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sábado, 18 de septiembre de 2010

Honduras: Eduardo Galeano y Solidaridad Uruguaya

La movilización del pueblo aterroriza al gobierno espurio de Porfirio Lobo

Red Morazánica de Información

Tegucigalpa. 17 Septiembre 2010. “Para nosotros resulta evidente que la movilización del pueblo aterroriza al gobierno espurio de Porfirio Lobo y a las fuerzas de derecha que él mismo representa”, expresó, ayer, el Comité Uruguayo de Solidaridad con el Pueblo de Honduras, en mensaje de aliento al Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), por la “brutal represión” sufrida en San Pedro Sula.

Y continua el comunicado, firmado por 29 miembros que encabeza Eduardo Galeano: “por eso es que apuestan a sembrar el terror; por su parte ustedes apuestan al coraje, y a que el mismo se contagia y expande. En esa pugna, no tenemos dudas que más temprano que tarde el pueblo vencerá”.

El Comité, envía “su mensaje de solidaridad y aliento”, una vez que se han enterado “de la brutal represión ejercida contra la multitudinaria movilización celebrada en el día de ayer en San Pedro Sula, que arrojó el saldo de un muerto, decenas de heridos y numerosos detenidos trasladados con rumbo desconocido”.

Comité Uruguayo de Solidaridad con el Pueblo de Honduras se solidariza con FNRP Montevideo, 16 de septiembre de 2010

Al Frente Nacional de Resistencia Popular
Tegucigalpa
Honduras

Queridos compañeros y compañeras:
Enterados de la brutal represión ejercida contra la multitudinaria movilización celebrada en el día de ayer en San Pedro Sula, que arrojó el saldo de un muerto, decenas de heridos y numerosos detenidos trasladados con rumbo desconocido, el Comité Uruguayo de Solidaridad con el Pueblo de Honduras les hace llegar su mensaje de solidaridad y aliento.

Para nosotros resulta evidente que la movilización del pueblo aterroriza al gobierno espurio de Porfirio Lobo y a las fuerzas de derecha que el mismo representa, por eso es que apuestan a sembrar el terror; por su parte ustedes apuestan al coraje, y a que el mismo se contagia y expande. En esa pugna, no tenemos dudas que más temprano que tarde el pueblo vencerá.

Un fuerte abrazo de los integrantes del Comité.

Eduardo Galeano Belela Herrera Efraín Olivera Guillermo Chifflet Macarena Gelman Daniel Viglietti Víctor Vaillant Felipe Carballo Jorge Pozzi Enrique Barrios Mónica Travieso Daniel Gatti Rubén Sánchez Roberto Placeres Roger Rodríguez Enildo Iglesias Hugo Infanzón Walter Migliónico Andrés Gilmet Kennedy Ricardo Carrere Gustavo Sotelo Jorge Almeida Humberto Tommasino Jorge Chichet Pablo Fernandez María Isabel Cárcamo Germán González Juan Tons Silvina Amuz Gabriel Sánchez Héctor Numa Moraes Jorge Burgos José Oxley Daysi Tourné Héctor Piedra Buena Gerardo Iglesias

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Eduardo Galeano se "alía" al imperialismo español

Galeano no solo cometió el error de salir en el documental del Juez Garzón, sino que también acudirá el próximo 7 de septiembre a una conferencia con la neocolonialista Cooperación Española. (AECID)

Se dice que elo Manifiesto Comunista es la Biblia del movimiento obrero, pero al mismo etiquetaje se hace sobre la obra de Eduardo Galeano " Las venas abiertas de América Latina" y el movimiento antiimperialista latinoamericano [1].

Hugo Chávez, presidente de Venezuela, es un indicador sobre esta comparativa. No solo señala la obra en muchos de sus discursos como base teórica para la segunda emancipación política y económica por la que lucha el pueblo latinoamericano sino que se la obsequió al presidente del imperio estadounidense, Barack Obama, en Abril de 2009 durante una reunión entre Estados Unidos y la UNASUR, como acción de rebelión.

Me acuerdo cuando leí por primera vez la obra de Galeno. Romper con la ideología dominante que el sistema educativo del estado español nos implanta a cualquier estudiante haciéndonos ver que América fue un descubrimiento y no una invasión en 1492, afirmando que los indios eran culturas infrahumanas hasta que llegaron los españoles y europeos y los civilizaron,… además de vivir en mi infancia la celebración internacional y mediática del evento del V Aniversario del “Descubrimiento” de América en 1992, fue un momento de transición en mi vida. Con datos empíricos, con redacción ensayística, literaria e incluso periodística, Galeano para muchos jóvenes es un profesor de la vida, enseñar el verdadero pasado para poder entender el presente y luchar por un mejor futuro.

Igual que Galeano consigue romper con la realidad histórica enmascarada, y queriendo, o sin querer, enseña a cualquier humano a rebelarse contra la ideología construida por el poder, a pensar y actuar, con sus consejos también nos enseña a que no hay ningún predicador, y la crítica a la crítica para conseguir la libertad constantemente debe ser utilizada. Su obra nos enseñó, a la juventud, no solo a reconstruir la historia sino también a criticar los que la reconstruyen, como el mismo Galeano.

Galeano con Garzón y con la AECID

En el documental “El Alma de los Verdugos”, realizado y presentado por el juez español Baltasar Garzón y el periodista Vicente Romero hace unos años, Galeano sale entrevistado amistosamente por el Juez. Con el aprendizaje de Galeano de romper con la ideología dominante del sistema, conseguí vencer el enmascaramiento de Garzón como juez justo con pleno humanismo y conocí la verdad tirana de este magistrado. Su imagen de juez por la defensa de los Derechos Humanos en su función judicial contra las dictaduras del Cono Sur, en especial el Caso Pinochet (dictador fascista en Chile entre 1973 y 1989) o el Caso Videla (dictador fascista en Argentina entre 1976 y 1983), o su interés en conseguir ciertas legalidades para investigar Crímenes de la dictadura franquista en el estado español (1939-1975), estaban al mismo nivel de criminalidad de lo ocultado por los medios de comunicación y la cultura política española; la represión y las violaciones de los Derechos Humanos que ejerció Garzón contra el pueblo vasco, des de cientos de presos, cierre de diarios como el Eguankaria en 2003 o el “Egin” en 1998, torturas inhumanas en las cárceles,… Si Galeano nos enseñó a conocer las masacres ocultas contra el pueblo indígena latinoamericano y reconstruir la historia, ¿acaso no conocía lo mismo que sucede sobre el pueblo indígena vasco para ayudarnos a reconstruir la ideología del poder? Gracias Galeano por enseñarnos a desenmascar[2].

