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domingo, 19 de septiembre de 2010

Una guerra inflada - Juan Gelman

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) dio a conocer la semana pasada su octavo examen estratégico global (www.iiss.org, 10/12-9-10).

El IISS está asentado en Londres y es el think-tank sobre cuestiones militares y de seguridad más importante del mundo. Lo integran experimentados especialistas en defensa, militares retirados y otros de alto rango y sus estudios abarcan el planeta entero.

Los informes del organismo suelen ser grises y aun aburridos, su lenguaje es prudente y hasta cauteloso, pero el de este año cambió bruscamente al referirse a Afganistán: calificó esa guerra de “largo y alargado desastre”. Señala que las potencias de Occidente “exageran” la amenaza que entrañan Al Qaida y el talibán. “Se ha inflado” el número de tropas estadounidenses en Afganistán –agrega– y no guarda proporción alguna con la misión de “desmantelar y derrotar a Al Qaida”, que Obama les confió. El estudio del IISS fue supervisado por Nigel Inskster, ex vicedirector del servicio de inteligencia británico o MI-6. Es interesante que además subraye que el peligro de Al Qaida es mínimo en todas partes, incluso en Somalia y Yemen, países en los que EE.UU. interviene, so capa de su seguridad, a ritmo cada vez mayor.
El director de la CIA, Leon Panetta, había ya informado que “el número estimado de terroristas de Al Qaida en Afganistán es de 50 a 100, tal vez menos” (www.huffingtonpost.com, 29-6-10).

Aseveró que se concentran en zonas limítrofes de Pakistán y así justificó los constantes ataques que aviones no tripulados infligen a los civiles paquistaníes, niños y mujeres incluidos. Si esas cifras son correctas, un puñado de terroristas mantiene en jaque a casi 150.000 efectivos, 98.000 estadounidenses y el resto de los aliados de la OTAN. No es creíble.
Panetta no tuvo empacho en afirmar que EE.UU. progresa en Afganistán, “aunque es más duro y más lento de lo que se esperaba”. Así es: en los veintidós meses de gobierno de Obama cayeron más militares norteamericanos que en los ocho años de W. Bush. El general David Petraeus, comandante en jefe de las tropas ocupantes de Irak y Afganistán, no se muestra tan optimista como antes.
Obama anunció la retirada de Afganistán para agosto de 2011, pero el general tiene otra perspectiva: declaró en Bagdad que el proceso es a veces parecido a “ver cómo crece el pasto o se seca la pintura” (//abcnews.go.com, 14-9-10). Fue más lejos: estuvo de acuerdo con la periodista que lo entrevistaba en que “el éxito contra la insurgencia” podía llevar nueve o diez años más. Bastante antes el pasto crece y se seca la pintura. No es Al Qaida entonces, es el talibán.
Petraeus asumió oficialmente el mando de las tropas en Afganistán el 4 de julio y cambió algunos aspectos de las tácticas de su antecesor, el general Stanley A. McChrystal. Declaró que los bombardeos aéreos “matan afganos” y duplicó el número de allanamientos de domicilios particulares. Ahora no mueren menos: un alto porcentaje de los 1031 asesinados por las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF, por sus siglas en inglés) en 3000 allanamientos e identificados como “insurgentes” eran vecinos que habían salido a la calle armados al escuchar el ruido de los procedimientos. Su intención no era atacar a los del SOF, sino defender a su familia ante un posible agresor, pero fueron ejecutados (Inter Press Service, 15-9-10).
El general Petraeus se jacta del elevado número de mandos insurgentes superiores y medios que las SOF han eliminado, herido y apresado, sólo que hasta altos mandos del ejército dudan de que todos sean talibán: el mayor general Douglas Stone, que supervisó las políticas de detención a comienzos de 2009, concluyó que no lo eran los dos tercios de los presos que EE.UU. retenía como tales en Afganistán (www.guardian.co.uk, 14-10-09). Otra inflación.
Los allanamientos nocturnos enojan a los afganos: trescientos civiles tomaron las calles de Wardak –un ejemplo– como respuesta al asesinato de tres hermanos que dormían en sus camas (www.worldcantwait.net, 12-8-10). El mando de la OTAN dijo que las víctimas eran sospechosos de pertenecer a la insurgencia. Hay sospechas que matan.
Los artefactos explosivos improvisados que los talibán plantan al borde de las rutas que recorren los vehículos ocupantes (IED por sus siglas en inglés) son responsables de la mayoría de las bajas estadounidenses, y el Pentágono ha creado una división especial para contrarrestar esa arma mortífera, la Organización para derrotar a los IED (Jieddo, por sus siglas en inglés). Sus estadísticas más recientes revelan dos cosas: la insurgencia ha aumentado “de manera alarmante” la colocación de esos dispositivos y la población civil denuncia cada vez menos dónde.
Algunas cifras proporcionadas por la Jieddo: en marzo de este año detonaron 434 IED causando la muerte de 23 efectivos de las tropas invasoras y 252 heridos; en abril, 475 provocaron 17 bajas y 230 heridos; en mayo, la explosión de 554 mató a 34 e hirió a 333 (//homeland securitynewswire.com, 29-7-10). Por otra parte, la proporción de IED que los vecinos notifican a las fuerzas ocupantes descendió del 4,5 por ciento de los “incidentes” en los primeros meses de 2009 al 2,1 por ciento en julio de este año. La exasperación de los ocupados crece más velozmente que el pasto.
Una pregunta: si los hombres de Al Qaida son un puñado frente al poderío militar más moderno y letal del mundo, ¿por qué la Casa Blanca insiste en la guerra y aumenta las tropas que envía a Afganistán? ¿Se trata de crear las mejores condiciones para atacar a Irán? ¿O de seguir alimentando las ganancias del complejo militar-industrial? ¿O las dos cosas?

