eran talibán o no. Luego se supo que llevaron esos camiones para repartir el combustible de los tanques entre la población civil, que concurrió al lugar para recibir esa ayuda. La pagaron con su muerte. Fueron “exterminados”. Cuando la noticia se supo en todo el mundo, el ministro alemán de Defensa trató de restarle importancia. Y los generales, también. Pero el hecho no se pudo tapar, llegó al Parlamento alemán. Y ahí se desató toda la polémica. Que en el fondo es preguntarse: ¿qué hacen tropas alemanas en Afganistán? ¿Es otra cosa que ayudar a la intervención de Estados Unidos? Porque Alemania no tiene absolutamente nada que ver con la situación interna de ese país asiático. Por supuesto tampoco Estados Unidos, pero esto ya es una “costumbre”: Palestina, Irak, Afganistán, para no mencionar Latinoamérica. Diversos sectores de Alemania iniciaron una profunda protesta. Ningún soldado alemán tiene que levantar sus armas contra ninguna población civil fue la base de esa protesta. El nuevo ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, no tuvo otra salida que pedirle la renuncia al comandante de la fuerza enviada y suspender al coronel Klein. Y el gobierno alemán anunció que se les pagará indemnización a las familias de las víctimas. Sí, está bien, pero con eso no se recuperan las vidas. Niños. Niños murieron bajo las bombas y las metrallas de europeos que nada tienen que hacer en esas tierras. La indignación popular fue muy grande. Pero los muertos, muertos están.

Tal vez el título periodístico que llegó más hondo fue: “Guernica, Lidice, Kundus”. Tres poblaciones destruidas en la historia por los militares alemanes. Guernica, bombardeada por la Luftwaffe de Hitler en la Guerra Civil Española, para favorecer al fascista Franco. Esa población vasca fue devastada totalmente bajo las bombas nazis el 26 de abril de 1937. Y fuego rasante de ametralladoras. Cuarenta toneladas de bombas. Picasso hizo inmortal ese crimen en su cuadro inigualable: Guernica. Sus imágenes lo dicen todo. Un cuadro que es el mejor testimonio para denunciar la vaciedad, lo estólido de la sinrazón militar. Un cuadro que tendría que estar en todos los colegios militares y cuarteles para enseñarles hasta qué punto de la insensatez y la vaciedad lleva la filosofía de las armas. Guernica, 1654 muertes: madres corriendo con sus hijos. Pero... Picasso.

Luego de Guernica, Lídice; la aldea de la Bohemia, cercana a Praga. En 1942 cae muerto Heydrich, el SS, el fanático jefe racista nazi que dictaba la pena de muerte guiñando el ojo. Un valiente le salió al paso y lo mandó al infierno. En Lídice. Y vendrá la venganza de los ocupantes nazis, con Himmler a la cabeza: todos los hombres mayores de 15 años fueron fusilados. Las mujeres fueron enviadas todas al campo de concentración de Ravensbrück, a las madres se les quitaron los hijos, los que fueron “repartidos”, como hicieron los militares argentinos del ’76 al ’83, los “desaparecedores”, buenos alumnos, los mejores, de aquellos pérfidos uniformados en el racismo y el “orden”.

En Guernica existe hoy el Centro de la Paz, donde trabajan estudiantes alemanes que se niegan a hacer el servicio militar y deben realizar entonces un “servicio civil” y para ello eligen el lugar español, donde sus antepasados cometieron uno de los peores crímenes de la humanidad.

La masacre de Kundus, en Afganistán, se ha tratado de solucionar, como decimos, con el dinero indemnizatorio a las familias de las víctimas y con el retiro de los militares culpables. Y la señora Angela Merkel, primera ministra alemana, en su mensaje de primero de año, ayer, ha querido tapar todo diciendo: “Pienso en la tarea de nuestros soldados, policías y civiles de reconstrucción en Afganistán, que sigue siendo muy importante para nosotros: crear seguridad y estabilidad en Afganistán de manera que de allí no provenga peligro para nuestra seguridad y nuestro bienestar. Esa es su misión”.

Seguridad. Bienestar. Uno se pregunta: ¿pero es que el mundo siempre pensó así? ¿Sólo en Seguridad y Bienestar? ¿No en respeto a la vida? La señora Merkel es la principal representante del Partido Demócrata Cristiano. Demócrata y cristiana. Se tiran bombas en Afganistán por el bienestar y la seguridad. Pensar que Alemania tuvo filósofos como Kant, pensadores y poetas como Goethe y Schiller, mártires del pueblo como el místico Thomas Müntzer, el revolucionario de la huelga de campesinos. Y hoy se trata de pensar en el bienestar y la seguridad. ¿Es el sistema económico que nos hace pensar así? ¿Seguridad y bienestar en vez de paz y justicia para todos?

Pero quedémonos con esa pregunta y vayamos a la Argentina. La tierra tan querida. Me invade una gran tristeza y un indescriptible disgusto cuando me llega la noticia de pocos días antes de Navidad, los argentinos –cristianos y occidentales– continuaron una vez más con la agresión de los pueblos originarios en las tierras donde viven desde hace siglos. Esto ocurrió el 21 de diciembre en La Angostura, cuando un grupo de integrantes de la comunidad Paichil Antreao fue agredido por el terrateniente estadounidense William Henry Fischer, quien iba acompañado por policías de Villa La Angostura y grupos especiales de represión. Tres de los mapuches fueron brutalmente golpeados, baleados, detenidos e incomunicados. Y denunciaron que les “plantaron” armas, para poder así procesarlos. Sí, la misma policía neuquina que fue autora de la muerte del maestro Fuentealba. Todo esto vino después de la destrucción de las viviendas de la comunidad. Es impresionante ver –se dieron en Europa– los videos de cómo la policía, con sierras y martillos, destruye las casas de madera de los pueblos originarios. En vez de atender a esas familias, se las persigue de la peor manera. Uno se pregunta: ¿qué gobernantes son esos que permiten o mandan a ejecutar tales atentados contra la dignidad de los pueblos? Esto tiene que pasar a ser un tema nacional. No puede ser que, en el caso que relatamos, se permita a un acaudalado empresario norteamericano “limpiar” –como dicen ellos– las tierras donde habitan desde hace miles de años los pueblos originarios de estas latitudes. Para qué tenemos jueces, diputados, senadores y gobernadores sino para defender la vida y la dignidad de sus habitantes y no los intereses de los que tienen el bolsillo gordo y compran todo, hasta la última dignidad de los pueblos. Se nota también que en la Argentina nos domina el código de la “seguridad y el bienestar” y no la defensa de la vida y la naturaleza.

sábado, 7 de noviembre de 2009

El bondadoso ajusticiador Osvaldo Bayer

El próximo lunes 9 se cumplirán cien años de un suceso que conmocionó a Buenos Aires. Un joven ruso, de 18 años, había hecho volar por el aire con una bomba nada menos que al todopoderoso jefe de policía de Buenos Aires, coronel Ramón L. Falcón. El ejecutor era un anarquista llamado Simón Radowitzky y con su acción quiso vengar a sus compañeros asesinados el 1º de mayo de ese 1909, en la represión encabezada por el militar contra la manifestación de los obreros que recordaban las figuras de los cinco anarquistas condenados a muerte por la Justicia de Estados Unidos, por su lucha a favor de las ocho horas de trabajo. Un muchacho recién salido de la adolescencia, nacido en Rusia, y “además judío”, como señalaban las crónicas de nuestros diarios, se atrevía contra quien aparecía como el hombre de más poder en todo el país.