El próximo martes 7 de septiembre, la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID) organizará un evento con la invitación de Eduardo Galeano titulado “"Algunos pecados capitales del mundo al revés"[3]. La reconstrucción de la historia y el método crítico que nos enseñó Galeano también es utilizable para el presente. El colonialismo español en América Latina iniciado en 1492, ha tenido su evolución en estos 5 siglos. Tras la independencia de los actuales estados latinoamericanos durante el siglo XIX del domino español, la dominación del centro a la periferia, como señalan teóricos de la Teoría de la Dependencia, Gunder Frank o Samir Amin, simplemente ha tenido cambios estructurales, pasando epistemológicamente de colonialismo a neocolonialismo. El control cultural, económico, político y militar del imperio español en sus países colonizados, tras la “independencia” de sus colonias latinoamericanas, y un siglo XIX de guerras civiles carlistas y un siglo XX de dictadura aislada franquista, retornó la dominación del estado español en América con nuevas instituciones, las multinacionales y la Cooperación Español (AECID). ¿Qué pensaríamos de un Galeano imaginario del siglo XVI si aún escribiendo una obra como Las venas abiertas de América Latina acudiese a eventos que organizase el colono español Francisco Pizarro?

Según Antonio Rodríguez Carmona, autor de la investigación El proyectorado: tras 20 años de ayuda externa[4], explica como la Cooperación Internacional acaba siendo un método de control y dependencia del estado de Bolivia. Según Carmona “durante la aguda crisis económica de 2003 (en Bolivia), la cooperación internacional alcanzó $Us 929 millones, lo que representó el 12% del Producto Interior Bruto (PIB) y el 186% de la inversión pública. Desde esa atalaya, los países donantes decidían las políticas de lucha contra la pobreza, el Banco Mundial “aconsejaba” al gobierno de turno recortar los gastos sociales para contener el déficit público, la Embajada Norteamericana en La Paz definía ministros, su agencia de lucha contra el narcotráfico (DEA en inglés) intervenía en el Chapare como en terreno propio… Y Bolivia era un país donde las petroleras transnacionales operaban (y contaminaban) a su antojo, pagando los impuestos más bajos de todo el continente. ¿No se llama a eso dependencia? Aquí no queda de lado la Cooperación Española (AECID), donde este organismo, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, financia ciertos proyectos a ONGs españolas que intervienen en el estado de Bolivia, e incluso cooperación bilateral entre estado y estado, financiando la AECID proyectos de Ministerios del gobierno de Bolivia, con consecuencias elevadas a su dependencia económica para que las empresas transnacionales españolas como Repsol-YPF, el Grupo Iberdrola y Red Eléctrica Española sigan haciendo presencia en el mercado energético, eléctrico y de hidrocarburos de Bolivia, llevándose riquezas que pertenecen al pueblo boliviano. Evo Morales se pensará mas de una vez nacionalizar empresas transnacionales españolas en Bolivia sino quiere suprimir los proyectos que financia el gobierno español con la AECID, un instrumento de control y dependencia.

Me acuerdo en las “Venas Abiertas de América Latina” cuando Galeano explica en un pasaje las riquezas que se llevaron las manos españolas de la minería de Potosí mientras los bolivianos y bolivianas eran quienes trabajaban con su sudor y falta de oxígeno en esas minas. Actualmente, la historia no ha cambiado mucho, los bolivianos son los trabajadores rasos, mientras gran parte de los beneficios de la riqueza mineral de Bolivia sigue en dirección a manos de empresarios españoles.

Gracias Galeano por enseñarme a desenmascar la realidad y consecuentemente a criticar (te).
Fuente: Kaos en la Red

jueves, 20 de mayo de 2010

El 18 de mayo de 1895: Se llamará Sandino -Eduardo Galeano

A las puertas de esta casa de adobe se juntan las gentes, atraída por el llanto.

Como araña volteada mueve brazos y piernas el recién nacido. No vienen desde lejos los reyes magos para darle la bienvenida, pero le dejan regalos un labrador, un carpintero y una vivandera que pasa camino del mercado.


La comadrona ofrece agüita de alhucemas a la madre y al niño una pizca de miel, que es su primer sabor del mundo.



Después, la comadrona entierra la placenta, que tan raíz parece, en un rincón del huerto. La entierra en buen lugar, donde da fuerte el sol, para que se haga tierra se hará tierra aquí en Niquinohomo.



Dentro de algunos años, también tierra se hará, tierra alzada de toda Nicaragua, el niño que acaba de salir de esta placenta.

jueves, 6 de mayo de 2010

El origen del mundo - Eduardo Galeano

Joseph Verdura

’Si creéis que ahorcándonos podéis acabar con el movimiento obrero... el movimiento del cual millones de oprimidos, los millones que trabajan en la miseria y la necesidad esperan su salvación, si ésta es vuestra opinión, entonces,¡entonces ahórquennos! Aquí pisoteáis una chipa, pero alí y allá, detrás de vosotros, y por todas partes, las llamas surgirán. Es un fuego subterraneo.
No lo podréis apagar"
August Spies (ejecutado en Chicago el 11 de noviembre de 1887)

Hacía pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa Beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo.