domingo, 23 de mayo de 2010

África, África - Juan Gelman


Maniobras conjuntas de las fuerzas de EE.UU. y de 22 países africanos y europeos, entreamiento impartido por marines a tropas de Liberia, Ghana y Senegal, libre acceso del Pentágono a puertos y aeropuertos de Kenia, Etiopía, Marruecos, Namibia, Satto Tomé y Príncipe, Senegal, Túnez, Uganda y Zambia, operaciones encubiertas en Somalia y otras naciones. El Comando África de EE.UU (Africom, por sus siglas en inglés) está a cargo de estas actividades, y aun otras, con el propósito declarado de combatir al terrorismo mediante sus relaciones militares con los 53 países del continente negro (www.africom.mil)
En realidad, este interés comenzó en Washington antes del 11/9.

El entonces vicepresidente Dick Cheney mantuvo en mayo de 2001 una reunión secreta con asesores y representantes de los megapolios petroleros que hizo pública días después. Se emitió un comunicado en el que se recomendaba al presidente que asignara a las secretarías de Estado, de Energía y de Comercio la tarea “de profundizar los compromisos bilaterales y multilaterales (con los países africanos) a fin de promover la creación de un ambiente receptivo para las inversiones y operaciones comerciales estadounidenses de petróleo y gas natural”. (www.whitehouse.gov/energy,21-5-01
Y aún antes, el republicano Ed Royce se ocupaba del tema en su calidad de presidente del Subcomité para la de la Cámara de Representantes: “El Subcomité examinó el tema en una audiencia realizada en 2000. Es de interés nacional diversificar nuestras fuentes de abastecimiento de petróleo. La expansión de la producción energética africana atiende ese interés” (www.accra-mail.com,30-3-10). La “guerra antiterrorista” de W. Bush vino después.
El Instituto de Estudios avanzados políticos y estratégicos (Iasps, por sus siglas en inglés) –un think tank israelí con asiento en Jerusalén y una filial en Washington– desempeñó un papel protagónico en la instauración del Africom: en enero de 2001 convocó un simposio en Washington que recomendó la creación de un subcomando estadounidense para garantizar la seguridad regional (www.iasps.org,16-5-01), es decir, la seguridad de las inversiones petroleras.
En Angola –un ejemplo– la Chevron controla el 75 por ciento de la producción de oro negro. Y el Iasps estima que hacia el 2015, un 25 por ciento del consumo de EE.UU. de energía fósil provendrá de Africa. Esto explica algunas cosas.