El coronel Falcón había sido el mejor oficial del general Roca en el exterminio de los pueblos originarios en la denominada Campaña del Desierto. Además, había llegado a la fama en aquella Argentina conservadora como el represor de las huelgas de conventillos, llevadas a cabo por las mujeres inmigrantes que se negaban a pagar los aumentos constantes del alquiler por parte de los propietarios. El coronel Falcón demostró su hombría de bien y su título de coronel entrando a palo limpio en esos palomares de la miseria y del hacinamiento que eran los miserables domicilios de 140 habitantes por conventillo, que poseían un solo excusado como se llamaba a los retretes de aquel tiempo. Ya como Roca lo había llevado a cabo el 1º de mayo de 1904, Falcón imitó a su jefe ese Día del Trabajador y atacó a los setenta mil obreros que llenaban la Plaza Lorea. Las crónicas dirán luego que quedaron “36 charcos de sangre”. Fue un ataque feroz de total cobardía porque, sin aviso previo, el militar ordenó a la fusilería de la policía abrir fuego contra las columnas obreras. Pero los anarquistas no eran hombres de arrugar y guardar silencio. Desde ese momento dijeron que el tirano iba a pagar con su vida tamaña cobardía. Y fue así como ese joven ruso, Simón, se ofreció a no dejar impune el crimen del poder. Le arrojó la bomba a la salida de un acto en el cementerio de la Recoleta y tanto el coronel como su secretario fallecieron por efectos del explosivo. Cómo lloraron los diarios al dar la noticia, en especial La Nación. Había sido muerto uno de los pilares del sistema.

La historia continuará con el destino de Simón. Lo apresarán. Le iniciarán juicio y lo condenarán a muerte, aunque él siempre sostuvo que era menor de edad. Para esos menores de edad y para las mujeres no había pena de muerte. Lo demostrará con una partida de nacimiento llegada de Rusia y será condenado a prisión perpetua. Como no tuvo éxito una huida preparada por sus compañeros anarquistas fue trasladado a Ushuaia, la Siberia argentina, donde todo preso iba indefectiblemente a morir. Más todavía, que cuando llegaba el aniversario de su atentado contra Falcón, se lo condenaba a estar una semana en un calabozo al aire libre, sin calefacción. Pero el “ruso” Simón se fue convirtiendo en el alma del presidio. El siempre daba un paso al frente en la protesta cuando a algún otro preso se lo castigaba o se cometían injusticias en el trato general. Fue durante toda su estada el verdadero “delegado” defensor de esos presos comunes. Y políticos. Por eso mismo se lo sometía a un tratamiento de terror. Pero el “ángel de Ushuaia”, como se lo llamaba, no daba su brazo a torcer sin temor a las represalias de los guardiacárceles. Los que lean La casa de los muertos o El sepulcro de los vivos, del gran escritor Fedor Dostoievsky, que describe las cárceles de Siberia, y sufren con los padecimientos de los condenados, no sospechan que en territorio argentino existió un lugar exactamente igual construido por Roca, de donde son muy pocos los que salieron con vida o retornaron a la sociedad con sus facultades mentales normales.

Los anarquistas de todo el país siempre lo recordaron a Simón y lucharon en grandes jornadas de manifestaciones por su libertad. E intentaron un operativo como sólo los anarquistas sabían prepararlos. Lograron liberarlo y embarcarlo en un pequeño velero rumbo a Chile pero, cerca de Punta Arenas, guardias chilenos lo sorprenden y lo entregan nuevamente a las autoridades argentinas. La venganza será tremenda: Simón será encerrado durante más de dos años en una celda, aislado, sin ver la luz del sol y sólo a media ración. Pero en los círculos obreros y políticos, Simón gana cada vez más popularidad. Las calles de Buenos Aires y de otras ciudades tendrán pintadas con “Libertad a Simón” y su retrato aparece en las ediciones de todas las publicaciones libertarias.

Mientras tanto, le envían dinero que se recauda en las fábricas. Pero Simón no lo aprovecha para su persona sino que lo reparte entre los enfermos del penal y la compra de libros para la escasa biblioteca de la cárcel. Los pedidos de indulto para el preso le llueven al presidente Yrigoyen, quien finalmente se lo otorgará en el 13 de abril de 1930. Simón había padecido veintiún años de prisión. Pero la reacción de los militares y de la prensa es muy grande contra la decisión del primer mandatario. De manera que el preso es traído por un barco de la marina de guerra hasta el Río de la Plata. Allí es obligado a trasladarse al buque de la carrera que une a Buenos Aires con Montevideo y de esa manera es expulsado del país hacia Uruguay.

Allí, en la otra orilla, es recibido por manifestaciones obreras que le dan lugar en sus sedes y lo saludan como al mejor compañero. Al quedar libre, Simón recuerda a sus compañeros presos en Ushuaia y dirá: “La separación de mis compañeros de infortunio fue muy dolorosa”. Comenzará a trabajar días después como mecánico y más tarde se prestará a ser mensajero entre los anarquistas del Uruguay y de Brasil. Hasta que se acaba la democracia en la Banda Oriental y comienza la dictadura de Terra, quien ordena su detención. El anarquista es confinado en la isla de Flores. Allí las condiciones son pésimas. Debe dormir en un sótano. Permanecerá más de tres años en esas condiciones hasta que sus compañeros de ideas logran su libertad. Pero al llegar a Montevideo es apresado nuevamente y llevado a la cárcel. Hasta que, liberado de nuevo, decide marchar a España donde ha estallado la guerra civil con el levantamiento de los militares de Franco contra la República. Allá Simón formará parte de los grupos que lucharán contra los militares alzados. Pero no usará armas, oficiará de transportador de alimentos para las tropas del frente, principalmente para los soldados que están en trincheras. Hasta que llega la derrota del pueblo y Simón será uno de los tantos que marchará a Francia a refugiarse y de allí podrá embarcarse hacia México.

En México pedirá trabajar en una fábrica de juguetes para niños. Así transcurrirán los últimos dieciséis años de su vida entre el trabajo y las charlas y conferencias que daba a sus compañeros de ideas. Siempre sostuvo, hasta el fin, que la gran revolución humana sólo la podía hacer el socialismo libertario, hasta lograr la paz eterna y la igualdad entre los pueblos.

En la Argentina, los dueños del poder siempre trataron de ignorar esta figura que parecía salida de una novela de Dostoievsky. El que había alzado la mano para eliminar a un tirano y que en su vida posterior se comportó como un ser de bondad extrema y de espíritu de solidaridad con los que sufren. En la década del sesenta publiqué un estudio sobre este ser humano que titulé: “Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?”, en la revista Todo es Historia, que dirigía Félix Luna, fallecido hace unas horas. Siempre le agradeceré a Falucho Luna ese gesto, de permitirme publicar en sus páginas investigaciones sobre los héroes libertarios que actuaron en nuestro país en las primeras décadas del siglo pasado.

sábado, 4 de julio de 2009

Mi sueño es la unión de la izquierda - Osvaldo Bayer

Buenos Aires, sábado 4 de julio de 2009

-Desde hace varios años usted viaja permanentemente, es una suerte de conferencista itinerante, ¿disfruta de esas actividades?

