martes, 23 de junio de 2009
Uruguay: Ley de Caducidad y la Tortura
Roger Rodríguez
Las firmas están y habilitan el plebiscito contra la Ley de Caducidad. Su anulación también permitirá eliminar un instrumento represivo, aplicado durante el terrorismo de Estado uruguayo entre 1968 y 1985, que hoy los jueces y fiscales no tipifican como crimen de lesa humanidad: la tortura-
Cuando la Corte Electoral confirme oficialmente que se han alcanzado las firmas para plebiscitar una reforma constitucional que permita anular la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, Uruguay entrará en un debate que va más allá del enjuiciamiento de los crímenes de la dictadura que asoló el país entre 1973 y 1985.
Lo que los uruguayos podrán decidir el último domingo de octubre de 2009, junto al nuevo presidente y al Parlamento que gobernarán el país por cinco años, será si se le quita al Estado la posibilidad de volver a utilizar la tortura como herramienta represiva, porque eso es lo que ampara, también, la Ley de Caducidad.
El tema constituye hoy un debate internacional. Lo plantea el presidente norteamericano Barack Obama con el cierre del centro de torturas de Guantánamo, el gobierno inglés con la investigación sobre la cárcel de Abu Ghraib, el proceso por los crímenes en Bosnia a Radovan Karadzic y los países del Cono Sur con los juicios a las dictaduras.
La tortura ha sido apologizada a través del cine y la televisión, medios utilizados durante el último medio siglo como un arma propagandística, que muestran como natural el apremio en cientos de filmes policiales o de guerra. Películas como "Hostel" o Saw (El juego del miedo) llevan al extremo su metáfora sobre esa (in)cultura humana.
En Brasil, el filme "Tropa de Elite" (José Padilha, 2007) muestra las acciones del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) en las favelas de Río de Janeiro, donde el "submarino seco" es un método operativo diario. Once millones de brasileños aplaudieron el filme y cientos de jóvenes quisieron integrarse a la Policía Militar.
El "quebrantamiento"
La tortura se institucionalizó como método represivo de los Estados desde mediados del siglo XX, con la excusa de la "guerra fría" y se impuso la máxima de que era legítimo el apremio físico para obtener información que permitiera salvar vidas. Pero la falacia sólo procuraba genera miedo en la sociedad frente al terrorismo practicado por el Estado.
Eso es lo que acaba de reconocer el gobierno uruguayo, cuando en el segundo artículo de su cuestionado proyecto de Reparación Integral (Ley de "quebrantamiento del Estado de Derecho") admite que el Estado realizó una práctica sistemática de la tortura, la desaparición, la prisión, el homicidio, exilio y destierro, desde el 13 de junio de 1968.
La fecha no es antojadiza. Hace referencia al comienzo de la "aplicación sistemática de las Medidas Prontas de Seguridad" durante el gobierno constitucional del colorado Jorge Pacheco Areco, quien había asumido la presidencia el 6 de diciembre de 1967, ante el fallecimiento del electo general Oscar Gestido.
Pero también agrega que esa práctica estaba inspirada en el "marco ideológico de la Doctrina de la Seguridad Nacional", ideología diseñada por Estados Unidos para que otras fuerzas policiales y militares (entrenadas en la panameña School of Americas), le garantizaran un "orden interno" contra todo lo que ellos calificaran de "comunismo".
Esa ideología de las dictaduras se basaba en la Doctrina de la Seguridad Hemisférica norteamericana y en la Doctrina de la Contrainsurgencia creada por Francia ante los movimientos independentistas de Indochina y, fundamentalmente, de Argelia, donde los delitos de tortura y de desaparición forzada fueron refinados.
Método uruguayo
El régimen dictatorial uruguayo se especializó en la aplicación de la tortura, a la que fueron sometidos más de 50 mil personas entre 1973 y 1976. Los cursos y prácticas que desde mediados de los sesenta se habían enseñado a agentes de algunas dependencias policiales fueron trasladados a los militares, que los utilizaron como rutina cotidiana.