El presupuesto del Africom aumentó de 50 millones de dólares en el año fiscal 2007 a 310 millones en 2010 sólo en el rubro de gastos corrientes. La ayuda militar a los países africanos es otro apartado: “El Africom está invirtiendo miles de millones de dólares en entrenamiento y armas. Se calcula que esa inversión no será inferior a los 20.000 millones en 2010 y beneficiará a los ejércitos de muchos regímenes represivos” de Africa (www.accra-mail.com,30-3-10). En esto consiste la “invasión tranquila” de EE.UU., al decir de un periódico nigeriano (www.vanguardngr.com,30-9-02). Es una tranquilidad que intranquiliza: a pesar de haber condenado a Sudán por el genocidio de Darfur, Washington trasladó clandestinamente a EE.UU. al jefe del espionaje sudanés, el mayor general Abdallah Gost, para que asesorara a la CIA sobre los intereses militares norteamericanos en el Cuerno de Africa (//articles.latimes.com,29-4-05
). Ocurrió mientras el mayor general era un “wanted” de la Corte Penal Internacional por delitos de lesa humanidad. La lucha del Pentágono y la Casa Blanca para que la libertad y la democracia imperen en el mundo entero tiene, en verdad, ribetes muy peculiares.

El continente negro produce hoy más de 4 millones de barriles de petróleo diarios, tanto como Irán, Venezuela y México juntos. En diez años, el incremento de su producción fue del 36 por ciento, contra el 16 por ciento en el resto del mundo. Sudán, Nigeria, Angola, Congo, Gabón, Guinea Ecuatorial, Chad y otros poseen alrededor del 10 por ciento de las reservas mundiales de crudo y, para EE.UU., ofrecen dos ventajas: salvo Nigeria, ninguno de esos países forma parte de la OPEP; y luego, las crisis que padecen están exentas de las complicaciones de un Medio Oriente inconquistable

Etiopía invadió Somalia en el 2006 so capa de una influencia creciente del extremismo musulmán allí. El Africom proporcionó apoyo logístico, dinero, supervisión y entrenamiento a las tropas etíopes para una operación más bien destinada a garantizar la futura explotación de las reservas de petróleo somalíes, que se consideran ingentes. No hubo soldados estadounidenses en el campo de batalla, pero no hacía falta: fue y es una guerra a cuenta del Pentágono.

Fuerzas de Uganda, la República Democrática del Congo y el sur de Sudán

atacaron en el 2008 un reducto de los rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor en un parque nacional congolés: 17 asesores del Africom participaron en el planeamiento del operativo y abastecieron a las tropas ugandesas de celulares y un millón de dólares en gasolina (www.nytimes.com, 7-2-09). Quedó claro que esta presunta acción antisubversiva se limitó a despejar el terreno de los yacimientos petrolíferos.

Hay más que petróleo y gas natural en los países africanos: el Congo acumula el 80 por ciento de las reservas mundiales de cobalto, elemento clave para la industria electrónica. El Africom se encarga de que nunca falte a las empresas occidentales del ramo

jueves, 13 de mayo de 2010

De la mala a la peor Juan Gelman

Se apaga el concierto de voces que proclaman la salida de la crisis económica mundial: el sismo europeo es una fuerte réplica del epicentro que sacude a EE.UU desde el 2008. Hasta el FMI subraya que las medidas adoptadas para salvar a Grecia son apenas calmantes de una enfermedad grave. Pero no explica en qué consite el mal. Sólo propone la "cura" de las medidas de ajuste que afectan a millones y millones de habitantes del planeta.

El distinguido profesor emérito de Economía de la Universidad de Ottawa, Michael Chossudovsky, y el investigador independiente Andrew Gavin Marshall acaban de reunir en el volumen titulado The Global Economic Crisis. The Great Depression of the XXI Century (Global Research Publishers, Centre for Research on Globalization, Montreal, 2010) los trabajos de 16 especialistas que exploran a fondo las causas y consecuencias de un fenómeno que no se debe precisamente a un puñado de banqueros sin escrúpulos, como Barack Obama propone: es el desemboque de un largo proceso de cambio del modelo económico occidental que se inició en los años ’80. La llamada “desregulación” que nació entonces estuvo normada por la implantación progresiva de complejos instrumentos creados por el aparato financiero.