--- Sí, las invitaciones que me llegan de todo el país. No puedo negarme, a pesar de que esa actividad me quita tiempo para escribir, y más cuando son pueblos pequeños, bibliotecas populares, colegios, secundarios, y aunque parezca mentira, escuelas primarias, universidades, villas, gente muy humilde. Si me invitan es porque leyeron algo de mi obra y les interesa. ¿Cómo no voy a ir?

-De todas sus polémicas, con Alvaro Abós, Ernesto Sabato, Mempo Giardinelli, Günter Lorenz, Rodolfo Terragno o Roberto Baschetti, ¿cuál es la que le dejó mayor satisfacción?

--- Todas fueron importantes para mí. Pero la que más me gustó fue la que mantuve, en 1979, con Günter Lorenz, presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos de Stuttgart, organismo oficial del gobierno alemán. Me invitaron porque se hizo una reunión de intelectuales latinoamericanos y me sorprendió porque había que presentar la ponencia dos meses antes. La envié y una semana después me comunicaron en rudas palabras que estaba «desinvitado», porque hacía críticas al gobierno alemán. Yo seguí enviándole respuestas a esa «desinvitación», y este hombre me respondía a través de cartas. Pero lo hermoso fue que el día que se inauguró ese Congreso de intelectuales, el diario Frankfurter Rundschau publicó entera mi ponencia, dos páginas. Fue un triunfo absoluto porque el texto lo leyó muchísima gente más que si hubiera dado la ponencia en el Congreso. La derrota de este hombre fue total, y hasta lo hicieron renunciar. Yo también hablaba de cosas positivas de Alemania, pero no podía dejar pasar la venta de armas a la dictadura, por ejemplo. Pero cada vez que defendés una causa justa o hacés una denuncia fuerte, tenés problemas, es así en todos lados.

-En una época usted dedicaba bastante empeño a polemizar con Ernesto Sábato. ¿Cómo está esa relación?

--- Él no me contestó más y se acabó. Está muy viejo y ya no puede defenderse. Por eso no lo ataco más.

-–¿Qué otras facetas, no tan conocidas, constituyen a Osvaldo Bayer?¿Quién es además del historiador, del cronista con opinión, del defensor de los perseguidos y rebeldes?

--- Me gustan mucho las plantas, desgraciadamente no tengo tierra para cultivarlas, si no me pasaría sembrando diversos verdes, flores y árboles. Nuestros ancestros eran campesinos, acá tenemos un patiecito que está todo verde, y salieron plantas maravillosas, altísimas. Claro, esto siempre que uno las acaricie, les hable y les de agua. Noto que esto tiene su gran valor. Cuando vuelvo de mis viajes de Alemania reviven apenas las acaricio y les digo algo: que hay que tener confianza, seguir creciendo, adornando a la vida, ayudando a la naturaleza como lo hacen los vegetales, les doy palabras de elogio y de aliento, sobre todo cuando son chiquititas.

–¿Qué opina acerca de lo que generó política y mediáticamente la muerte de Raúl Alfonsín, meses atrás?

--- Tuve algunos recuerdos: el primero fue esa represión feroz e innecesaria en La Tablada. Alfonsín se había negado a reprimir a Aldo Rico, nos dijo «la casa está en orden» y, cuando ocurrió lo de La Tablada, pese a que el jefe de Policía expresó que lo resolvía con lanzagases y medidas menores, él envió al general Arrillaga, quien había sido represor en Mar del Plata, responsable de la Noche de las Corbatas, durante la que desaparecieron varios abogados militantes de derechos humanos. Ese general vive acá a cuatro cuadras, con los pibes de Hijos y otras organizaciones le hicimos un escrache, y yo fui quien dijo el discurso frente a la casa de ese hijo de puta.

–Al morir Alfonsín muchos lo reivindicaron como «el padre de la democracia»…


–Bueno, es que «supo morirse» Alfonsín. Su muerte le devolvió cierta importancia al partido radical, tanto es así, que su hijo fue candidato en las elecciones, cuando antes no tenía ninguna o escasa presencia. Yo también recuerdo cómo hicieron los alemanes para superar al nazismo –vivía en Alemania en ese entonces–, y esperaba otra medidas de la democracia argentina, y no ese tanteo «quesiquenó» propio de Alfonsín.

-–¿Alguna vez habló con él?

--- Sí. En una ocasión nos invitó una universidad alemana a un debate titulado «Argentina después de Malvinas». Invitaron a seis intelectuales que vivieron durante la dictadura en la Argentina y seis que estuvieron en el exilio, y ahí tuvimos este encuentro antes de que asumiera Alfonsín como presidente. El primero en hablar fue él, pero los alemanes mismos esperaban otra cosa, que explicara por qué había sido posible esa tiranía, y noté que los alemanes habían quedados decepcionados por la intervención de Alfonsín. Cuándo pasamos a las preguntas, traté de ayudarlo y dije que habíamos recuperado la democracia pero teníamos que preguntarnos cómo los argentinos permitimos que fuera posible una dictadura que llevó a la desaparición a decenas de miles de personas, el robo de niños, las torturas de los prisioneros. Le señalé que faltaba autocrítica, que los partidos políticos habían fracasado porque hicieron posible esa dictadura. Así había caído el radicalismo en el año 1930 con el golpe de Uriburu. Y cómo los partidos habían colaborado con ciertas dictaduras, por caso, el radicalismo les dio el ministro del Interior, el señor Mor Roir, a la tiranía de Lanusse. Además señalé que existieron tremendas represiones durante períodos constitucionales y esos partidos no se habían hecho la autocrítica. Como, por ejemplo, el radicalismo con la Patagonia Rebelde, la Semana Trágica y La Forestal.

-–¿Cómo reaccionó él?

--- Se paró –estábamos todos sentados– y en forma desaforada, señalándome con el dedo, gritó: «Parece mentira que un exiliado, uno que se escapó de la Argentina, viene a enseñarnos democracia a nosotros que estuvimos allá luchando por la democracia y no nos escapamos. Y además miente, el radicalismo nunca ha colaborado con una dictadura». No fue la reacción de un hombre genuinamente democrático.

–¿Cuál es su balance del gobierno de Néstor Kirchner y el actual de Cristina Fernández?