La tortura era lo que denunciaban en el Parlamento Zelmar Michelini, Enrique Erro, Juan Pablo Terra y Wilson Ferreira Aldunate antes del golpe de Estado de 1973. La tortura fue lo que denunció el senador José Germán Araújo cuando le quitaron sus fueros a la salida de la dictadura. La tortura sigue vigente en la cultura de la impunidad.
El coronel Manuel Cordero huyó de Uruguay luego de ser encausado por un delito de apología de la tortura, cuando justificó a Búsqueda ese método aplicado contra los civiles uruguayos. El ex comandante de la Fuerza Aérea, brigadier Enrique Bonelli evidenció su confusión: dijo que en Uruguay no se torturó, sólo aplicaron "apremios".
El propio Cordero narró en detalles el asesinato de Iván Morales Generali en 1974, al redactar un parte de su muerte que recientemente fue desarchivado y enviado por el Ministerio de Defensa Nacional a la Justicia Penal uruguaya. Similares escritos deben existir de todas las muertes bajo tortura en burocráticos partes no desclasificados.
Desde el 22 de mayo de 1972, cuando asesinan a Walter Sanzo, hubo más de treinta homicidios por tortura. El último fue el de Vladimir Roslik (16/04/84). Probablemente la mitad del centenar y medio de casos de desaparición forzada en la dictadura, obedecen al ocultamiento del cuerpo muerto en la tortura. El resto fueron ejecuciones.
Sin tipificación
Apenas reinstitucionalizado el país, en diciembre de 1985, un año antes de aprobarse la Ley de Caducidad, el presidente Julio María Sanguinetti ratificó por la Ley 15.798 la "Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes" y el 11 de agosto de 1992, el presidente Luis Alberto Lacalle hizo lo propio con la "Convención Interamericana para prevenir y sancionar la tortura" con la Ley 16.294.
Durante la administración del presidente Jorge Batlle se promulgó la Ley 17.510 por la que se ratificó el Estatuto de Roma el 27 de junio de 2002 y durante el actual gobierno el presidente interino Rodolfo Nin Novoa promulgó el protocolo facultativo de la Convención contra la tortura (Ley 17.914) el 21 de octubre de 2005.
El presidente Tabaré Vázquez suscribió el 25 de setiembre de 2006 la adaptación de la normativa del país al Estatuto de Roma en colaboración con la Corte Penal Internacional para la lucha contra el genocidio, los crímenes de guerra y de lesa humanidad (Ley 18.026), delitos que se definen imprescriptibles y no amnistiables.
Sin embargo, hasta la fecha ningún fiscal ni ningún juez han perseguido, ni de oficio o ante las diversas denuncias penales presentadas, ningún caso de tortura. Por el contrario, causas de tortura que derivaron en muertes o desapariciones forzadas siguen siendo amparadas en la Ley de Caducidad, pese a la normativa internacional ratificada.
En varias causas, los tribunales de apelaciones y la propia Suprema Corte de Justicia no han admitido la existencia del delito de desaparición forzada que se tipifica como homicidios especialmente agravado. Esas son hoy las carátulas del procesamiento de los dictadores Juan María Bordaberry y Gregorio Álvarez, como de la patota del OCOA.
El crimen impune
El 22 de diciembre de 1986 cuando se aprobó la Ley 15.848 la mayoría parlamentaria argumentó que se estaba ante el riesgo de un desacato militar (o un nuevo golpe de Estado) porque un grupo de militares torturadores no acatarían la citación de la Justicia Penal que pretendía indagar una serie de denuncias por crímenes de lesa humanidad.
Entre esas denuncias estaba el caso del asesinato de los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, cuyos cuerpos torturados y acribillados aparecieron junto a los de los tupamaros Rosario Barredo y William Whitelaw en Buenos Aires en mayo de 1978, pero también se habían iniciado causas por casos de desaparición forzada.