Los editores sintetizan las conclusiones de los estudiosos en el prólogo de la obra (www.globalresearch.ca, 9-5-10
. La central: “La humanidad se encuentra en la encrucijada de la crisis económica y social más grave de la historia moderna”. Se subraya que no consiste sólo en la burbuja inmobiliaria que estalló hace dos años: el hundimiento de los mercados financieros en el período 2008/09 fue secuela del fraude institucionalizado y la manipulación financiera. En obediencia, claro, a la ley del beneficio máximo.

Es notorio que esto ensancha las distancias entre base y cima sociales en materia de distribución del ingreso nacional. Un estudio que el profesor Emanuel Saez, del Departamento de Economía de la Universidad de Berkeley, llevó a cabo hace dos años revela que en EE.UU. ese distanciamiento “es particularmente brutal a partir de los ’80: el 10 por ciento más rico (de la población) acaparaba el 35 por ciento del ingreso nacional en 1982, una proporción que alcanza el 50 por ciento 25 años después, reinstalando la situación que precedió al crac de la Bolsa en 1929” ( , 15-3-08). Pese a las declaraciones optimistas de la Casa Blanca, el desempleo en la superpotencia va en aumento.

Otros análisis inquietantes se resumen en el prólogo de The Global Economic Crisis: esta recesión económica no tiene un origen acotado, sino que se inscribe en el desarrollo de una militarización a escala mundial. “La dirección de la ‘guerra prolongada’ del Pentágono se vincula estrechamente con la reestructuración de la economía global..., la arquitectura financiera global alimenta objetivos estratégicos y de seguridad nacional. A cambio, la agenda militar de EE.UU. y la OTAN sirve de apoyo a una poderosa elite empresarial que socava incesantemente las funciones del gobierno civil.”

El traslado de una ingente masa de capital a las actividades financieras ha “desmaterializado” la producción y provocado un cambio estructural en la economía estadounidense: crece el número de quiebras de empresas pequeñas y medianas, al mismo tiempo que la economía de guerra, engordada por un presupuesto de defensa de casi un billón de dólares, goza de muy buena salud. La industria de armas de alta tecnología y la contratación de mercenarios para las guerras de Irak y Afganistán conocen, entre otros, un esplendor sin precedentes. “Basta echar un vistazo a la escalada (bélica) en el Medio Oriente y Asia Central, así como a las amenazas de EE.UU. y de la OTAN dirigidas a China, Irán y Rusia, para percibir hasta qué punto la guerra y la economía están íntimamente vinculadas.”

Las relaciones de la banca con el complejo militar-industrial y los gigantes del petróleo, el papel central que la política monetaria desempeña en la recesión, el peso de la deuda pública y privada, las repercusiones socioeconómicas y políticas que acarrearon las reformas del libre mercado, son aspectos que, entre otros, escrutan analistas destacados como Claudia von Werlhof, Richard C. Cook y Peter Dale Scott. Desde distintos puntos de vista y desde disciplinas diferentes, todos los autores coinciden –señala el prólogo– en que se trata de una crisis con alcances verdaderamente mundiales que influyen en todas las naciones y en todas las sociedades. La estadounidense incluida, desde luego.

