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domingo, 29 de agosto de 2010

Indígenas estadounidenses y exclusión social

ÓSCAR CELADOR ANGÓN
Profesor de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas

El informe de Naciones Unidas sobre la situación de los pueblos indígenas del mundo para 2010 ha puesto sobre el tapete político internacional la situación de exclusión social y de extrema pobreza de este colectivo.

Hasta aquí nada nuevo, ya que muchas de estas comunidades se localizan en países en desarrollo o subdesarrollados, pero lo que es sorprendente es que la calidad de vida y el grado de integración social de los pueblos indígenas también sea pésima en los países del denominado primer mundo.

Los datos sobre la población indígena estadounidense son especialmente alarmantes, ya que pese a tratarse de la primera potencia económica mundial, sus pueblos indígenas viven muy por debajo del umbral de la pobreza, y ocupan los peores puestos en los ránkings sobre desempleo, ingresos per cápita, abandono escolar, riesgo de contraer enfermedades como la tuberculosis, suicidio o desnutrición infantil.

La integración social de la población nativa nunca ha ocupado un papel relevante en la agenda política estadounidense. Durante el periodo de conquista y colonización, millones de indígenas fueron esclavizados, perseguidos, confinados en reservas de escaso o nulo valor económico, privados de su dignidad y asesinados impunemente.

Hasta finales del siglo XIX, este colectivo no pudo acceder a la ciudadanía estadounidense y, a cambio, tuvo que someterse a un profundo proceso de americanización que contribuyó a erradicar gran parte de sus tradiciones y cultura. En la actualidad, su presencia continúa siendo incómoda para la sociedad estadounidense, tal y como demuestra la ausencia de instituciones o de museos que expliquen desde la perspectiva indígena cómo se produjo la famosa conquista del Oeste, qué les ocurrió a los nativos que se negaron a vender sus tierras a Estados Unidos, o los motivos por los cuales los millones de indígenas que habitaban los actuales Estados Unidos cuando llegó el hombre blanco se redujeron a apenas 250.000 individuos a finales del siglo XIX.

El objetivo de las políticas expansionistas estadounidenses no fue exterminar sistemática y completamente a los indígenas, de ahí que no pueda hablarse técnicamente de un genocidio. Ahora bien, no parece coherente, y además es hipócrita, que una nación que hace bandera de ser la tierra de las libertades todavía no haya sido capaz de integrar a su población nativa con la dignidad que este colectivo merece.

Leer más: Los indígenas pobres de EE UU
http://www.pobrezamundial.com/los-indigenas-pobres-de-ee-uu

lunes, 11 de enero de 2010

Chile: Carta abierta a mi pueblo

Sentada frente al televisor veo y reviso las noticias que van y vienen, tomo un lápiz y empiezo a sacar cuentas de los votos de uno y otro candidato, cómputos que no me extrañan en absoluto, pero empecé a preocuparme de la segunda vuelta.

Dejé de lado el libro que estoy escribiendo. Nuevamente lo social se impone a lo personal y pensé compartir con ustedes mi reflexión sobre esta nueva vieja encrucijada histórica.

Volví al pasado, a la historia de nuestro pueblo, de la cual, aunque no lo creamos, somos parte. Formamos parte de esas grandes mayorías que en pos de un futuro mejor votamos por Salvador Allende. Hoy esa mayoría debe mantener los ojos bien abiertos, para distinguir a los que quieren el poder para seguir aumentando sus riquezas, como el Tío Rico McPato.

Me duele constatar que no hemos tomado conciencia de los profundos abusos de poder que nos han llevado a dejar inconclusa la batalla que ganamos todos, niños, jóvenes, hombres y mujeres, sacando de La Moneda al dictador, solo que nos limitamos a eso, quedando pendiente ganar la guerra combatiendo la herencia que nos dejaron y la cual nos sigue gobernando.

Nos dicen que esta sociedad es otra, que Chile es un país desarrollado, sin embargo, siguen existiendo los pequeños Cizarro, huérfano de padres y de la sociedad. Nuestros jóvenes en la “pobla” están cada día más hundidos en la pasta base, sin futuro y sin ilusiones. A los “pingüinos”, que nos llenaron de orgullo y esperanza los dejamos solos ¿qué hicimos aparte de mirar desde afuera?, ¿dònde estábamos?, ¿dónde estamos?.