--- Hay que decir la verdad, no se puede disfrazarla. Este gobierno ha hecho posible que algunos represores vayan a la cárcel, muy pocos, pero fueron. Los juicios marchan lentos, pero hay juicios. Ahora, en lo demás, creo que no se ha hecho mucho. Le falta una línea social, una política y una económica. Todos vivimos entre la noche y la niebla, no sabemos qué va a pasar el día siguiente, es todo una cuestión de candidatos. No se pueden hacer alianzas con gente que participó de golpes militares, como Aldo Rico u otros de extrema derecha. No se puede seguir con gente comiendo de la basura o prostituyéndose desesperada para sobrevivir. La comida debería estar al alcance de todos y la carne no puede ser un artículo de lujo en nuestro país. No podemos continuar con el «gatillo fácil». No se puede hacinar y matar a los presos sociales sin que haya responsables. Cómo es posible que haya chicos ajeros que trabajan en Mendoza 12 o 14 horas cuando tienen 8 o 10 años, ¡hay que ver sus manitos! ¿Se callan la boca como si fuera un problema provincial? Esto sólo es motivo para intervenir esa provincia. ¿Y la maniobra contra militantes del Movimiento Teresa Rodríguez y el Frente de Acción Popular que terminó con 12 encarcelados? Ellos sólo fueron a repudiar los crímenes del Estado de Israel y los acusan de antisemitas, un disparate.. Y otra cosa que no quiero olvidarme: cómo puede estar presa y sin las salidas transitorias que les corresponden Karina Germano López, «La Galle», una militante de Hijos, y el mismo tribunal que no la deja salir a ella, dictaminó la excarcelación de Astiz y de Acosta, dos genocidas de la Esma. ¿Qué hacen esos jueces en funciones?

-A pesar de estas críticas usted firmó un texto de Carta Abierta, un espacio que apoya al Gobierno….

---–Yo firmé porque es un ámbito de debate entre intelectuales y la firma no implica un apoyo incondicional al Gobierno. Pero las críticas que uno pueda tener no significan un aval al avance de una oposición completamente de derecha. Porque lo que viene después de este gobierno es peor, es la derecha. Así parece que siempre hay que elegir el mal menor en la Argentina. Por otro lado, la izquierda sigue dividida, entonces esa es la tristeza de una persona como yo, que siempre estuvo actuando en política, no en los partidos, pero sí en contacto con las bases.

–¿Cuándo empezó a definirse como anarquista?

--- Mirá, mi padre era socialista, pero él hablaba siempre de socialismo en libertad. Si bien era socialdemócrata, simpatizaba con el movimiento obrero anarquista, sin estar demasiado comprometido. Yo soy un hombre que no cree en las divisiones, las internas me destrozan, mi sueño es la unión de la izquierda. Yo no hago ninguna división entre socialistas, comunistas, trotskistas, anarquistas o peronistas de izquierda. Los considero a todos esforzados luchadores. Lo que dijeron Marx, Trotsky, Lenin y Bakunin, entre muchos otros, lo dijeron en otras sociedades y contextos. Ahora el capitalismo tiene otras armas, y hay que lograr la unidad. Por eso la izquierda argentina debería ponerse de acuerdo en tres puntos: no más niños con hambre, eliminar las villas miserias y que todo el mundo tenga trabajo. Eso sería un gran comienzo.

–¿Qué es el anarquismo hoy?

--- Sigue siendo una utopía, es el socialismo en libertad, donde todo tiene que conseguirse en la libre discusión y en la asamblea. El mundo se ha complicado muchísimo para seguir creyendo en eso, pero sí se puede alimentar el debate, favorecer la discusión y respetarse, resolver las cosas por lo menos por mayoría y no por un pequeño núcleo de dirigentes y ahondar paso a paso el socialismo. Por ejemplo, recomendar las cooperativas como alternativa al capitalismo es fundamental. Y lo que han logrado las cooperativas en el mundo con sus gobiernos surgidos en asambleas es notable, saben repartir las obligaciones y los productos. Tenemos que aprender de todos y aprender a no refugiarnos, ya no en torres de marfil, sino en altillos de azotea sin escuchar lo que dice la calle.

–En un plano más íntimo, ¿cuál fue su modelo de pareja?

--- Con mi pareja tuve mucha suerte, nos casamos muy enamorados y ahora se van a cumplir 57 años que estamos juntos. Tuvimos cuatro hijos, diez nietos, y mi mujer fue muy compañera mía, muchas veces me quedé sin trabajo, fui dejado cesante, y ella nunca me reprochó ni me dijo que cambiara mi forma de vida. Cuando aparecí en la lista de la Triple A, en 1974, conversé con mi mujer y le dije: «Tenés que irte ya mismo del país con los chicos, yo no quiero irme». Ella lo comprendió y se fue a Europa en barco, a empezar una vida desde cero. Y allá empezó a trabajar en la sección administrativa de un supermercado. Por supuesto, después tuve que irme yo, porque acá vivía en la ilegalidad y no podía hacer nada. Allá empezamos de cero y continuamos la crianza de nuestros cuatro hijos. Y eso que acá habíamos logrado un sueño: teníamos una casa en el bajo Martínez, con árboles, donde hacíamos asado para los amigos y la familia. Yo regresé del exilio, pero mis hijos estudiaron allá, se casaron allá, los nietos nacieron allá. Mi mujer no quiso venir a la Argentina, le gusta vivir allá, ahora yo viajo dos veces por año allá, y ella lo hace dos veces por año para acá.

–¿Cómo fue su relación con el escritor Osvaldo Soriano?

--- Como tiene que ser la amistad entre dos seres humanos que buscan otra cosa en la vida. Y como siempre pasa con las grandes amistades, empezó con una pelea. Una vez, en el año 68 o 69, creo que en la revista La Semana leo un artículo sobre Severino Di Giovanni escrito por un tal Osvaldo Soriano. Y, justamente, yo estaba haciendo una investigación sobre Severino, donde descubrí que su vida era totalmente opuesta a la versión policial. Pero en la nota veo que era precisamente la versión policial, entonces llamé indignado a la revista. Y el director, piola, me dice: «Mirá, te doy con el redactor que la escribió». Entonces aparece en el teléfono él: «Soriano, mucho gusto». «Ah, usted es el autor de la nota». «Sí». «¿Usted escribe solamente lo que dice la policía?». «¿Por qué me lo dice?». «Porque su nota sobre Severino es un disparate total». «¿Y qué quiere?, el mismo día del cierre me dicen que debo escribir la nota, fui al archivo y era todo lo que había en el sobre». «Ah, ¿y si el sobre dice la gran mentira de siempre de la policía usted la escribe?» . Y no se por qué, me agarró tanta bronca que le dije: «¿Sabe lo que es usted, Soriano?». «No, qué soy». «Usted es poco hombre». «Bueno, gracias», y colgó. Esto pasó en 1974 o 1975.

–¿Cuándo se volvieron a ver?

--–Muchos años después, en la Feria del Libro de Frankfurt. Lo veo al editor Daniel Divinsky, que está con un gordito. Y Divinsky me dice: «Te presento a Soriano». Yo no me acordaba ya del otro episodio, acababa de leer ese gran libro Triste, solitario y final, de Soriano. Y entonces le digo: «Vos sos un escritor maravilloso, me gustó mucho tu libro». Y Soriano me responde: «Sí, pero yo soy poco hombre». «¿Qué sos qué», le pregunto. «Soy poco hombre, me lo dijiste vos por teléfono hace ocho años cuando escribí una nota sobre Severino Di Giovanni». Y ahí mismo fuimos a tomar una copa y nació una amistad entrañable. Durante el exilio le gustaba venir a Alemania, muchas veces fue a visitarme, pasó semanas enteras con nosotros, primero en Hessen, donde vivía, y después en Berlín. Y cuando volvimos a la Argentina, seguimos siendo amigos, hacíamos reuniones acá, ahí donde está la mesa, ahora llena de diarios, ahí nos reuníamos un grupo de cinco: León Rozitchner, David Viñas, Tito Cossa, Soriano y yo.