“Nunca vi algo semejante –señaló Noam Chomsky sobre el estado de ánimo imperante en EE.UU. (www.legrandsoir.info, 24-4-10)–. Escucho la radio para enterarme de lo que dicen los que llaman por teléfono. ¿Qué me pasa?, se preguntan. Hice todo lo que me dijeron que hiciera. Soy un buen cristiano. Trabajo duro para mantener a mi familia. Tengo un arma. Creo en los valores de este país y, sin embargo, mi vida se derrumba.”

jueves, 15 de abril de 2010

¿Una más? - Juan Gelman

Israel se está conteniendo apenas, pero no deja de decirlo: quiere guerra contra el Líbano, vía Hezbolá, contra Siria y contra Irán. "Nos ecaminamos a una confrontación en el norte, aunque no sé cuándo se producirá", declaró el general Yossi Peled, ministro sin cartera del gobierno del Líbano, no tiene influencia alguna", agregó (AFP, 23-1-2010). Se recuerda la primera, la de 2006: cobró más de mil vidas de civiles libaneses y 160 bajas en el ejército israelí, que no pudo vencier, y tuvo que retirarse dejando tras de sí ruinas y destrucción. Sobran en Tel Avid los políticos y militares deseosos de lavar la reputación herida.

El primer ministro Saad Hariri denunció que la aviación israelí viola el espacio aéreo libanés todos los días y que esto entraña una grave amenaza, dado que sucede en el marco de reiteradas amenazas que emite Tel Aviv contra su país http://www.news.bbc.co.uk/, 3-2-10



En cuanto a Siria, Avigdor Lieberman, ministro de Relaciones Exteriores de Israel, amenazó directamente a su presidente Bashar Assad: en el caso de un conflicto bélico, le dijo: “Usted no sólo perderá la guerra, usted y su familia perderán el poder” (The Jerusalem Post, 4-2-10). La distancia entre esta advertencia y una declaración de guerra es muy cortita. Está claro que Tel Aviv nunca devolverá a Siria las alturas del Golán que ocupa desde 1967



Hezbolá obtuvo la mayoría de votos en las elecciones presidenciales de junio del 2009, ocupa algunos puestos ministeriales pero no controla la Asamblea Legislativa, cuyas 128 bancas se distribuyen entre representantes de más de una decena de confesiones religiosas. El palestino Azmi Hishara, ex miembro del Parlamento israelí, subrayó que Hezbolá había dejado en claro que evitará dar a Israel una excusa para iniciar la guerra, pero las declaraciones israelíes llevaron a Hassan Nasrallah, secretario general de la organización, a manifestar que lanzará cohetes al aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv si es bombardeado el aeropuerto Rafik al Hariri de Beirut, como ocurrió en el 2006 (http://www.dailystar.com.lb.24-2-10/
Según la inteligencia israelí, Hezbolá posee 42.000 cohetes y algunos pueden alcanzar a Tel Aviv.

El ejército libanés no es rival para el israelí en armas y número de efectivos: su fuerza aérea se reduce a dos bombarderos en tierra y a un grupo de helicópteros de los que no todos vuelan. Pero un ataque de Israel podría reproducir el fenómeno que tuvo lugar en 2006 y Hariri destacó: “Creo que ellos (los israelíes) apuestan a que Líbano se dividirá si desatan la guerra contra nosotros. Pero no habrá división en Líbano. Estaremos unidos contra Israel. Estaremos unidos con nuestro pueblo”. Beirut no quiere la guerra, su desventaja es evidente.

Tampoco la quiere Siria, que viene luchando para salir de su aislamiento internacional, agobiada por graves problemas económicos. Cuando las fuerzas especiales de EE.UU. violaron la frontera siria el año pasado, la respuesta de Damasco fue más bien suave. Y cuando Israel bombardeó un punto del norte de Siria, ni protesta hubo. Sin embargo, Lieberman consideró que era “una amenaza directa a Israel” una declaración del presidente sirio Bashar Assad, quien dijo que Tel Aviv está llevando la región a la guerra (http://www.jpost.com,4210/susceptibleministro )


Esta retórica de guerra es cada vez menos retórica. Israel ha trasladado su sistema antimisiles Iron Dome desde el sur, allí ubicado para interceptar cohetes procedentes de la Franja de Gaza, su frontera norte con Líbano. Hezbolá no ha lanzado un solo cohete sobre territorio israelí desde el choque del 2006. Cabe suponer que la mudanza no se debe a la lucha contra la organización libanesa, sino a un objetivo más vasto: buena parte del establishment brega en Tel Aviv por bombardear los centros nucleares de Irán. El diario israelí Ha’aretz anunció que Netanhayu quiere que Washington le proporcione bombas GBU-28, creadas para detonar bunkers bajo tierra. Bajo tierra se encuentran las instalaciones nucleares iraníes.