Sin duda que estamos donde los poderosos nos quieren, encadenados a la indiferencia, al individualismo, al consumismo, a colgarle las culpas a otros y no mirarnos a nosotros mismos, a confundir el oro con el oropel. Sí, somos un país distinto, hoy nuestros niños no mendigan un trozo de pan, hoy suplican por un poquito de ternura.

Hoy las instituciones, las organizaciones sociales, los partidos políticos están enfermos, también están donde los poderosos los quieren, desarraigados de su naturaleza, han cortado el cordón umbilical con su esencia, olvidando que, como dijera Allende “..la historia la hacen los pueblos, que con sus trabajadores, estudiantes, profesionales, científicos, los que laboran en todas las ramas del arte y la cultura, los jóvenes, las mujeres, nuestros niños, son los que nos liberarán de las cadenas que nos impiden vivir plenamente”.

Estamos donde los poderosos nos quieren, respondiendo a sus demandas de perdón y olvido. Nos hemos olvidado de las valiosas vidas de hombres, mujeres, jóvenes y niños asesinados, violados, torturados. Hemos olvidado los Hornos de Lonquén, a Lumi Videla arrojada a la Embajada de Italia después de haber sido ultrajada, torturada y asesinada, nos olvidamos de Neltume, de Víctor Jara, José Manuel Parada, Manuel Guerrero, Santiago Nattino, del sacerdote André Jarlán. Nos olvidamos de René Schneider, de Alberto Bachelet, de Carlos Prats y de tantos soldados asesinados por pasarle un cigarro al prisionero. Del niño Rodrigo Anfrunz.

Nos negamos a recordar el asesinato de Reinalda Pereira, embarazada de seis meses a quien torturaron tanto, tanto que suplicaba por el hijo que llevaba en su vientre, al cual quiso salvar diciéndoles que esperaba un hijo. Bastó eso para que la siguieran torturando con más furia, y como no moría tan rápido le colocaron una inyección envenenándola, Aun más el niño siguió vivo dentro del vientre de su madre, como desafiando a los caníbales “dispárenme a mí ahora”.

Nos olvidamos de Miguel Henríquez, que con su claridad política, es muy difícil que se hubiera pronunciado contra sí mismo. Menos en estos tiempos de la historia del país.

En esta nueva vieja encrucijada nos hace falta recordar, revisar la historia y extraer las lecciones que no nos han dejado aprender. Por ejemplo, no recuerdo el año pero también se trataba de elecciones presidenciales. Por esos lejanos días el candidato era don Juan Antonio Ríos, el Partido Comunista de ese entonces acordó integrarse a la campaña nacional y se apersonaron al Comando, manifestando el acuerdo, pero no fueron aceptados. Los dirigentes comunistas no se amedrentaron, tampoco se tiraron al suelo con pataletas infantiles, al contrario tomaron el sartén por el mango y se dedicaron a recorrer Chile, llevando como bandera a Don Juan Antonio Ríos, primando en ello lo que el país necesitaba en esos momentos, parar a la derecha. Lo que vendría después dependería de la capacidad de lucha del pueblo.

Y así continuaron trabajando hasta que el pueblo unido, con porfía y voluntad, siempre mirando la brújula para no desviarse, realizamos la gran epopeya de terciar la banda presidencial a Don Salvador Allende, causando la admiración del mundo entero, pero también el miedo de los poderosos de allá lejos por el norte, y también de los poderosos de este país, El cielo de nuestra Patria fue cubierto por la negra noche del fascismos, matando el alma nacional y asesinando lo mejor de nuestros compatriotas para continuar pisoteando y violando los derechos humanos de la Carta Universal de los Derechos del Hombre.

Pero el pueblo unido volvió a renacer de las cenizas, y como Cristo el Tiberiades caminó seguro por las aguas encrespadas.

Y hoy se nos presenta esta encrucijada, ser o no ser, votar o no votar. Tenemos razón para estar enojados, frustrados, desencantados, desengañados, pero podemos expresarlo y no desaparecerán tu esposo, tu esposa, tus hijos, tus amados. Podemos escupir esta rabia, es más, podemos transformarla en una gran y poderosa fuerza que nos acerque a esa vida en plenitud por la que tantos y tantas lucharon. Es hora de recuperar la memoria, de salir de la burbuja personal y volver a asumir nuestro rol de mayoría activa y transformadora de una sociedad más justa, solidaria y humana.