Mucho tiempo después, Joseph Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio. Me lo conto: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna, y el muy ateo, muy tozudo, no entendía razones.

- Pero papá -le dijo Joseph, llorando-. Si dios no existe ¿quién hizo el mundo?

Tonto -dijo el obrero cabizbajo, casi en secreto- Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles

domingo, 18 de abril de 2010

Los derechos del hombre y la tierra - Eduardo Galeano

Lamentablemente, no podré estar con ustedes. Ojalá se pueda hacer todo lo posible, y lo imposible también, para que la Cumbre de la Madre Tierra sea la primera etapa hacia la expresión colectiva de los pueblos que no dirigen la política mundial, pero la padecen.

Ojalá seamos capaces de llevar adelante estas dos iniciativas del compañero Evo [Morales, presidente de Bolivia], el Tribunal de la Justicia Climática y el Referéndum Mundial contra un sistema de poder fundado en la guerra y el derroche, que desprecia la vida humana y pone bandera de remate a nuestros bienes terrenales.

Ojalá seamos capaces de hablar poco y hacer mucho. Graves daños nos ha hecho, y nos sigue haciendo, la inflación palabraria, que en América Latina es más nociva que la inflación monetaria. Y también, y sobre todo, estamos hartos de la hipocresía de los países ricos, que nos están dejando sin planeta mientras pronuncian pomposos discursos para disimular el secuestro.

Hay quienes dicen que la hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud. Otros dicen que la hipocresía es la única prueba de la existencia del infinito. Y el discurserío de la llamada “comunidad internacional”, ese club de banqueros y guerreros, prueba que las dos definiciones son correctas.

Yo quiero celebrar, en cambio, la fuerza de verdad que irradian las palabras y los silencios que nacen de la comunión humana con la naturaleza. Y no es por casualidad que esta Cumbre de la Madre Tierra se realiza en Bolivia, esta nación de naciones que se está redescubriendo a sí misma al cabo de dos siglos de vida mentida.

Bolivia acaba de celebrar los diez años de la victoria popular en la guerra del agua, cuando el pueblo de Cochabamba fue capaz de derrotar a una todopoderosa empresa de California, dueña del agua por obra y gracia de un Gobierno que decía ser boliviano y era muy generoso con lo ajeno.

Esa guerra del agua fue una de las batallas que esta tierra sigue librando en defensa de sus recursos naturales, o sea: en defensa de su identidad con la naturaleza. Bolivia es una de las naciones americanas donde las culturas indígenas han sabido sobrevivir, y esas voces resuenan ahora con más fuerza que nunca, a pesar del largo tiempo de la persecución y del desprecio.

El mundo entero, aturdido como está, deambulando como ciego en tiroteo, tendría que escuchar esas voces.

Ellas nos enseñan que nosotros, los humanitos, somos parte de la naturaleza, parientes de todos los que tienen piernas, patas, alas o raíces.

La conquista europea condenó por idolatría a los indígenas que vivían esa comunión, y por creer en ella fueron azotados, degollados o quemados vivos.

Obstáculo al progreso

Desde aquellos tiempos del Renacimiento europeo, la naturaleza se convirtió en mercancía o en obstáculo al progreso humano. Y hasta hoy, ese divorcio entre nosotros y ella ha persistido, a tal punto que todavía hay gente de buena voluntad que se conmueve por la pobre naturaleza, tan maltratada, tan lastimada, pero viéndola desde afuera. Las culturas indígenas la ven desde adentro.

Viéndola, me veo. Lo que contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis piernas son también el camino que las anda.

Celebremos, pues, esta Cumbre de la Madre Tierra. Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad.

viernes, 15 de enero de 2010

Los pecados de Haití. Galeano

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto
Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:
-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.
La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:
-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.
Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado... de artistas.
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista
Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización". Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses".

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro".
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras".
La humillación imperdonable
En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.
La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

domingo, 23 de agosto de 2009

Eduardo Galeano - Defensa de la palabra

Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros. Uno supone que la literatura transmite conocimiento y actúa sobre el lenguaje y la conducta de quien la recibe; que nos ayuda a conocernos mejor para salvarnos juntos. Pero “los demás” y “los otros” son términos demasiado vagos; y en tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira. Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte, o mala suerte, uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta tierra, y la mayoría de ellos no sabe leer. Entre la minoría que sabe, ¿cuántos disponen de dinero para comprar libros? ¿Se resuelve esta contradicción proclamando que uno escribe para esa cómoda abstracción llamada “masa”?

No hemos nacido en la luna, no habitamos el séptimo cielo. Tenemos la dicha y la desgracia de pertenecer a una región atormentada del mundo, América Latina, y de vivir un tiempo histórico que golpea duro. Las contradicciones de la sociedad de clases son, aquí, más feroces que en los países ricos.

La miseria masiva es el precio que los países pobres pagan para que el seis por ciento de la población mundial pueda consumir impunemente la mitad de la riqueza que el mundo entero genera. Es mucho mayor la distancia, el abismo que en América Latina se abre entre el bienestar de pocos y la desgracia de muchos; y son más salvajes los métodos necesarios para salvaguardar esa distancia.

El desarrollo de una industria restrictiva y dependiente, que aterrizó sobre las viejas estructuras agrarias y mineras sin alterar sus deformaciones esenciales, ha agudizado las contradicciones sociales en lugar de aliviarlas. La habilidad de los políticos tradicionales, expertos en las artes de la seducción y la estafa, resulta hoy insuficiente, anticuada, inútil; el juego populista que permitía otorgar para manipular ya no es posible, o revela su peligroso doble filo. Las clases y los países dominantes recurren a la maquinaria represiva. ¿De qué otra manera podría sobrevivir sin cambios un sistema social cada vez más parecida a un campo de concentración? ¿Cómo mantener a raya, sin alambradas de púas, a la reciente legión de los malditos? En la medida en que el sistema se siente amenazado por el desarrollo sin tregua de la desocupación, la pobreza y las tensiones sociales y políticas derivadas, se abrevia el espacio disponible para la simulación y los buenos modales: en los suburbios del mundo el sistema revela su verdadero rostro.