El ex jefe del Mossad Danny Yaton aseveró ante el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores que “todo el mundo debería emprender una acción militar para impedir que Irán obtenga la bomba” (www.pacificfreepress.com.31-3-10).

Y son notorias las presiones que Israel y el lobby estadounidense pro-israelí ejercen sobre la Casa Blanca para que ataque al país asiático de una buena vez. El brigadier-general Uzi Eilam, calificado de pilar de la defensa de Israel, piensa otra cosa: “Irán está muy, pero muy lejos de construir capacidad nuclear –afirmó–; atacarlo sería contraproducente”



Poco le importa a Tel Avid: prefiere una guerra nuclear que llevaría el mundo a su desastre.

domingo, 28 de marzo de 2010

Peleas de familia - Juan Gelman

¿Quién no las ha padecido y aun protagonizado? La llamada crisis EE.UU./Israel a una de ellas suena. Tel Aviv se ha dado el gusto de propinar dos bofetadas a la Casa Blanca, empeñada en alentar un proceso de paz palestino-israelí que ya se arrastra añares. Destinó la primera al vicepresidente Joe Biden cuando visitaba Tel Aviv a principios de mes para acelerar las negociaciones de paz. El presidente Obama fue víctima de la segunda poco antes de iniciar en Wa-shington conversaciones sobre el tema con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. En los dos casos, Israel anunció la construcción de más asentamientos para sus ciudadanos en Jerusalén Este, territorio árabe ocupado que la comunidad internacional considera capital de un futuro Estado palestino. La reacción estadounidense no fue la misma en cada lance.

Biden condenó con dureza “la sustancia y el momento del (primer) anuncio” (The New York Times, 9-3-10). “Fue insultante no sólo para el vicepresidente, fue un insulto a los EE.UU.”, se enfureció Hillary Clinton www.thehill.com/blogs, 13-3-10. El tono y los gestos norteamericanos cambiaron luego: Biden ejerció de anfitrión en la cena de gala ofrecida a Netanyahu el 22 de este marzo. Hillary Clinton reiteró que el compromiso de la Casa Blanca con Israel es “sólido como roca, permanente, firme y para siempre” www.minnpost.com,( 23-3-10)
Formuló esta promesa en la conferencia anual del Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (Aipac, por sus siglas en inglés), el lobby pro-israelí que, según la revista Forbes, es la segunda red de intereses más poderosa de EE.UU. El primer ministro Netanyahu fue ovacionado de pie cuando sostuvo en esta reunión que continuará la política de asentamientos en territorio palestino ocupado y que Jerusalén es y será la eterna capital de Israel.

El poder del Aipac no es pequeño. Hace años que logra modelar las políticas para Medio Oriente del gobierno estadounidense; por ejemplo, la invasión a Irak. Después del incidente, Biden no se limitó a la discreta actividad de pasar bajo la puerta a sus partidarios en el Capitolio, dirigentes demócratas incluidos, documentos de situación y posición en la materia. Esta vez emitió una declaración pública: “Las recientes declaraciones del gobierno Obama sobre las relaciones EE.UU./Israel –afirma– han creado una seria preocupación. Aipac llama al gobierno a tomar medidas inmediatamente para disipar la tensión con el Estado judío” (www.huffingtonpost.com),15-3-10. Un fraseo decidido

El Aipac colgó en su web un documento de 39 páginas con adhesiones a las políticas de Israel redactadas por 9 senadores y 47 miembros la Cámara de Representantes repartidos casi por igual entre demócratas y republicanos (www.aipac.org), (24-3-10) un hecho que
confirma cómo opera el Aipac: financia las campañas electorales de candidatos afines de los dos partidos. ¿Cómo se explicaría si no que legisladores presuntamente democráticos apoyen a un gobierno que practica la limpieza étnica y una forma peculiar del apartheid? Es éste apenas un aspecto de la capacidad influyente del Aipac.