No podemos permitir que vuelvan a gobernarnos los que han asesinado la Verdad y la Justicia. No debemos darle “la pasá” a la Derecha, no porque sea la Derecha, sino porque está infectada por el virus pinochetista y…… pensemos un poco ¿ustedes creen que los hijos de ellos van a votar en blanco?, ¿ustedes creen que sus hijos no se inscribieron en los registros electorales?. No tienen de dónde sacar más votos y apelan a nuestro desencanto, a nuestras frustraciones, a nuestros desengaños, pero yo no he olvidado que son los mismos que asesinaron a Miguel Enríquez, a Allende, a la Reinalda, a la Lumi Videla, en fin esta carta no terminaría nunca si recuerdo en ella a todos los mártires que hoy tanta falta nos hacen en el hogar, en la calle, en la universidad, en el arte, en el canto, en el partido socialista, comunista, demócrata cristiano, el Movimiento de Izquierda Revolucionario,

Por todas las humillaciones, por todas las burlas, por todas nuestras frustraciones, por todos nuestros desengaños, por todos los que han abusado en nuestras propias filas, por los que nos roban la Verdad y la Justicia, por todos los chantas que pululan en las organizaciones que más parecen infiltrados que amigos, por los lobos piel de cordero, por los enemigos y explotadores de los trabajadores, por los que han hundido a nuestros amados jóvenes e el alcohol y la droga, por los que nos mojan y apalean en las marchas, por todas las jóvenes Músicas, no les demos en el gusto, por los profesores humillados, por Allende, por el padre de Eduardo Frei, querámoslo o no son dos Presidentes de Chile, Allende que se inmoló y no les dio en el gusto que lo asesinaran y Eduardo Frei que lo asesinaron tan brutalmente como asesinaron a los 119, a los de Lonquén, Mulchén, Caravana de la Muerte y no olvido a la valiente Arcadia Flores.

A estos que se creen dueños de nuestras vidas, si no me crees mírate las cadenas que llevas en tus tobillos. De ti, de nosotros depende que en honor a todos los que ya no están, y de todos los que estamos que pareciera que no hacemos Patria, démosle una lección pedagógica a quienes nos creen ignorantes (por no decir huevincas).

Marco, por tu voz brotó la voz de muchos de nosotros, continúa tu accionar para adelante, tienes mucho por ganar, más aún eres ya un ganador, lo mismo va para Alvaro Escobar. Al pueblo nunca se le han dado las cosas fáciles, los triunfos de nuestro pueblo se han hecho realidad con trabajo, constancia, con los ojos abiertos no confundiendo el oro con el oropel. En esta jornada tan impredecible, difícil pero no imposible, termina generosamente tu Lección Pedagógica a la Patria que como yo tanto amamos. Si otros no se pegan la cachá no importa, quiero ver a mi pueblo alegre como cuando gana la Chile o el Colo-Colo tomàndose las calles de la Patria, bailando, cantando, celebrando a la selección.

No le hagamos el juego a la selección anti nacional que quiere quedarse con la copa. Lección Pedagógica genial para tu pueblo, que a pesar de todo, pero por todo lo vivido, tengo la esperanza de que estemos aprendiendo a marchar por las anchas alamedas con una clara consigna ¡la Derecha no pasará!

domingo, 10 de enero de 2010

México: Cuatro periodistas asesinados o "levantados" en las últimas semanas


(Valentín Valdés Espinosa, reportero asesinado el jueves en Saltillo, Coahuila)

Los grupos delictivos de México son enemigos de los medios informativos, el periodismo y los periodistas. La llamada delincuencia -que sí está- organizada, en especial la que controla las redes del narcotráfico, asesina en el país el derecho a la información y a quienes la ejercen, a los reporteros, directivos, camarógrafos y fotógrafos de las empresas mediáticas. Protegidos por el casi nulo interés oficial por encontrar a los culpables, los criminales actúan con impunidad.

En un breve lapso, menos de tres semanas, se han perpetrado cuatro atentados contra informadores: victimaron a dos y desaparecieron a dos más, en tres estados de la república.