¿Por qué no reconocer un cierto mérito de sinceridad en las dictaduras que oprimen, hoy por hoy, a la mayoría de nuestros países? La libertad de los negocios implica, en tiempos de crisis, la prisión de las personas.

Los científicos latinoamericanos emigran, los laboratorios y las universidades no tienen recursos, el “know how” industrial es siempre extranjero y se paga carísimo, pero ¿por qué no reconocer un cierto mérito de creatividad en el desarrollo de una tecnología del terror? América Latina está haciendo inspirados aportes universales en cuanto al desarrollo de métodos de torturas, técnicas del asesinato de personas e ideas, cultivo del silencio, multiplicación de la impotencia y siembra del miedo.

Quienes queremos trabajar por una literatura que ayude a revelar la voz de los que no tienen voz, ¿cómo podemos actuar en el marco de esta realidad? ¿Podemos hacernos oír en medio de una cultura sorda y muda? Las nuestras son repúblicas del silencio. La pequeña libertad del escritor, ¿no es a veces la prueba de su fracaso? ¿Hasta dónde y hasta quiénes podemos llegar?

Hermosa tarea la de anunciar el mundo de los justos y los libres; digna función la de negar el sistema del hambre y de las jaulas visibles o invisibles. Pero, ¿a cuántos metros tenemos la frontera? ¿Hasta dónde otorgan permiso los dueños del poder?

Mucho se ha discutido en torno de las formas directas de censura bajo los diversos regímenes sociales y políticos que en el mundo son o han sido, la prohibición de libros y periódicos incómodos o peligrosos y el destino de destierro, cárcel o fosa de algunos escritores y periodistas. Pero la censura indirecta actúa de un modo más sutil. No por menos aparente es menos real. Poco se habla de ella; sin embargo, en América Latina es la que más profundamente define el carácter opresor y excluyente del sistema que la mayoría de nuestros países padece. ¿En qué consiste esta censura que nunca osa decir su nombre? Consiste en que no viaja el barco porque no hay agua en el mar: si un cinco por ciento de la población latinoamericana puede comprar refrigeradores, ¿qué porcentaje puede comprar libros? ¿Y qué porcentaje puede leerlos, sentir su necesidad, recibir su influencia?

Los escritores latinoamericanos, asalariados de una industria de la cultura que sirve al consumo de una elite ilustrada, provenimos de una minoría y escribimos para ella. Esta es la situación objetiva de los escritores cuya obra confirma la desigualdad social y la ideología dominante; y es también la situación objetiva de quienes pretendemos romper con ellas. Estamos bloqueados, en gran medida, por las reglas de juego de la realidad en la que actuamos.

El orden social vigente pervierte o aniquila la capacidad creadora de la inmensa mayoría de los hombres y reduce la posibilidad de la creación – antigua respuesta al dolor humano y a la certidumbre de la muerte – al ejercicio profesional de un puñado de especialistas. ¿Cuántos somos, en América Latina, esos “especialistas”? ¿Para quiénes escribimos, a quiénes llegamos? ¿Cuál es nuestro público real? Desconfiemos de los aplausos. A veces nos felicitan quienes nos consideran inocuos.

Uno escribe despistar a la muerte y extrangular los fantasmas que por dentro nos acosan...

Fuente: Apia Virtual www.apiavirtual.com

lunes, 27 de abril de 2009

Eduardo Galeano: Venas Abiertas de América Latina, Venezuela



Aunque su participación en el mercado mundial se ha reducido a la mitad en los años sesenta, Venezuela es todavía, en 1970, el mayor exportador de petróleo. De Venezuela proviene casi la mitad de las ganancias que los capitales norteamericanos sustraen a toda América Latina. Este es uno de los países más ricos del planeta y, también, uno de los más pobres y uno de los más violentos.

Ostenta el ingreso per capita más alto de América Latina, y posee la red de carreteras más completa y ultramoderna; en proporción a la cantidad de habitantes, ninguna otra nación del mundo bebe tanto whisky escocés. Las reservas de petróleo, gas y hierro que su subsuelo ofrece a la explotación inmediata podrían multiplicar por diez la riqueza de cada uno de los venezolanos; en sus vastas tierras vírgenes podría caber, entera, la población de Alemania o Inglaterra. Los taladros han extraído, en medio siglo, una renta petrolera tan fabulosa que duplica los recursos del Plan Marshall para la reconstrucción de Europa; desde que el primer pozo de petróleo reventó a torrentes, la población se ha multiplicado por tres y el presupuesto nacional por cien, pero buena parte de la población, que disputa las sobras de la minoría dominante, no se alimenta mejor que en la época en que el país dependía del cacao y del café (1). Caracas, la capital, creció siete veces en treinta años; la ciudad patriarcal de frescos patios, plaza mayor y catedral silenciosa se ha erizado de rascacielos en la misma medida en que han brotado las torres de petróleo en el lago de Maracaibo. Ahora, es una pesadilla de aire acondicionado, supersónica y estrepitosa, un centro de la cultura del petróleo que prefiere el consumo a la creación y que multiplica las necesidades artificiales para ocultar las reales. Caracas ama los productos sintéticos y los alimentos enlatados; no camina nunca, sólo se moviliza en automóvil, y ha envenenado con los gases de los motores el limpio aire del valle; a Caracas le cuesta dormir, porque no puede apagar la ansiedad de ganar y comprar, consumir y gastar, apoderarse de todo. En las laderas de los cerros, más de medio millón de olvidados contempla, desde sus chozas armadas de basura, el derroche ajeno. Relampaguean los millares y millares de automóviles último modelo por las avenidas de la dorada capital. En vísperas de las fiestas, los barcos llegan al puerto de La Guaira atiborrados de champaña francesa, whisky de Escocia y bosques de pinos de Navidad que vienen del Canadá, mientras la mitad de los niños y los jóvenes de Venezuela quedan todavía, en 1970, según los censos, fuera de las aulas de enseñanza.

enlace seguir leyendo La Clase www.laclase.info

viernes, 27 de marzo de 2009

Eduardo Galeano en México


2do Encuentro de Escritores por la Tierra


Leyó fragmentos de su libro Espejos en el foro de escritores en homenaje a Ernesto Cardenal.