En este marco se produjo un hecho insólito: el Pentágono pidió a Obama que adelgazara el vigoroso sostén que brinda a Israel. El general David Petraeus, jefe del Comando Central de EE.UU. y autor del envío a Irak de más efectivos estadounidenses, hizo llegar a la Casa Blanca su alarma por semejante política en un informe que elevó a mediados de enero sobre su gira por la región en diciembre del 2009: había recibido “un mensaje muy humillante” de los dirigentes árabes, quienes estimaron que EE.UU. era incapaz de solucionar el conflicto palestino-israelí. La intransigencia israelí –agregaba el general– ponía en peligro a las tropas norteamericanas que combaten en Irak, Afganistán y Pakistán (www.mideast.foreignpolicy.com, 13-3-10).

El peligro podría alcanzar una dimensión mundial si Obama se pliega a la insistente demanda israelí de bombardear Irán porque posee o pronto poseerá armamento nuclear. Israel cuenta con armas nucleares no declaradas cuyo número va de 200 a 300, según estimaciones de los especialistas. Irán detuvo el desarrollo de bombas atómicas en el 2003, según los 16 organismos que integran la comunidad de inteligencia de EE.UU. (www.newsweek.com. 16-9-09
La paradoja es manifiesta.

La realidad militar percibida por el general Petraeus choca con la realidad política imperante en Washington, que da bríos a la obstinación de Tel Aviv en la tarea de echar a los palestinos de sus tierras y reconstruir el Gran Israel bíblico. Netanyahu es un experto en este campo: EE.UU. mediante, incita a barrer del mapa a Irán señalándolo como el nuevo Amalek (Génesis 36:12), el peor enemigo que Israel tuvo alguna vez. W. Bush no fue el único gobernante que se valió del Libro para perpetrar atrocidades.

www.pagina12.com.ar

jueves, 18 de marzo de 2010

Flores de un día son - Juan Gelman

Está dicho en un valsecito criollo de Gardel y Le Pera: "Hoy una promesa, maña una traición,/amores de estudiante flores de un día son". Hace mucho que el presidente Obama dejó los estudios, pero no abandona, al parecer, ese sentimiento inefable que embarga a cualquier joven. En su primer día de gobierno envió un memorándum a los directores de los departamentos y agencias ejecutivos en el que señalaba: “Mi gobierno se propone crear un nivel de apertura sin precedentes. Trabajaremos juntos para garantizar la confianza pública y establecer un sistema de transparencia, participación pública y cooperación. La apertura fortalecerá nuestra democracia y promoverá la eficiencia y la eficacia de la gobernabilidad” (www.whitehouse.gov, 21-1-09). Pero los organismos convocados, cuando se les solicita información, esgrimen la palabra “secreto” con más frecuencia que el gobierno Bush.

La Ley de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés) faculta a cualquier ciudadano estadounidense a solicitar por escrito acceso a los archivos de los órganos del Poder Ejecutivo, con excepción de los que estos estimen secretos y/o confidenciales (www.sta te.gov). En el año fiscal 2009, el primero del mandato de Obama, las principales instancias de su gobierno –los departamentos de Agricultura, Defensa, Seguridad Interior, Justicia, entre otros– rechazaron al menos 466.872 peticiones contra 312.683 del año anterior bajo W. Bush www.rawstory.com, 16-3-10). El memo del presidente les prescribía que “tomaran medidas positivas para que la información sea pública” y se proporcionara sin retraso, en particular la relacionada con demandas amparadas por la FOIA. Difícil suponer que los organismos gubernamentales actúen sin alguna luz verde presidencial.

Una investigación de la Associated Press reveló que, según los registros correspondientes de la FOIA, 17 dependencias importantes de la Casa Blanca recurrieron a casi todas las nueve cláusulas que la ley fija para negar la información reclamada (AP, 16-3-10). La agencia noticiosa solicitó a la Administración Aérea Federal datos sobre las colisiones de las naves con pájaros que ésta intentó no dar. Sólo las presiones del caso lograron que los desclasificara. Hace casi tres meses que la AP espera documentación acerca de las normas que rigen la orden presidencial titulada “Directiva para un gobierno transparente”.