El delito de desaparición es un crimen permanente y en dos etapas. Primero, desaparece la persona al detenerla ilegalmente, no enjuiciarla, torturarla y crear terror en su entorno social y familiar. Luego, cuando la mataban bajo la tortura o por ejecución sumaria, desaparecieron su cuerpo para ocultar el crimen y mantener el miedo.
Esa es la cadena de delitos que amparó la Ley de Caducidad durante los sucesivos gobiernos que siguieron a la dictadura militar. Incluso se cobijaron casos que no estaban previstos en la ley, como el de los Escuadrones de la Muerte, la desaparición de niños, los delitos económicos y hasta el asesinato del químico chileno Eugenio Berríos.
Es a partir de la nueva interpretación del texto de la Ley 15.848, durante la actual administración del Frente Amplio, que algunos casos de desaparición forzada y de ejecuciones han podido ser indagadas por la Justicia. Pero hasta que esa ley no sea anulada, el delito primario de la tortura continuará bajo el manto de la impunidad.
Cincelado en piedra
En más de un organismo y seminario internacional se ha manifestado que si en el Cono Sur no se hubiesen aprobado las leyes de impunidad y se castigaban esos crímenes de lesa humanidad, probablemente se hubiese evitado en parte lo que luego ocurrió en los Balcanes o lo que actualmente sigue sucediendo en Guantánamo, Afganistán e Irak.
Hoy rigen a nivel mundial la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" de la ONU, la "Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes", la "Convención Interamericana de Derechos Humanos" y "El Tratado de Roma". Pero no todos los Estados miembros de la ONU cumplen esas normas.
En 2004, el presidente norteamericano George Bush llegó a sancionar con el retiro de su ayuda militar a Uruguay y otros países que no aceptaron firmar acuerdos de inmunidad para estadounidenses que pudieran ser acusados de esos crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional instalada en La Haya por el Estatuto de Roma.
La reciente divulgación del presidente Obama sobre las prácticas de torturas en Irak y Guantánamo, dejó al desnudo las implicancias de la llamada Ley Patriótica y las instrucciones establecidas por el gobierno republicano norteamericano como supuesta represalia por el atentado a las torres gemelas el 11 de setiembre de 2001.
En Uruguay sólo se ha esbozado un debate sobre el rol de las Fuerzas Armadas, la Policía y sus organismos de inteligencia. Sea cual sea la decisión que se tome al respecto, la sociedad y el Estado deberán incluir en los textos de estudio y en la definición de su "misión," cincelado en piedra como en las tablas de Moisés, un undécimo mandamiento: no torturarás.
La muerte de Iván
"Apenas llegado, se le comenzó a interrogar y luego de algunas evasivas admite ser integrante de... (...) Prosiguiendo el interrogatorio y sin presión admite participar en... (...) Preguntado por su actual funcionamiento y actividades entra en un cerrado mutismo negándose a hablar. Ante esto se le manifiesta que se van a emplear otros métodos, como amenaza. Ante esto dice que no va a aguantar pero que va a hablar, como esto sólo son argumentos dilatorios se lo deja recostado, preparándosele para trasladarlo a otro lugar de la Unidad. En estas circunstancias se suspende momentáneamente el interrogatorio por unos 15 o 20 minutos, en espera de trasladarlo a otras dependencias. En ese lapso se habla por 2 o 3 veces con el detenido el cual contesta, llegado un momento en que se nota que comienza a respirar con dificultad, se lo intenta reaccionar con masaje al corazón, mientras urgentemente se llama al enfermero de la Unidad, que llega a los pocos segundos. En ese instante, éste informa que el detenido presenta muestras de haber fallecido, comprobándolo instantes después, que así había sido". (Parte de la muerte por torturas de Iván Morales Generali, escrito por el mayor Manuel Cordero el 21 de noviembre de 1974, Archivo del Ministerio de Defensa Nacional)
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Fuente: La Onda Digital www.laondadigital.com
rogerrodriguez@adinet.com.uy
miércoles, 12 de noviembre de 2008
IRAK: Para Bush los niños han sido carne de picana o de submarino
EEUU y sus aliados torturan a los niños detenidos en las prisiones iraquíes; por Sherwood Ross.