El narco prospera donde hay "gobiernos de derecha", señala Eduardo Galeano

"La ocupación militar de EU en Colombia empieza a ser el caso de México", alerta.

No hemos sido capaces de poner las máquinas a nuestro servicio, deplora el autor uruguayo.
Eduardo Galeano participó en el segundo Encuentro de Escritores por la Tierra que se desarrolla en Jalapa, con los auspicios de la Universidad Veracruzana, entre otras instituciones.
Sabemos que Eduardo Galeano no se anda por la ramas y lo dijo con todas sus letras: con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, Estados Unidos somete y controla militarmente a otras naciones. Es el caso de Colombia, donde "hay una ocupación militar que, en parte, empieza a ser gravemente el caso de México".
Si se quiere acabar con el problema, sostuvo el escritor uruguayo, "habría que empezar por legalizar las drogas".Al decir esto, Galeano recibió uno los aplausos más intensos y prolongados durante su intervención en el segundo Encuentro de Escritores por la Tierra –en homenaje al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal–, que tiene lugar en Jalapa.
El autor de Las venas abiertas de América Latina hizo notar que es en países con regímenes de derecha en los cuales el problema es más agudo o está fuera de control: obviamente estos gobiernos no están de acuerdo con la legalización porque significa acabar con "el mejor negocio de los grandes bancos del mundo", que se benefician del dinero que produce el narcotráfico.
"Son en general gobiernos de derecha los que hacen que esto prospere, hasta convertir los estados en narcoestados, los países en narcopaíses, pero el caso más clamoroso de todos y que no se menciona es el de Afganistán, donde se produce 90 por ciento de la heroína que se consume en el mundo; como todo mundo sabe, Afganistán es un país invadido por Estados Unidos en nombre de la democracia. Que se sepa, ahí no hay democracia."Así, la víbora se muerde la cola. O sea, es un negocio perfecto: Estados Unidos lo produce, lo consume, ¿qué falta, además de cobrarlo?"El gobierno de Afganistán, "alcahuete del poder imperial, no ha movido un dedo para acabar con su fuente principal de riqueza, que es la producción de heroína".
Orfebre de la palabra
El narcotráfico fue uno de los muchos temas abordados por Eduardo Galeano frente a las más de 500 personas –jóvenes en su mayoría– que atiborrarron el auditorio Jesús Morales Fernández, de la Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana (UV). Sentados en el piso, amontonados en los pasillos, ninguno quería perder detalle.Como sucede desde hace años en cada aparición pública, Galeano fue aclamado del mismo modo en que se aclama a un cantante famoso.Orfebre prodigioso de la palabra escrita y oral, juguetón y seductor, el escritor leyó fragmentos de su libro más reciente, Espejos, para después comentarlos con la audiencia.
Posteriormente se abrió una sesión de preguntas y respuestas. Uno de los temas que surgieron entonces fue el de las nuevas tecnologías y la manera que influyen en el modo de vida contemporáneo: “Uno de los problemas principales de nuestro tiempo es que somos máquinas de nuestras máquinas: las computadoras nos programan, los televisores nos miran, los automóviles nos manejan.“Pero eso no es culpa de las máquinas, es culpa nuestra porque no hemos sido capaces de ponerlas a nuestro servicio.“Hemos llegado a una relación paradójica con las máquinas: inventamos los autos para facilitar el transporte y por culpa de los autos hoy no podemos movernos.
"Y lo más dramático: se pensaba que las máquinas harían buena parte del trabajo para que los seres humanos trabajaran menos por el mismo salario, disponiendo así de mayor bienestar y tiempo libre."No ha sido así: las máquinas desplazaron a muchos trabajadores, que fueron lanzados a la desocupación y la miseria."
El acto fue rematado con una firma de libros. Decenas de personas formaron una larga fila para obtener el preciado autógrafo del escritor.Durante su estancia en esta ciudad, Eduardo Galeano visitó el Museo de Antropología de Jalapa.
Asombro del visitante.
La reportera Blanche Petrich, quien entrevistó a Galeano para este diario, atestiguó la visita del escritor al magnífico recinto. Presenció el asombro y entusiasmo del visitante ante distintas piezas.
En particular le llamó la atención la efigie de El Señor de las Limas, escultura en jade que representa a un hombre sentado con las piernas cruzadas y con un niño jaguar muerto.
Fue descubierta en el poblado de Las Limas; durante mucho tiempo los habitantes de la región pensaron que era una virgen y la metieron en una iglesia para adorarla, hasta que los arqueólogos les explicaron de qué se trataba.
En1968 fue robada y años después, en 1974, una llamada anónima desde un hotel de paso en Texas dio cuenta de su paradero.Blanche Petrich vio a Galeano sacar su pluma y tomar nota de lo que acerca de la pieza le contaba la guía Maliyel Beverido, hija de un prominente estudioso de la cultura olmeca.
Tal vez en en el futuro ésta sea una de las muchas, fascinantes, historias que respiran en los libros de Eduardo Galeano.Dentro de las actividades del segundo Encuentro de Escritores por la Tierra, que organizan la Fundación Mare Terra, la Red Internacional de Escritores por la Tierra y la Universidad Veracruzana, este jueves Eduardo Galeano y Ernesto Cardenal recibirán el doctorado honoris causa de esta casa de estudios.
Fuente: Red Latinoaméricana Salud/La Jornada-México

lunes, 19 de enero de 2009

Visualmente entendiendo las palabras de Galeano y la lucha Palestina

Operación Plomo Impune.

Eduardo Galeano.


Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.
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Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
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Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.*
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Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.

No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.

¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
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El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
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La llamada comunidad internacional, ¿existe?

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.-

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)

#Página 12. 18 de enero 2009/ Contratapa

domingo, 7 de diciembre de 2008

Entrevista a Eduardo Galeano


También soy la suma de mis metidas de pata

Dos escritores, viejos amigos y ambos uruguayos, hablando de literatura, política, historia y ea eterna cuestión, cóm y hasta dónde se puede cambiar el mundo.
Por Jorge Majfud
I Pasado
Una visión humanista considera la historia como un producto humano, producto de la libertad de sus individuos y de los diversos grupos que la han realizado e interpretado. Una visión antihumanista afirma que, por el contrario, esos individuos y esos grupos son el resultado de la historia misma y su libertad es una ilusión. Si me permití una limitación artificial dentro de este posible espectro, ¿dónde se situaría?
- Por lo que tengo caminado y escuchado, me da la impresión de que nosotros hacemos la historia que nos hace. Cuando la historia que hacemos nos sale más bien chueca, o es usurpada por los pocos que entre nosotros mandan, decimos que ella, la historia, tiene la culpa.
- En esta visión no hay lugar para el determinismo materialista o para algún tipo de fatalismo religioso...
- Los fatalismos son cómodos, te permiten dormir a pata suelta, el destino está escrito en los astros, la historia camina sola, no te amargues, hay que aceptar o aceptar. Los fatalismos mienten, porque si la vida no es una aventura de la libertad, que alguien venga y me explique si vale la pena vivir. Pero ojo: también mienten los iluminados, los elegidos que se atribuyen el poder de cambiar la realidad tocándola con su varita mágica: y si la realidad no me obedece, no me merece.
- Si el tiempo de las revoluciones modernas, es decir, de las revoluciones abruptas y violentas ha pasado, ¿es la progresión o la resistencia la mejor alternativa en nuestro tiempo?
-Andá a saber cuántos mundos hay dentro del mundo, y cuántos tiempos dentro del tiempo. La historia camina con nuestras piernas, pero a veces anda a paso muy lento, y a veces parece quieta. De todos modos, cuando los cambios vienen de abajo, desde lo hondo, a la corta o a la larga ellos encuentran su camino, al ritmo que quieren o pueden. Desde abajo, digo, desde el pie, como cantó Zitarrosa. Lo único que se hace desde arriba son los pozos.
-En tu último libro, Espejos, realizás un esfuerzo al mismo tiempo creativo y arqueológico sobre un vasto espacio geográfico y temporal. ¿Qué períodos de la historia crees que se llevarían el premio mayor a la crueldad y la injusticia?
-Hay demasidos favoritos en ese campeonato.
-Bueno, más puntual, ¿podrías resumir la crueldad en una imagen, en una situación que te ha tocado vivir?
Me ocurrió hace años, en un camión que atravesaba la selva del Alto Paraná. Salvo yo, era toda gente de ese mapa. Nadie hablaba. Ibamos muy apretados, en la caja del camión, a los tumbos. A mi lado, una mujer muy pobre, con un bebé en brazos. El bebé ardía de fiebre, se quejaba. Ella sólo dijo que precisaba un médico, que en alguna parte tenía que haber un médico. Y por fin llegamos a alguna parte, no sé cuántas horas habían pasado, hacía mucho que el bebé no se quejaba. Ayudé a que aquella mujer bajara del camión. Cuando recogí el bebé, vi que estaba muerto. El asesino que había cometido esa crueldad era todo un sistema de poder, que no iba preso ni viajaba en camiones destartalados.
-Con memorias como ésa deberíamos terminar aquí. Pero el mundo sigue girando. ¿Crees que el pasado precolombino ha sobrevivido tantos años de colonización y modernización, tanto como para definir una forma latinoamericana de ser, de sentir y hasta de pensar?
-Desde hace siglos, los dioses acuden, quién sabe cómo, desde el pasado americano y desde la selva africana y desde todas partes. Muchos de esos dioses viajan con otros nombres y usan pasaportes falsos, porque sus religiones se llaman supersticiones y ellos siguen condenados a la clandestinidad.
II Presente
-¿Estamos presenciando el fin del capitalismo, de un paradigma basado en el consumismo y el éxito financiero, o simplemente se trata de una crisis más de la que saldrá fortalecido el mismo sistema, la misma cultura hegemónica?
-Con frecuencia recibo convites para asistir al entierro del capitalismo. Bien sabemos, sin embargo, que vivirá más de siete vidas este sistema que privatiza sus ganancias pero tiene la amabilidad de socializar sus pérdidas, y por si fuera poco nos convence de que eso es filantropía. En gran medida, el capitalismo se nutre del desprestigio de sus alternativas. La palabra socialismo, por ejemplo, ha sido vaciada de significado, por la burocracia que la usó en nombre del pueblo y por la socialdemocracia que en su nombre modernizó el look del capitalismo. Sabemos que este sistema capitalista se las está arreglando bastante bien para sobrevivir a las catástrofes que desata. No sabemos, en cambio, cuántas vidas podrá vivir su víctima principal, el planeta que habitamos, exprimido hasta la última gota. ¿A dónde nos mudaremos cuando el planeta quede sin agua, sin tierra, sin aire? La empresa Lunar International ya está vendiendo lotes en la luna. A fines del 2008, el multimillonario ruso Roman Abramovich le regaló un terrenito a la novia.