–¿Cómo eran esos encuentros?

–--Bueno, comíamos empanadas salteñas, hay una casa aquí cerca que las hace muy ricas, y tomábamos buen vino. Y las discusiones casi siempre las llevaban Viñas y Rozitchner, porque Soriano llegaba 15 minutos tarde, después de las nueve, a propósito. Era un pícaro tremendo, tiraba un tema sobre la mesa y ahí empezaba la discusión. Entonces Rozitchner y Viñas terminaban discutiendo como locos. Y Soriano nos miraba y sonreía.

–¿Recuerda alguna de esas discusiones ?

–-- Sí. Una vez, cuando llegó tarde, nosotros creo que ya estábamos tomando las primeras copitas y Osvaldo dijo: «¿Saben por qué demoré? Porque vine caminando, pasé por la iglesia, ahí enfrente de la iglesia redonda de Belgrano, y no sé, hubo algo que me atrajo, me atrajo, me fue llevando hasta adentro de la iglesia. Entonces me metí, vi esa atmósfera y uno de los altares donde estaba Cristo crucificado me empezó a atraer, tuve que ir allí y terminé arrodillado». Entonces León Rozitchner dice: «y claro, ahora te comprendo, porque ustedes los católicos son todos degenerados, porque se posternan ante un elemento de tortura como es la cruz esa y gozan viéndolo torturado. Y en la cama matrimonial, siempre un crucifijo, un instrumento de tortura, para gozar, ahí gozan, degenerados». Intervino enseguida David: «No, no León, pará la mano. Vos hablás como judío, pero yo también puedo opinar con fundamento porque mi madre fue judía y no es tan así, eso no es el cristianismo, y la cruz no es solamente un instrumento de tortura». Así empezó la discusión entre ellos dos, eclipsaban toda la conversación, y seguían hasta que terminaban diciéndose de todo. Fue una gran joda urdida por Soriano. Le gustaba la provocación.

–¿Qué cambió en su escritura ahora, a los 82, respecto de su juventud?

–-- Uno atesora tanto la juventud cuando es viejo porque antes era capaz de escribir 48 horas seguidas. En cambio, ahora llegás a las 7 de la tarde y adiós. Pero hay más intimidad cuando uno escribe ahora. Ya no quiere decir tantas cosas, sino que transmite una especie de síntesis. Escribo siempre en la computadora, pero no sabés lo lindo que es escribir a mano, como antes. Porque cuando escribís a mano, las letras persiguen al pensamiento.

–¿Qué obras pensó en escribir y luego y dijo «ya no la escribo»?

--–Me pasó algo parecido a eso hace poco. Escribí un libro sobre una montonera, que es una biografía absolutamente real. Ya está hecho, pero lo quiero revisar. Hace un año más o menos que está ahí, pero no sé, no sé si he logrado realmente el clima que quería. Ahora la voy a leer nuevamente y evaluaré si vale la pena o no.

–¿Cómo se relaciona con la idea de la muerte?

--– Mirá, yo a la muerte la espero como algo que tiene que venir. Recuerdo cuando el médico alemán que me operó de cáncer me dijo que tenía tres meses de vida. En ningún momento decaí o me puse triste, pensando en todos los jóvenes que murieron durante mi vida y allí mismo, donde estuve internado, viendo los jóvenes que morían de cáncer, yo tenía más de 70 años y me dije «qué me puedo quejar yo, si ya viví 70 años». De tal modo que lo tomo como el destino, como hay que tomarlo, como algo que no se puede eludir. Lo único que me gustaría, sí, es quedarme dormido, cualquier noche, acá en mi habitación.

–Hablando de su habitación, ¿qué fue lo que lo cautivó de la actriz y militante antinazi Marlene Dietrich cuyo cuadro ocupa ese lugar de privilegio?

–-- Ja, ja, ja. Son varias cosas. Primero porque desde chico me gustaron mucho sus canciones en ese lenguaje berlinés reo. Es realmente un lenguaje sabio. Luego, es una actriz fundamental del cine mudo y hablado, pero mientras estuvo en Alemania, porque cuando fue a Estados Unidos y empezó a hacer películas de Hollywood, fue del montón. Está claro que me gustó su posición antinazi, daba ánimo a los soldados en el frente. Ella era una auténtica berlinesa que anhelaba estar en Alemania y recién volvió después de la guerra. Cada vez que voy a Berlín, visito su tumba y le llevo flores. También me encantaba su libertad, siempre luchó contra el machismo. En un célebre reportaje le preguntaron cuántos amantes había tenido. Marlene dijo: «Tuve diecinueve, quince hombres y cuatro mujeres». ¡Era una atorranta divina! Y bueno, ella y Greta Garbo fueron amantes, imaginate, ¡qué dúo ¿no?!

Oscar Castelnovo Agencia Walsh


Los que ponen el rostro - Osvaldo Bayer

El sábado pasado, el rabino Daniel Goldman publicó en Página/12 sus apreciaciones con respecto a mi nota “El testículo izquierdo”, de un sábado antes.

En la misma, Goldman, con palabras amables y con mucho respeto, dijo no estar de acuerdo con la interpretación tanto de Adolfo Pérez Esquivel como la mía acerca de la detención de jóvenes manifestantes contrarios al acto a favor de Israel organizado por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y la Embajada de Israel en adhesión a la independencia de ese Estado. Goldman da una versión diferente de la mía y de Pérez Esquivel señalando que “jóvenes de mi congregación, a quienes les tengo plena confianza, estaban en el lugar de los acontecimientos, fueron testigos y me relataron con lujo de detalles cómo los imputados salían de la boca del subte directamente con palos a pegar”.

Con esta versión, tal vez sin proponérselo, Goldman les da más ánimo a los que han aprovechado esta manifestación de protesta de jóvenes contra la política de Israel con respecto a Palestina para pedir una pena que va de dos a ocho años de prisión para ellos. Me llama mucho la atención que la policía no haya tomado fotos (aunque en el lugar de los hechos había uniformados con cámaras) que demostraran cabalmente que los jóvenes manifestantes hayan atacado con palos a los partidarios del acto. Los abogados de los jóvenes detenidos señalan que éstos sólo llevaban pancartas y banderas. Las otras pruebas son indiscutibles: las fotos periodísticas sólo muestran a jóvenes arrojados al suelo con notables golpes en el rostro. Y todos esos caídos son manifestantes y no los que estaban en el acto oficial. Y Goldman prejuzga al señalar que “... me da la impresión de que el antisemitismo disfrazado de antisionismo resulta más redituable que los auténticos reclamos que este conjunto parece olvidar”. Y agrega: “Porque es el ejercicio de la violencia lo que los hace más parecidos a un grupo de choque nacionalista filonazi anacrónicamente absorto en sí mismo que a una legión revolucionaria”. Sin quererlo, Goldman cae aquí en ese peligroso prejuzgar de que quienes critican la política de Israel contra Palestina son filonazis. No hay ninguna prueba fehaciente de que los manifestantes hayan insultado a los judíos por ser judíos sino que censuraron los ataques agresivos del Estado de Israel con bombardeos y armas a aldeas palestinas, y también la erección del muro entre Israel y Palestina.