True Blue Liberal/ Aporrea.- Avergüenza el ceremonial traspaso de poderes presidenciales que está teniendo lugar en EEUU. Bush traspasa los poderes presidenciales pero… quién asume los crímenes nefandos de su presidencia. ¿Asumirá Obama una impunidad que define al mundo como un lugar infame, o se someterá a la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional. Según diversos informes publicados, Estados Unidos ha venido deteniendo a miles de menores de edad desde que invadió Iraq en 2003, muchos de los cuales han sufrido torturas y abusos sexuales. Las cifras sobre el número de niños tras las rejas varían. Algunos estiman que llegan hasta 6.000. Aunque son bien conocidos los abusos criminales a que fueron sometidos los hombres prisioneros en Abu Ghraib, los niños y las mujeres detenidos también han sido objeto de torturas y violaciones, según Neil Mackay del Sunday Herald de Glasgow. La prisión de Abu Ghraib está ubicada a unos 32 kilómetros al oeste de Bagdad.
El abogado iraquí Sahar Yasiri, representante de la Federación de Prisioneros y Detenidos Políticos, manifestó en una entrevista [*] que hay más de 400.000 detenidos en Iraq que se encuentran repartidos en 36 prisiones y campos de detención y que el 95% de las 10.000 mujeres presas han sido violadas. Los niños, dijo, “sufren torturas, violaciones y hambre” y desconocen la causa por la que fueron arrestados. Añadió que los niños fueron víctimas de arrestos “indiscriminados” que no “tienen base legal alguna".
Un antiguo prisionero, Thaar Salman Dawod, en una declaración presencial dijo: “Ví a dos niños desnudos que estaban esposados juntos frente a frente y que un soldado estadounidense les golpeaba mientras un grupo de guardias observaba y tomaba fotos y tres mujeres soldados se mofaban de los prisioneros”.
El periodista de la TV iraquí Suhaib Badr-Addin al-Baz, arrestado mientras filmaba un documental y encerrado en Abu Ghraib durante 74 días, dijo a Mackay que vio allí a “cientos” de niños. Al-Baz dijo que oía llorar a una niña de unos doce años: “Me han desnudado. Me han arrojado agua”. Dijo que escuchaba a diario sus lamentos.
Al-Baz relató también que había un chico de 15 años “al que repetidamente empapaban con mangueras hasta que le dio un colapso”. Amnistía Internacional declaró que los detenidos que habían ido saliendo en libertad informaban que en Abu Ghraib había niños de hasta diez años de edad.
El periodista de la TV alemana Thomas Reutter, del Report Mainz, citó al sargento del ejército estadounidense Samuel Provance diciendo que especialistas en interrogatorios “estuvieron vertiendo agua” sobre un muchacho iraquí de 16 años, llevándole en un coche durante toda una fría noche, “embadurnándole de barro” y mostrándole así a su padre, que estaba también encarcelado. Al parecer, una de las tácticas empleadas por el régimen de Bush persigue obtener confesiones de los adultos arrastrando y mostrándoles frente a ellos a sus hijos sometidos a abusos.
En Los Angeles Times, allá por el 26 de agosto de 2004, se informó que la policía militar de Abu Ghraib “utilizaba perros del ejército para extraños juegos con los que aterraban a los adolescentes haciendo que defecaran y se orinaran encima”.
Y el periodista Seymour Hersh informó en la convención de la Unión para las Libertades Civiles Americanas que había visto videos de muchachos iraquíes sodomizados y que “lo más horrible era la banda sonora con los alaridos de los chicos”.