-Quizá presume de ser el primer hombre que le regala un pedazo de la luna a una mujer, lo que viene a ser una especie de capitalismo romántico. ¿Crees que si China, por ejemplo, tuviese una economía hegemónica pronto se convertiría en un nuevo imperio, avasallante y colonialista como cualquier otro imperio?
- Si yo fuera profeta profesional, me moriría de hambre. No acierto ni en el fútbol, que de eso sí que algo sé. Todo lo que te puedo decir es lo que puedo ver: China está poniendo en práctica una exitosa combinación de dictadura política, al viejo estilo comunista, con una economía que funciona al servicio del mercado mundial capitalista. China puede proporcionar, así, baratísima mano de obra a empresas norteamericanas como Wal Mart, que prohíbe los sindicatos.
-A propósito, en el último “viernes negro”, el día del año en que en Estados Unidos las grandes cadenas de supermercados venden al costo, una avalancha de compradores no pudo esperar a que abrieran las puertas de uno de estos Wal Mart y se llevó por delante a un empleado. El hombre murió aplastado... A pesar de todo este absurdo, ¿podemos pensar que la humanidad se encuentra en un mayor estado de derechos individuales y de conciencia colectiva? ¿Qué es lo mejor de nuestro tiempo?
-En el siglo XX, la justicia fue sacrificada en nombre de la libertad, y la libertad fue sacrificada en nombre de la justicia. Ya nuestro tiempo es el siglo XXI, y lo mejor que tiene es el desafío que contiene: nos invita a luchar para ayudar al reencuentro de la justicia y la libertad. Ellas quieren vivir bien pegaditas, espalda contra espalda.
-–¿Podemos comparar la aparición de Internet con la revolución que produjo la imprenta en el siglo XV?
-No tengo ni idea, pero valga la ocasión para recordar que la imprenta no nació en el siglo XV. Los chinos la habían inventado dos siglos antes. En realidad, eran chinas las tres invenciones que hicieron posible el Renacimiento europeo: la imprenta, la brújula y la pólvora. No sé si ahora habrá mejorado la educación, pero antes aprendíamos una historia universal reducida a la historia de Europa. De Medio Oriente, nada o casi nada. Ni una palabra sobre China, nada sobre la India. Y del Africa, sólo sabíamos lo que nos enseñaba el profesor Tarzán, que nunca estuvo allí. Y del pasado americano, del mundo precolombino, alguna cosita folklórica, unas cuantas plumas de colores... y chau.
-–¿Cuál es el mayor peligro del progreso tecnológico en la comunicación?
-En la comunicación y en todo lo demás. Las máquinas no son ningunas santas, pero no tienen la culpa de lo que nosotros hacemos con ellas. El mayor peligro está en que la computadora nos programe, como el automóvil nos maneja. Con asombrosa facilidad, nos convertimos en instrumentos de nuestros instrumentos.
-Como escritor y como lector, ¿qué tipo de lecturas te ocupan mayor tiempo hoy?
-Yo leo de todo, empezando por las paredes que acompañan mis pasos por las calles de las ciudades.
-–¿Son la crueldad y la in-justicia las mayores provocadoras de la literatura de Eduardo Galeano?
-No. Si así fuera, ya me hubiera enfermado de irremediable tristeza. Por suerte soy preguntón, curioso de nacimiento, y ando siempre buscando la tercera orilla del río, ese misterioso lugar donde se juntan el horror y el humor.
-–¿Por qué crees que será recordado nuestro tiempo en los siglos por venir?
-–¿Será recordado? ¿Habrá siglos por venir? Dios te oiga, y si Dios está sordo, que te oiga el Diablo.
III Futuro
-–¿El mundo se dirigirá a un mayor equilibrio de sus fracciones geográficas, sociales y culturales o, por el contrario, estamos condenados a repetir las mismas formas de lo que hoy consideramos violencia física y moral?
-–Condenados... no estamos. El destino es un desafío, aunque a primera vista parezca una maldición.
-¿Una mejora de nuestro presente radica mayormente en la profundización de los valores humanistas de la tradición europea o en una revalorización de un origen perdido en los pueblos “periféricos”?
-La tradición europea no alcanza. Los americanos somos hijos de muchas madres. Europa sí, pero hay también otras madres. Y no sólo los americanos. Los humanitos todos, el mundo entero es mucho más que lo que cree ser. Pero el arcoiris terrestre no brillará, en todo su lucerío, mientras siga mutilado por el racismo, el machismo, el militarismo, el elitismo y todos esos ismos que nos niegan la plenitud de nuestra diversidad. Y dicho sea de paso, no viene mal aclarar que los valores humanistas de la tradición europea se desarrollaron mientras Europa exterminaba indios en América y vendía carne humana en Africa. John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de una empresa negrera.
-Sí, algo así como las democracias imperiales, desde la antigua Atenas hasta Estados Unidos. ¿Pero quiere decir eso que la historia se repite siempre?
-Ella no quiere repetirse, eso no le gusta ni un poquito, pero muy frecuentemente nosotros la obligamos. Por ponerte un ejemplo muy actual, hay partidos que llegan al gobierno prometiendo un programa de izquierda, y terminan repitiendo lo que la derecha hacía. ¿Por qué no dejan que la derecha lo siga haciendo, ya que tiene experiencia? Se aburre la historia, y se desprestigia la democracia, cuando se nos invita a elegir entre lo mismo y lo mismo.
-–¿Qué rol cumplen hoy en la sociedad los intelectuales “no orgánicos”? ¿Siguen siendo, al menos en una minoría, una fuerza crítica y provocadora?
-Yo creo que escribir no es una pasión inútil. Pero esa generalización, “los intelectuales”, orgánicos o no orgánicos, no se parece mucho al mundo real. Hay de todo en la viña del Señor. En mi caso, te puedo decir que trabajo con palabras, que soy un inútil total y eso es lo único que me sale más o menos bien, y que me consta, por experiencia propia y ajena, que el acto de la lectura es una secreta, y a veces fecunda, ceremonia de comunión. Quien lee algo que de veras vale la pena, no lee impunemente. Leer un libro de esos que respiran cuando te los ponés al oído no te deja intocado: te cambia, aunque sea un poquitito, te incorpora algo, algo que no sabías o no imaginabas, y te invita a buscar, a preguntar. Y más, todavía: a veces hasta te puede ayudar a descubrir el verdadero significado de las palabras traicionadas por el diccionario de nuestro tiempo. ¿Qué más puede querer una conciencia crítica?