Pero, claro, ésta sería una discusión infinita que sólo logra exacerbar los ánimos. Lo que yo censuré en mi nota fue la brutal represión de los guardaespaldas del embajador israelí, el mirar para otro lado de la policía argentina ante esa realidad, y luego la detención de estos manifestantes por esa policía argentina. Pero, bien, si el episodio hubiera terminado allí tal vez podría decirse que todo manifestante de protesta en la Argentina tiene que estar preparado para recibir los golpes represivos y ser trasladado detenido. Pero es que aquí todo pasó a mayores, los detenidos –todos jóvenes– fueron trasladados a una prisión de máxima seguridad y ahora la Justicia ha pedido una pena que va de dos a ocho años de prisión. Para ellos. Y eso, indiscutiblemente, sí que es crear violencia en la sociedad. Porque es una posición despiadada. Y eso sí que va a traer más reacción desde abajo porque es la reconocida violencia de quien ejerce el poder. Por eso mi propuesta de conversar el tema, de una búsqueda a través del diálogo, de encontrar una base para lograr soluciones mediante la actitud del pacifista. Es la única que puede tener futuro en un mundo que se sume cada vez más en la violencia. Sobre esta propuesta de mi nota, el rabino Goldman guarda silencio. Lástima, porque él siempre ha buscado el diálogo en situaciones muy difíciles y siempre ha defendido el derecho de todos a vivir en sus tierras y vivir en paz, sean el origen que fueren y cualquiera la religión que profesen. Más cuando en esas poblaciones hay niños desde siempre.

El martes próximo –7 de julio– va a haber una concentración ciudadana para pedir la libertad de los manifestantes presos. Espero que no sean reprimidos los que vayan a expresar su malestar por la forma en que se está tratando este tema. Y que nada lleve a la violencia. Con la palabra, nada más, que tiene que ser la forma de lograr la justicia y la ética. Sería importante y una muestra de sabiduría, si concurriesen miembros de la colectividad judía a ese lugar a solicitar también la libertad de los manifestantes presos, porque sería una muestra de sabiduría y de estrechar la mano y no el puño o la manopla.

De cualquier manera le agradezco profundamente al rabino Goldman que, en vez de mirar para otro lado, haya volcado su opinión en estas páginas. Puede ser, tal vez, un principio de diálogo entre quienes –sin ser racistas ni discriminatorios– quieren ver la paz verdadera en el Cercano Oriente y los que luchan por la subsistencia del Estado de Israel sobre la base de la convivencia entre todos los seres humanos. Cuando vuelva de mi viaje voy a invitar al rabino Goldman a visitar a los presos –si éstos siguen encarcelados– para iniciar así el diálogo.

Porque hay cosas que se consiguen con la palabra y la acción de la racionalidad. Por ejemplo, lo que acaba de ocurrir en la Patagonia. Sí, tal vez algunos lo consideren un hecho pequeño ante los grandes problemas del mundo. Además ocurrió en un lugar nada central: en Puerto Pirámides, Chubut. Pequeño pero bien grande porque nos dio una muestra de verdadera democracia de base. A nosotros, los de las grandes ciudades que tenemos en nuestras calles nombres de genocidas, de dictadores, de racistas, de colaboradores de las dictaduras. Allí, en Puerto Pirámides, el domingo pasado la población participó de un acto eleccionario para ponerles nombre a sus calles. A 31 calles y pasajes. Se hicieron tres listas con los nombres a elegir: antiguos pobladores y pobladoras de Península Valdés, Pueblos originarios y Hombres y Mujeres con un rol protagónico en la historia de la Patagonia. Y triunfaron vecinos fundadores y nombres que hacen justicia porque pertenecen a la historia de esa región. Por ejemplo, las calles pasaron a llamarse: “Tehuelches”, “Peones Patagónicos”, “Pueblos Originarios”, “Facón Grande”, el líder de las huelgas de peones rurales de 1921, fusilado por el Ejército Argentino, lo mismo que “Antonio Soto”. “Cacique Inacayal”, llevado por Roca a Buenos Aires y exhibido en el museo de La Plata por el perito Moreno, como si fuese una figura de zoológico, “Mario Abel Amaya”, el abogado asesinado por la dictadura de la desaparición de personas, “Aymé Payné”, “Cacique Sayhueque”, “Nancuyeo”, “Kintioqueo el Bueno”, es decir, respeto por los pueblos originarios y también por quienes vinieron a trabajar y a levantar esa población, con todos los esfuerzos que eso requirió. Una espejo de la historia de ese lugar. También se le puso a una calle el nombre del autor de La Patagonia rebelde, que al tomar conocimiento de ello señaló: “Pensar que mis libros fueron quemados y tuve que pasar ocho años de exilio, pero la verdad triunfó finalmente, y nadie ha votado por el nombre de algún fusilador de peones rurales en 1921, y nadie votó por ningún desaparecedor de los setenta”. El pueblo que votó estos nombres espera ahora la aprobación de los concejales, que no pueden de ninguna manera desconocer la voluntad de su propia gente.

Y por primera vez una ciudad patagónica no tendrá ninguna calle llamada Julio Argentino Roca. En historia se pueden falsear los hechos, elevar a héroes a grandes enemigos de la vida y conquistadores del provecho propio, pero al pasar los años todo queda en descubierto. En Buenos Aires, el macrismo sigue negándose a debatir el tema del monumento al genocida Roca, que es un insulto a la mayoría del pueblo argentino, que tiene sangre de los pueblos originarios.
Pero a los crímenes se los puede disimular durante siglos, pero finalmente quedan al descubierto y dejan desnudos a los encubridores. El 14 de Julio se hará el acto oficial en Puerto Pirámides de la nominación de sus calles y será una verdadera fiesta popular. Porque fue el mismo pueblo el que resolvió recordar a los que verdaderamente hicieron historia local y regional.

Y sigamos con los que silenciosamente componen el verdadero núcleo de la sociedad que busca su verdadero progreso, y dejemos de interesarnos en si De Narváez usa zapatos Florsheim o Macri prefiere relojes Tag Heuer. Por ejemplo, he encontrado una agrupación que lleva el nombre de Jóvenes Científicos Precarizados. Que usan como lema “Investigar es trabajar”. Sí, son los que van observando el horizonte del progreso de la ciencia para el real beneficio de la humanidad, ya que consideran que “el conocimiento se ha convertido en un bien de mercado”, tomando en serio estas palabras de Marco Lattuada, vicepresidente del Conicet. Y para no caer en esa dependencia que lleva a la ciencia por caminos que nada tienen que ver con el progreso humano, reclaman que se los considere trabajadores, que se les reconozcan derechos fundamentales para no caer en dependencias conformistas. Por eso solicitan se les reconozca a los becarios el derecho a obra social, a la jubilación, a licencias reglamentadas, a la antigüedad, licencias por enfermedad, maternidad o paternidad. También el derecho a vacaciones, ya que se encuentran en esto siempre a voluntad del director correspondiente. El reconocimiento de todos esos derechos llevaría tranquilidad y seguridad a los investigadores y no la situación de mirar a otras posibilidades para el futuro. Creemos que hay que escucharlos en sus planteos. Porque ahí puede estar una parte importante del futuro de los conocimientos, que es el paso adelante para ir formando mundos más profundos en base a las enseñanzas de la ciencia. Buen nombre han elegido para bautizarse: Jóvenes Científicos Precarizados. Denuncian en ese título una realidad sin grandeza, egoísta. Escuchémoslos.