Ser periodista en México y cubrir informativamente asuntos relacionados con el narcotráfico, los grupos delictivos en general y sus protectores disfrazados de servidores públicos, convirtió al periodismo en una profesión de alto riesgo. Informar es peligroso.

Dar a conocer, opinar, investigar sobre las extendidas y profundas redes cavadas por los traficantes de drogas y sus numerosos cómplices en los círculos de la seguridad pública oficial, es arriesgarse a morir secuestrado, torturado y/o acribillado. Creada en 2006, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas ha resultado inútil, obsoleta, incapaz de resolver la creciente cifra de asesinatos de informadores.

Los datos son escalofriantes: del pasado 22 de diciembre a este viernes ocho enero se atentó contra periodistas en los estados de Coahuila, Sinaloa y Quintana Roo, al parecer por motivos relacionados con su actividad profesional.

La cadena de crímenes tuvo un eslabón más luego de que este jueves fueron “levantados” dos periodistas en Saltillo, Coahuila, que salieron cerca de la medianoche de su fuente de empleo. Poco después, el cuerpo sin vida, de uno de ellos, Valentín Valdés Espinosa, reportero del periódico Zócalo, apareció en la madrugada de este viernes. De los otros dos comunicadores que lo acompañaban se desconoce su paradero.

Con la desaparición de los dos comunicadores que estaban con Valdés Espinosa aumentó a once el número de periodistas desaparecidos durante lo que va del siglo, del 2000 a la fecha. O, si se prefiere, durante los sexenios panistas.

El 30 de diciembre fue “levantado” José Luis Romero, reportero del noticiario radiofónico Línea Directa, en Los Mochis, Sinaloa. Días antes, el 22 de diciembre, Alberto Velázquez, reportero del periódico Expresiones de Tulum, de Quintana Roo, fue asesinado.

“Ejecutan a reportero”, tituló este jueves su nota principal de portada el periódico Zócalo, de Saltillo, Coahuila. En su portal, www.zocalo.com.mx mostró la fotografía de su
reportero asesinado. Un listón negro, en señal de luto, fue colocado en el cabezal del diario. Listones similares han cubierto las redacciones de decenas de medios informativos: 58 periodistas han sido asesinados en México del 2000 a lo que va del 2010.

Argentina: La Plata, diez detenidos en manifestación contra gatillo fácil‏

LCN: La Plata, diez detenidos en manifestación contra gatillo fácil‏
Coordinadora x la Libertad de los Presos Políticos . coordinadoraxpresospoliticos@gmail.com

Comunicado

La Plata, Viernes 8/01/2010

VIOLENTA REPRESIÓN A FAMILIARES DE VICTIMAS DE GATILLO FÁCIL

Siendo las 14 hs, frente a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires fueron violentamente reprimidos los familiares y amigos del joven Ezequiel Heredia asesinado el pasado mes por miembros de la Comisaría Segunda de esta ciudad.

La movilización de no más de una treintena de personas, con las pancartas impresas con la imagen del joven de 18 años asesinado, se había concentrado en las puertas de la Gobernación para exigir Justicia, en un nuevo caso de Gatillo Fácil en manos de miembros de la Policía Bonaerense. Luego de unos instantes de tensión ciento cincuenta efectivos de la Infantería se abalanzaron sobre los familiares y los reprimieron salvajemente. Se llevaron a más de diez detenidos, en su mayoría menores, entre ellos a un de los hermanos de la víctima.

El acusado del asesinato es el efectivo Sergio Aguirre, quién se encuentra detenido junto a otro policía, en algún sitio que se desconoce. Desde que se produjo este asesinato feroz, los familiares y vecinos vienen recibiendo en el barrio provocaciones constantes por parte de miembros de la Comisaría Segunda.

El ensañamiento de la represión es la respuesta de la Bonaerense Y EL Gobierno Provincial ante los reclamos de los familiares y amigos que se organizan para terminar con la impunidad y detener esta matanza continua de jóvenes en los barrios de la Provincia de Buenos Aires.