-Pero los escritores contemporáneos tienden a evitar esa palabra, “intelectuales”. ¿Por qué?
-Te contesto por mí, no en nombre de “los escritores”, que también son una generalización dudosa. Yo escribo queriendo decir y decirme en un lenguaje sentipensante, certera palabra que me enseñaron los pescadores de la costa colombiana del mar Caribe. Y por eso, justo por eso, no me gusta nada que me llamen intelectual. Siento que así me convierten en una cabeza sin cuerpo, situación por demás incómoda, y que me están divorciando la razón de la emoción. Se supone que intelectual es el capaz de entender, pero yo prefiero al capaz de comprender. Culto no es quien acumula más conocimientos, porque entonces no habrá nadie más culto que una computadora. Culto es quien sabe escuchar, escuchar a los demás y escuchar las mil y una voces de la naturaleza de la que formamos parte. Para decir, escucho. Escribo en un viaje de ida y vuelta, recojo palabras que devuelvo, dichas a mi modo y manera, al mundo de donde vienen.
-A propósito, ¿cuál es tu técnica narrativa, tus hábitos y conductas de escritura?
-No tengo horarios. No me obligo. En Santiago de Cuba, un viejo tamborero, que tocaba como los dioses, me lo enseñó: “Yo toco –me dijo– cuando me pica la mano”. Y yo le hago caso. Si no me pica, no escribo. Nunca he firmado un contrato que me ponga plazos para entregar un libro. En la literatura, como en el fútbol, cuando el placer se convierte en deber, pasa a ser algo bastante parecido al trabajo esclavo. Los libros me escriben, crecen dentro de mí, y cada noche me duermo dándoles las gracias, porque me permiten creer que el autor soy yo. Y dicho esto te aclaro que escribo muchas veces cada página, que tacho, suprimo, reescribo, rompo, vuelvo a empezar, y todo eso es parte de la alta alegría de sentir que lo que digo se parece, y a veces se parece mucho, a lo que mis páginas quieren decir.
-Tus libros, después de las dictaduras militares de Uruguay y Argentina, después del exilio, cambian de estilo. O quizá profundizan una característica: tu mirada sigue siendo la del rebelde inconformista, pero tu voz se vuelve más lírica. Si mal no recuerdo, fue Jean-Paul Sartre el que dijo que la técnica de un escritor remite a su concepción del mundo. ¿Cómo definirías tu estilo? ¿Refleja tu percepción del mundo o, quizá, tus aspiraciones sobre él o el estilo es algo accidental, una forma de hacer las cosas que proviene de una historia de la estética, de una influencia de la adolescencia?
-Mi estilo es el resultado de muchos años de escribir y borrar. Juan Rulfo me lo decía, mostrándome un lápiz de aquellos que ahora ya casi ni se ven: “Yo escribo con el grafo de adelante, pero más escribo con la parte de atrás, donde está la goma”. Eso hago, o intento hacer. Intento decir cada vez más con menos.
-Un elemento común de la literatura del compromiso, de las utopías revolucionarias hasta los setenta, de los años previos a las dictaduras en América del Sur, parece ser la alegría. Como ejemplo ilustrativo podríamos hacer una exposición de fotografías de los rostros adustos de los Pinochet, por un lado, y de los rostros sonrientes de los Che Guevara por el otro. ¿Existe una conexión entre la “estética de la tristeza” de la literatura del siglo XX y las fuerzas conservadoras de la sociedad? ¿En qué medida es subversiva la alegría, el epicureísmo del que hablaba Américo Vespucio refiriéndose a cierta imagen de los nativos americanos?
-Vuelvo a la costa colombiana y te cuento que allá el peor insulto es “amargao”. Nada más grave te pueden decir. Y no les falta razón, porque al fin y al cabo, no hay nada en el mundo que no merezca ser reído. Si la literatura de denuncia no es, al mismo tiempo, una literatura de la celebración, se aleja de la vida viva y duerme a sus lectores. Se supone que sus lectores deben arder de indignación, pero ellos se caen de sueño. Con frecuencia ocurre que la literatura que dice dirigirse al pueblo sólo se dirige a los convencidos. Sin riesgo ninguno, se parece más a la masturbación que al acto del amor, aunque según me han dicho el acto del amor es mejor, porque se conoce gente. La contradicción mueve la historia, y la literatura que de veras estimula la energía de cambio nos ayuda a adivinar los soles secretos que cada noche esconde, esa humana hazaña de reír contra toda evidencia. La herencia hebreo-cristiana, que tanto elogia el dolor, no ayuda mucho. Si no recuerdo mal, en toda la Biblia no suena ni una risa. El mundo es un valle de lágrimas, los que más sufren son los elegidos que suben al Cielo.
-–¿Cómo imaginás el mundo dentro de cincuenta años?
-Con la edad que tengo, me imagino que dentro de cincuenta años ya no estaré. Como ves, tengo una imaginación prodigiosa.
-Alguna vez Onetti dijo que él escribía para sí mismo. ¿Galeano escribiría si tuviese la poca fortuna de ser el único sobreviviente de una catástrofe mundial?
-–¿El único sobreviviente? ¡Uy! Me moriría de aburrimiento. Quizás escribiría igual, porque tengo el vicio, pero escribir para nadie es peor que bailar con la hermana. Onetti se enojó conmigo cuando una noche cometí una juvenil insolencia. El me dijo eso, que él escribía para él, y yo le propuse llevarle al Correo esas cartas para Juan Carlos Onetti, calle Gonzalo Ramírez, Montevideo, etc., etc. El se cabreó. Se cabreó porque mentía, y bien lo sabía. Quien publica lo que escribe, escribe para los demás.
-–¿Qué harías diferente si tuvieses la experiencia y la oportunidad de hacerlo de nuevo? ¿De qué se arrepiente Eduardo Galeano hoy?
-No me arrepiento de nada. Yo también soy la suma de todas mis metidas de pata.

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