miércoles, 24 de junio de 2009

El testículo izquierdo

Por: Osvaldo Bayer

Hace poco hablábamos en la Universidad de Quilmes sobre las manifestaciones del pueblo en la calle. El arma del pueblo para protestar contra las injusticias de la sociedad. Esas manifestaciones, ese salir a la calle, muestran el coraje de los seres humanos ante las injusticias. Puse como ejemplo la manifestación de mujeres proletarias en aquel Río Gallegos de 1919. Allí, en enero de ese año, los trabajadores habían sido detenidos y encarcelados por exigir mejores condiciones de trabajo. Ante este hecho, sus mujeres salieron en manifestación para pedir la libertad de esos hombres. La forma en que actuó la policía fue increíble. Sólo eran siete mujeres, bien proletarias. Cuando se las conminó a disolverse, una de ellas dijo que no, que iban a ver al juez letrado a reclamar la libertad de sus hombres. Señala el parte policial que las mujeres se desacataron y que una de ellas (Pilar Martínez, española, viuda, de 31 años, cocinera) le pegó (textual) “un puntapié en el testículo izquierdo al sargento Jesús Sánchez, produciéndole una contusión dolorosa que lo dejó inutilizado para el servicio durante dos días”. (¡Qué fanática la gallega, justo se eligió el izquierdo!) La cuestión es que, con esa acusación, la mujer fue a parar a la cárcel. Pero el testigo Amador Víctor González dejó luego un testimonio escrito que trae una versión muy distinta. Dice que esas obreras fueron obligadas a detener su marcha por un pelotón de agentes que las amenazaron apuntándolas con sus carabinas. Las mujeres, a pesar de la amenaza, intentaron seguir su marcha de protesta y entonces “los uniformados hicieron caracolear sus corceles sobre el grupo de las indefensas mujeres. A dos o tres de ellas les cruzaron el rostro a latigazos y otras –una de ellas embarazada– fueron tomadas de los cabellos golpeándolas sin clemencia. Esas mujeres fueron juzgadas luego por agresión a la autoridad y escándalo en la vía pública”.

La historia demostró que todas esas represiones sólo sirven para crear violencia en la sociedad. Sí, la historia les dio la razón a esas mujeres porque finalmente el progreso dio a los trabajadores mucho de eso que pedían. En cambio, de los represores no hay ninguna placa en las comisarías de donde partieron para reprimir. Ni siquiera un monumento al testículo izquierdo del sargento Jesús Sánchez.

La manifestación debe ser un derecho público. Un termómetro para los políticos. Si la gente sale a la calle a protestar es porque algo pasa. Analizar la protesta, sacar conclusiones de ellas, es la misión de todo estadista. Obrar en consecuencia para eliminar eso que puede ser origen de una nueva violencia. En Buenos Aires acaba de ocurrir algo muy triste. En el aniversario de la creación del Estado de Israel se hizo un acto público conjunto del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y de la embajada israelí.

A ese acto concurrió una manifestación de protesta con carteles y cánticos de miembros de las organizaciones Teresa Rodríguez y FAR que censuraban la política israelí en Palestina, con la agresión militar última que dejó miles de víctimas. Bien, y aquí vienen las versiones diferentes. Como aquella vez de 1919 en Río Gallegos. La versión policial indica que los manifestantes atacaron con palos y a puñetazos a los presentes en el acto con expresiones racistas contra los judíos. Los manifestantes, en cambio, señalan que cuando estaban gritando sus consignas de críticas a la política de Israel contra Palestina fueron atacados por un núcleo de hombres que hablaban hebreo. Y que inmediatamente después de esa agresión, la policía argentina detuvo a varios integrantes de la manifestación de protesta acusándolos de desorden público y agresión y de discriminación racial contra el pueblo judío.
Una cantidad importante de intelectuales argentinos, encabezados por el Premio Nobel de la Paz Pérez Esquivel, ha repudiado la detención de esos manifestantes señalando que no hay que confundir una manifestación contra la política exterior que lleva a cabo el gobierno israelí con respecto a Palestina con una conducta racista. Además, ratifican el derecho del pueblo a manifestar sus protestas en marchas públicas. Pero el juez Bonadío, interviniente en la causa, ha tomado como cierta la versión policial y del embajador israelí y ha iniciado juicio a doce intervinientes en la manifestación en una causa que puede llevar a la pena de dos a ocho años de prisión a los acusados.

Esto es muy doloroso. Es crear violencia en la sociedad. Para mayor mal, el embajador israelí, doctor Gazit, ha felicitado públicamente al juez Bonadío por su resolución. Para colmo la policía allanó un lugar de reunión de la organización Teresa Rodríguez y señala que encontró bombas molotov y algunas armas de fuego. Esto fue rechazado por esa organización diciendo que en el lugar allanado funcionan un comedor comunitario y una cooperativa textil. Señala que la policía permaneció allí desde las 20 hasta las 5 de la mañana y que destruyó la vivienda de los que duermen en ese lugar.

Luego la policía levantó un acta que dice que encontraron bombas molotov y armas en un baño. Pero allí entraron solos y sin testigos. Además, cuentan que la policía se llevó las cámaras fotográficas, una fotocopiadora y varias computadoras destinadas a la juventud del barrio (al parecer sólo les restaba levantar un acta sobre el testículo izquierdo del sargento Lagos). Aparte, el juez Bonadío ordenó la prisión de nueve de los doce acusados, los que fueron llevados a la cárcel de máxima seguridad de Marcos Paz, a la cárcel de mujeres de Ezeiza y a la de menores también de Ezeiza.