CUERPO DE DELEGADOS DE LOS TRABAJADORES DE DDHH ATE PCIA DE BUENOS AIRES

CONTACTOS: Pedro, ATE-ddhh: 221 15 5410565

Cintia, ATE-ddhh 221 15 435 5104

Tamara, familiar 221 15 440 0592

NO HAY DEMOCRACIA NI DERECHOS HUMANOS CON PRESOS POLITICOS Y PROCESADOS POR LUCHAR

LIBERTAD A TODOS LOS PRESOS POLITICOS

COORDINADORA POR LA LIBERTAD DE LOS PRESOS POLITICOS

http://coordinadoraxpresospoliticos.blogspot.com
coordinadoraxpresospoliticos@gmail.com

Redacción
La Coordi Noticias

domingo, 17 de mayo de 2009

Síntomas de una civilización enferma, J.Majfud

El Producto de la Bestia Interior
La delincuencia,la cultura de la impunidad y los valores contemporáneos
Jorge Majfud www.tlaxcala.es
Redefinir
Uno de los mejores americanos fue un inglés. El mayor incendiario, independentista, anarquista, promotor de la desobediencia civil y defensor de los derechos de igualdad y libertad de pensamiento fue un hijo del mayor imperio del momento. Su librito más importante, Common Sense (1776), fue la llama que prendió el hilo de pólvora, por entonces inerte en la mente de la mayoría de los americanos y hasta del mismo George Washington. La primera idea que inicia El sentido común de Thomas Paine, no sin paradoja, afirma que la costumbre de pensar correctamente da la superficial idea de estar en lo cierto, lo que garantiza la feroz defensa de una costumbre.
En nuestros tiempos, uno de esos lugares comunes es, por ejemplo, repetir y sostener que los criminales son “inadaptados sociales”. Lo que de paso sirve para calmar la conciencia del resto de la sociedad que no anda por ahí matando por un kilo de basura. Pero si vemos algo del bosque, hasta el peor asesino es un perfecto adaptado social. No lo son sus víctimas, en todo caso. No eran adaptados sociales ni Sócrates, ni Jesús ni el modesto verdulero que se puso a contar las magras ganancias del día sin atender al asesino que lo acuchilló.
Cuando repudiamos el horror de un crimen en el fondo repudiamos lo que somos como sociedad y nuestra impotencia es la negación de ese reconocimiento, ya que si pudiésemos matar al asesino de un amigo no lo haríamos y si lo hiciéramos no calmaríamos nuestro espíritu por ese acto de fuerza absoluta.
Gobiernos permisivos
En Europa y en Estados Unidos un creciente número de personas responsabiliza a la inmigración por el incremento de la violencia. Aunque podemos pensar que la ilegalidad, la falta de goce de derechos civiles y la desesperación pueden llevar fácilmente a un individuo a la delincuencia, aún así parece que los ilegales se abstienen más del crimen que los ciudadanos. Como los estudios más serios demuestran con números que las olas inmigratorias no son las causas del incremento de la criminalidad sino que en muchos contextos tienen un efecto contrario, se argumenta que si no es la cantidad por lo menos es la calidad de los nuevos crímenes. Es posible que los medios de difusión jueguen un factor en la percepción de un horror antiguo, pero podemos aceptar que la violencia ha llegado o se mantiene en niveles intolerables para una sensibilidad civilizada —dejemos de lado que estos crímenes también son un fenómeno de la ciudad, de la civilización.
En América latina, como no se les puede echar la culpa a los antiguos inmigrantes, se le echa la culpa a la permisividad de los gobiernos. Así surge la tentación fácil de reclamar el regreso de las viejas dictaduras o, por lo menos, de sus viejos métodos.
Primero, considerando que todos éstos son países republicanos, la acusación no tiene sustento. No son los gobiernos los que administran la justicia.
Segundo, no es casualidad que los reclamos de “mano dura” provengan siempre de sectores de la derecha política cuando hoy en día, rompiendo con una tradición centenaria, la mayoría de los gobiernos se declaran de izquierda.
Tercero, en mi país, Uruguay, y en muchos otros, esta acusación además es paradójica. Quienes cometieron crímenes en masa, violaciones al por mayor, han obtenido grandes descuentos cuando no el perdón oficial y, en algún período de la reciente historia, el perdón de la mayoría del electorado. Entonces ¿cómo los políticos que durante décadas construyeron un discurso ideológico de impunidad y de olvido ante los mayores crímenes contra la humanidad pueden hablar ahora de “gobiernos permisivos”? ¿Por qué habría un país de usar mano dura con un asesino que mata a un inocente y promover el megaolvido y el megaperdón de una cofradía de asesinos que secuestra, tortura, viola y asesina a cientos y a miles? ¿Cómo pueden estos mismos discursantes de la moral pública levantar las cejas de asombro ante olas de delincuentes, como si esta verdadera “adaptación social” hubiese sido aprendida en cuatro cursos acelerados de Perversión Civil?