Jonathan Steele, escribió en el británico The Guardian el pasado 9 de septiembre: “Cientos de niños, algunos de tan sólo nueve años, están detenidos en condiciones atroces en las prisiones de Bagdad, durmiendo a temperaturas asfixiantes en celdas atestadas, sin ventiladores, ni posibilidad de acceder a duchas y sometidos a frecuentes abusos sexuales por parte de los guardias, según informan actuales y antiguos prisioneros”. Omar Ali, de 16 años, dijo a The Guardian que había pasado más de tres años en la prisión para menores de Karj, durmiendo con 75 chicos más en una celda de cinco metros por diez, algunos de ellos sobre el suelo. Omar dijo al periódico que los guardias a menudo se llevaban a los muchachos a una habitación apartada de la prisión y les violaban.
Como potencia ocupante en Iraq, la administración Bush no puede escapar a sus responsabilidades legales por los crímenes de torturas de los encarcelados en Iraq o por las condiciones deplorables de las prisiones en las que están actuando.
Raad Yamal, de 17 años, fue capturado en su casa en Doura por soldados estadounidenses y trasladado al segundo regimiento del ejército iraquí, donde Yamal declaró que le habían colgado con cuerdas del techo y golpeado con cables eléctricos.
El pasado mes de junio, Human Rights Watch cifraba el número de menores detenidos en Iraq en 513. El motivo alegado de esas detenciones: porque representaban “riesgos imperativos a la seguridad”. En total y desde 2003, estima HRW, EEUU ha detenido a 2.400 niños en Iraq, algunos de hasta diez años.
HRW dijo que los niños “son sometidos a interrogatorios, no pueden contactar con abogados y algunas veces son retenidos sin acusaciones hasta más de un año, violando así las propios leyes estadounidenses”. Se dijo que los niños “tenían muy pocas posibilidades de mantener contacto con sus familias”. HRW apeló a EEUU para que “se asegurara que los niños retenidos bajo vigilancia son tratados según su estatus de niños, y se promoviera una rápida revisión judicial y acceso a investigadores independientes”. Según todos los indicios, nada de lo solicitado se ha cumplido.
Clarisa Bencomo, de la División por los Derechos de los Niños de HRW dijo: “La inmensa mayoría de los niños detenidos en Iraq se pudren en las cárceles durante meses bajo vigilancia del ejército estadounidense. EEUU debería facilitar el inmediato acceso de esos niños a abogados y una revisión judicial independiente de las causas de su detención”.
El pasado año, IRIN, el servicio de noticias humanitarias de NNUU, citó a Jalid Rabia de la ONG iraquí Asociación para la Justicia a los Prisioneros (PAJ, por sus siglas en inglés), afirmando: “En las prisiones iraquíes se trata a los niños como si fueran adultos y nuestras investigaciones han demostrado que son sometidos a abusos y torturas”. No se le permitió a IRIN visitar a los niños prisioneros.
Cinco niños de entre 13 y 17 años de edad, detenidos por el ejército de Iraq y que fueron acusados de apoyar a la resistencia, “presentaban señales de torturas en sus cuerpos” tales como “quemaduras de cigarrillos en las piernas”.
Un niño de entre los trece arrestados en Afganistán en 2002, fue mantenido encarcelado en solitario durante más de un año en Bagram y en Guantánamo, obligándole a permanecer en posiciones de stress e impidiéndole dormir. Y Omar Jadr, de 15 años, canadiense, estuvo retenido en Guantánamo durante dos años sin que le fuera permitido contactar con un abogado ni con su familia. Jadr ha estado encarcelado hasta un total de seis años. Según la corriente Catholic Worker, Mohammad Yawad tenía 17 años cuando fue capturado en Afganistán y fue sometido en Gitmo a privación de sueño día y noche durante dos semanas seguidas. Cada tres horas los carceleros le ponían grilletes y le trasladaban a otra celda bajo un programa denominado “viajero frecuente”, obligándole a cambiar de celda 112 veces.
El abogado defensor de Yawad, el mayor de las fuerzas aéreas David J.R. Frakt manifestó que la razón más probable de que las autoridades de Gitmo torturaran al joven (que había intentado suicidarse cinco meses antes) era “por deporte, para darle una lección, quizá por hacer de él un ejemplo para otros”.