A uno,como argentino y ciudadano del mundo, le da pena todo esto, mucha pena. Creo que todos los ciudadanos tienen derecho a criticar o no a la política de Israel con respecto a Palestina, más después de los últimos bombardeos y del muro que se ha levantado entre los dos pueblos. Sin por eso ser culpables de cometer racismo. Este hecho nos da también pena por Israel y por la Argentina. Creemos que el pueblo judío, con la sabiduría ganada en las persecuciones que ha sufrido a lo largo de su historia, buscaría otros caminos antes que la violencia. La historia nos ha demostrado que sólo se adelanta con la paz. Veamos esos dos pueblos: Francia y Alemania, con tres guerras continuas: 1870, 1914 y 1939, con la muerte de millones de sus hijos y la destrucción de sus ciudades. Y ahora: hace ya 64 años que viven en paz y hasta han eliminado fronteras y llevado a cabo mercados comunes, sin jamás durante esos años de paz haberse producido un incidente fronterizo. Y en la Argentina, que luego de la experiencia de las dictaduras militares metamos presos a jóvenes que salieron a gritar su opinión acerca de un problema que nos interesa a todos: la paz definitiva en el Cercano Oriente, es muy penoso. Además, saber escuchar los testimonios de los presentes en ese acto y no dejarse llevar sólo por la versión policial, ya que los acusados señalan que cuando ellos comenzaron a gritar sus pensamientos fueron agredidos por un grupo especializado israelí, ante la falta total de acción de la policía. Que en esa agresión se arrojó al suelo a manifestantes pateándoles las costillas, como en el caso de Leonardo Del Grosso, que fue brutalmente pateado y más, como las fotos que se mostraron luego, como si los que estaban en el suelo fueran miembros de la delegación israelí, cuando en realidad eran miembros de los grupos que protestaban. Ellos lo pueden demostrar identificando a los fotografiados.
Creemos que aquí debe ser el propio embajador israelí quien tome a su cargo llevar la paz en este hecho, que de seguir así creará más violencia. Debe ser él quien retire la denuncia y sostenga que fue un confuso episodio que debe superarse solo con el gran gesto de la no violencia y la búsqueda del método democrático del debate público y no el de las mutuas agresiones. Por ejemplo: realizar seminarios con representantes palestinos, israelíes y de los diversos grupos argentinos interesados acerca de cómo buscar un acuerdo de solución para el Cercano Oriente. Y luego llegar a un documento para enviar a Israel, a Palestina y a todos los países árabes. Aunque se consiga muy poco, por lo menos se demuestra buena voluntad, y esto puede ser una senda definitiva para la paz de los pueblos.


Parece utópico, pero es lo único posible. Grandes pensadores de origen judío como Noam Chomsky y León Rozitchner han criticado la actual política exterior de Israel. La luchadora de siempre Laura Ginzberg, miembro de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA, ha escrito hace poco: “Los ojos de la humanidad miran y acompañan a las víctimas masacradas en Gaza y repudian las políticas terroristas del Estado de Israel en esa región”.
Así demuestran ellos que tienen coraje civil, como el joven intelectual Néstor Kohan, parte de cuya familia fue torturada y masacrada por los genocidas nazis, señala en un valiente artículo en el que les pide a los gobernantes israelíes: “¡Basta ya! ¡No lo hagan en nuestro nombre! No usen la memoria de nuestros abuelos y bisabuelos, torturados perseguidos y masacrados por el nazismo para fines mezquinos, egoístas e indefendibles”.

Hay dolor en estas palabras. Lo comprendemos. La culpa de todo esto no la tiene el grupito de argentinos que fue a gritar su verdad y ahora sufre una cárcel absurda. Luchemos por su libertad.

Fuente: Página 12 www.pagina12.com.ar



sábado, 4 de abril de 2009

Osvaldo Bayer - Alfonsín

Reflexiones sin demagogia

Tengo 82 años y nací justo tres semanas antes que Alfonsín. Es decir que viví todos los mismos tiempos históricos. La Década Infame durante la niñez, el golpe del ‘43 a los 15 años y el primer peronismo a los 18. Y todo lo demás. Las tristes realidades argentinas pero siempre las esperanzas al comenzar de nuevo.

¿Qué pienso de Alfonsín? Empecemos por el lado bueno. Es uno de los pocos presidentes a los que no se le puede reprochar ningún negociado ni enriquecimiento en provecho propio. Eso ya es algo, en la Argentina.

En lo demás tal vez sea muy duro, pero es que viví parte de mi vida en Alemania, principalmente en la posguerra, y tal vez esperé de Alfonsín –después de la dictadura de la desaparición– una política parecida a la del posnazismo en Alemania, donde el pueblo alemán demostró haber aprendido, por fin, la lección para siempre. Nunca más ni el militarismo ni las guerras ni el racismo ni el totalitarismo.

Cuando regresé de mi exilio pensé que la Argentina iba a iniciar el mismo camino de autocrítica, luego de la larga cadena de dictaduras militares y del haber sido escenario de la "Muerte argentina", como se conoce en el exterior al sistema de la desaparición de personas, la tortura bestial de los prisioneros, su muerte final –como el ser arrojado con vida desde aviones al río– y el robo de sus niños.

Fuente: La Fogata
www.lafogata.org


sábado, 14 de febrero de 2009

El Papa Ratzinger y sus fieles

EL Papa alemán
por: Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

El horno se ha recalentado. La Iglesia Católica alemana está entre desolada y furiosa. Justamente un Papa alemán cometió el gravísimo error –o no error desde su punto de vista anterior a los hechos– de haber levantado la excomunión a cuatro sacerdotes del sector de Lefebvre, uno de ellos –nada menos– había negado la existencia del Holocausto nazi contra los judíos. Fue el obispo británico Williamson, quien sostuvo que “no fueron seis millones los judíos muertos por los nazis sino entre 200 mil y 300 mil”, y negó la existencia de cámaras de gas en los campos de concentración nazis, como Auschwitz, por ejemplo. Todo esto ocurrió hace más de dos semanas, pero la discusión –en especial en Alemania– no amaina sino que adquiere cada vez más fuerza, con la reacción de cientos de feligreses que renuncian a seguir perteneciendo a la Iglesia Católica, y declaraciones de obispos, curas, teólogos y decanos que censuran abiertamente al papa Ratzinger. Sí, en Alemania, cuyo pueblo llevará siempre la carga del genocidio hitlerista.

Quiere decir que, salvo algunas minorías, la mayor parte de la población alemana aprendió la lección. El propio jefe de redacción de Radio Vaticano, Eberhard von Gemmingen, se adelantó a decirlo en una conferencia de prensa: “El Vaticano ha cometido un error... lo califico como un error. Se han originado con ello muchos daños, ahora hay que repararlos”... Ha comenzado una corriente de fieles que abandonan la Iglesia; ahora tienen los obispos que salir y decir lo que ya algunos obispos han señalado: que la Iglesia de hoy sigue sosteniendo el II Concilio Vaticano. También tiene que ratificarlo el Papa. Ellos tienen que consolar a los fieles, tienen que decir que la Hermandad Pío XII, conservadora de derecha, no va a ser jamás aceptada en la Iglesia. No hay que hacer como si esto no fuera importante. Sin ninguna duda, las relaciones entre el Vaticano y los obispos alemanes se han enfriado.

Es que en Alemania hay un fuerte movimiento para una renovación de la Iglesia y para que no se cometan los errores del pasado. Se nota en la reacción de muchos obispos que salieron a criticar abiertamente la decisión del Papa. Por ejemplo, el obispo Gerhard Müller-Ludwig, de Regensburgo, prohibió la entrada a Williamson en todas las iglesias y organizaciones católicas de su obispado. La Conferencia de Obispos Alemanes resolvió tratar el tema de Williamson en la reunión de marzo. El presidente de esa Conferencia, el obispo Zollitsch, señaló en un comunicado que “en la Iglesia Católica alemana jamás habrá lugar para quien niegue el Holocausto”. Y se deslizó en muchos sacerdotes la pregunta: ¿por qué el Papa le abre la puerta a la Hermandad Pío XII de extrema derecha, y no a los sacerdotes del tercer mundo? ¿Por qué no se revisan las penas a los dos teólogos, Eugen Drewermann y Hans Küng, que promovían un cambio hacia una nueva sociedad sin diferencias sociales?
Fuente: Página 12 www.pagina12.com.ar
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