Síntomas de una civilización enferma
Hay, sin embargo, un factor central que no depende de los políticos criollos de turno, sean de derecha o de izquierda. Tampoco vamos a pensar que nuestros criminales, sean reos o sean ex presidentes, son los responsables del rumbo de toda una civilización. También ellos son colaboradores, quizás involuntarios, de un sistema que, si no supera el tamaño de sus egos, al menos sí supera el alcance de sus poderes reales.
También son ellos y somos nosotros hijos de una cultura y de una civilización. La civilización del músculo, del proselitismo y de la conquista; la cultura del materialismo y de la más reciente fiebre del consumismo como síntoma de éxito.
¿Por qué se llaman “países emergentes” a Rusia, China e India? Su “éxito” radica en parecerse algo más a Estados Unidos al tiempo de presentarse como “algo distinto”. Con demasiado anticipo celebran el fin del imperialismo americano mientras cada uno de ellos deja la vida por convertirse en nuevos imperios capitalistas. Copian defectos ajenos mientras conservan los propios. El éxito de estos países “tan distintos” se mide y se define en las bolsas de las capitales financieras, en el gasto interno, en el consumo de combustible, en el número de nuevos millonarios, en la construcción de nuevos centros comerciales con sus Halloween, sus barbies rubias de ojos rasgados. El objetivo es el éxito y éste se mide con los mismos valores que ya fueron definidos e impuestos por Estados Unidos
El especulador de Wall Street, el traficante de drogas y el ladrón de gallinas persiguen lo mismo, porque sus valores son esencialmente los mismos: el éxito económico, con o sin el éxito del prójimo, con o sin el imperio del la ley. (El exceso de testosterona provoca mayor placer en la derrota del rival que en la victoria propia.) La diferencia radica en que unos ejercen el peso de la ley, no porque son buenos sino porque les conviene. Cuando la ley deja de convenirles surgen los Bernard Madoff con sus calculadas megaetafas. ¿Cuántos miles, sino millones de víctimas dejan estos criminales? Sin duda muchas más que un horrible asesino que descarga toda la basura de su subcultura en una pobre víctima individual. Y el horror se ve con la sangre, no con los hambreados del despido ni con los muertos anónimos bajo las bombas de los intereses corporativos.
Quizás los criminales comunes sean la forma en que una sociedad expurga sus propios pecados. Quien roba, asesina, viola, trafica con drogas es un perfecto adaptado social. Adaptado a los valores básicos de nuestras sociedades contemporáneas, fundadas en la competencia, la avaricia y la desesperación por el éxito individual. Unos ejercitamos ese vicio a través del arte, de las ciencias. Otros a través de las intrigas públicas, en caso de un político, o de las intrigas domésticas, en caso de un pobre diablo. Otros son más directos y asaltan, roban y matan. Esos criminales representan los valores más profundos de nuestras sociedades pero carecen del arte y de la educación de los buenos jugadores que triunfan porque respetan las reglas del juego. Sin importar si se trata de un juego de damas o de la ruleta rusa o de Abu Ghraib.
En esta cadena de violencias todas son parte de un mismo mecanismo. Un pequeño engranaje parece girar en sentido opuesto a un engranaje mayor, pero éste se mueve por aquel y aquel para éste.
Nadie puede cambiar por sí solo el rumbo de la civilización. Ella nos crea. Pocos pueden cambiar el destino de millones de personas que sufren o se benefician de sus decisiones. Casi todos podemos hacer algo por cambiar nuestro entorno más inmediato. Todos, sin duda, podemos hacer mucho por cambiarnos a nosotros mismos. El único problema es que casi nunca queremos. Estamos demasiado enamorados de nuestros defectos y preferimos hablar de los defectos ajenos.
Fuente: Rebelion

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