Los funcionarios de UNAMI, la Misión de Asistencia de Naciones Unidas para Iraq, declararon que los niños en espera de juicio estaban terriblemente hacinados en la prisión de Tobchi, en Bagdad, que habían sido torturados y sufrido abusos sexuales mientras estaban bajo vigilancia en las instalaciones para adultos antes de su traslado a Tobchi, y que mostraban las señales que lo probaban. Y en la prisión de menores de Karj, los niños tenían ulceras de piel al haberse visto forzados a tumbarse en colchones mojados a temperaturas que superaban los 44º C. durante el día.
El ex Presidente Jimmy Carter escribió en “Our Endangered Values” (Simon&Schuster) que la Cruz Roja, tras visitar seis prisiones estadounidenses en Iraq “se encontró con 107 prisioneros menores de 18 años, algunos de hasta 8 años de edad”. Y el reportero Hersh (que destapó el escándalo de las torturas de Abu Ghraib), informó de que entre 800-900 muchachos pakistaníes de entre 13 a 15 años se encontraban detenidos. El Presidente Carter escribió que la Cruz Roja, Amnistía Internacional y el Pentágono “habían reunido testimonios relevantes de niños torturados, confirmados por los soldados que presenciaron o participaron en los abusos”.
En un intento por ocultar las condiciones en los centros de detención iraquíes, EEUU ha negado la entrada a investigadores de los derechos humanos como AI, HRW y la Federación Internacional de Derechos Humanos, según Ciara Gilmartin, Coordinadora del Programa del Consejo de Seguridad en el Forum de Política Global (GPF, por sus siglas en inglés), una organización que tiene su sede en Nueva York y que lucha por consolidar el derecho internacional.
El GPF pidió que se abrieran las instalaciones de detención iraquíes a los “observadores nacionales e internacionales” y que se establecieran claras responsabilidades para los oficiales y contratistas estadounidenses encargados de las prisiones.
“ El sistema total de abusos debe ser minuciosamente revisado o clausurado”, dijo Gilmartin. “Los dirigentes civiles y el ejército estadounidense no son los únicos cómplices en los abusos y en la ausencia de proceso debido de los detenidos iraquíes. Todos los que guardan silencio frente al gulag iraquí están permitiendo que se perpetúe”.
En 2005, AP informó desde Ginebra que la UNICEF estaba “profundamente preocupada” por los informes de abusos a los niños en las prisiones iraquíes. “Cualquier maltrato, abuso sexual, explotación o tortura de niños detenidos representa una violación del derecho internacional”, dio el portavoz de UNICEF Damián Perronas.
Según un informe publicado por Felicity Arbuthnot el pasado 9 de junio en Global Research, el Representante Especial de NNUU para los Niños en los Conflictos Armados, Radhika Coomarswarmy, dijo que no se permite que los niños contacten con abogados y que podían estar retenidos para obligar a que algún hombre adulto de sus familias se entregara.
HRW declaró en febrero de este año que el plazo medio de detención de los niños era de más de 130 días y que “algunos niños llevaban detenidos más de un año sin acusación ni juicio, violando así el memorandum sobre procedimientos criminales de la Autoridad Provisional de la Coalición. Eso no resulta sorprendente ya que, según David Ender escribió en el número del 27 de octubre en The Nation: “Una de las mayores quejas de los iraquíes es que la inmensa mayoría de los detenidos por EEUU no han sido acusados de crimen alguno”.
Aunque el Presidente Bush dice que lee la Biblia, puede que no hayan calado mucho en él las palabras que Mateo atribuye a Jesús sobre los niños, y por eso merece la pena repetírselas: “Aquel de vosotros que ofendiera a uno de estos pequeños… mejor haría en colgarse una piedra de molino al cuello y ahogarse en el fondo del mar”.