“El gobierno debe ser transparente. La transparencia promueve la responsabilidad y proporciona información sobre el quehacer del gobierno. Esta información es un bien nacional”, decía el memo de Obama de enero del 2009. Ahora amenaza con vetar una ley que sometería a los servicios de inteligencia a la supervisión de la Contraloría General de EE.UU., de la que hoy están exentos. Peter Orszag, director de la Oficina de Gestión y Presupuesto, señaló que el proyecto del Congreso, que incluye la notificación al cuerpo parlamentario de las operaciones encubiertas, constituye “una amenaza grave” que los servicios de espionaje objetan (www.rawstory.com , 15-3-10
Se entiende: los operativos de esa naturaleza –secuestros de ciudadanos extranjeros en países extranjeros, atentados, formación de escuadrones de la muerte, ejecuciones extrajudiciales, etc.– son clandestinos para todos. Nunca falta un legislador parlanchín.

“El presidente Obama vetaría una ley que autorizara el próximo presupuesto de los servicios de inteligencia si obligara a llevar a realizar una nueva investigación sobre los ataques con ántrax de 2001, dijo un funcionario de la Casa Blanca” (www.bloomberg.com , 16-3-10
Estos atentados, que infectaron a 22 personas y provocaron la muerte de cinco de ellas, fueron atribuidos a Bruce Ivins, un científico del gobierno ya fallecido. Orszag insistió: en una carta dirigida a los líderes de la Cámara de Representantes y del Senado, advirtió que la reapertura de la averiguación “socavaría la confianza pública” y haría dudar de las conclusiones del FBI www.businessweek.com , 16-3-10. No deja de ser un reconocimiento oblicuo de que Ivins era inocente.

Una de las primeras órdenes ejecutivas de Obama revocó la disposición del gobierno Bush que permitía la aplicación de las llamadas “técnicas ampliadas de interrogación”, es decir, la tortura. Entre los fundamentos de la medida, el nuevo presidente señaló que estaba destinada “a promover el tratamiento humano, salvo y legal” de las personas detenidas por EE.UU. “a fin de garantizar el cumplimiento de los tratados firmados por EE.UU., incluidas las Convenciones de Ginebra” ( www.whitehouse.gov , 23-1-10). En febrero pasado, Obama formuló la primera amenaza de vetar la ley mencionada porque el proyecto establece penas de prisión para los agentes de inteligencia que emplearen técnicas de interrogación “crueles, inhumanas y degradantes”. En el jardín de Obama, ciertas flores duran un día.

Pagina12

jueves, 21 de enero de 2010

Viejos rencores - Juan Gelman

No hay palabras para abarcar la espantosa tragedia que vive el pueblo haitiano. Algunos predicadores evangelistas estadounidenses creen que sí. El muy radiotelevisivo Pat Robertson es uno de ellos. Atribuyó la catástrofe “a algo que sucedió en Haití hace mucho tiempo, de lo que la gente tal vez no quiere hablar”: “un pacto con el diablo” (www.edition.com.cnn, 13-1-10). Impertérrito, Paterson recordó que bajo la férula francesa “ya saben, Napoleón III y demás, los haitianos se reunieron y cerraron un pacto con el Diablo. Dijeron: ‘Te serviremos si nos liberas de los franceses’. Pasó de verdad. Y el Diablo dijo ‘OK, trato hecho’”. No es fácil pensar al Diablo diciendo OK y el predicador se equivocó de Napoleón. En fin, lo imaginativo no quita lo ignorante.

El pastor baptista de la parroquia Buena Park, Wiley Drake, que el año pasado aconsejó rezar por la muerte de Barack Obama, acompañó los dichos de Paterson aunque con más cautela. No sabía si Dios trajo ese terremoto o no, pero aseveró que “las desgracias del país, su extrema pobreza, la turbulencia política constante y la frecuencia de los desastres naturales podrían ser la consecuencia del pacto con Satán” (www.totalbuzzofreedomblogging.com )
, 18-1-10). Hubo pacto, entonces. Los esclavos de Haití comenzaron su rebelión contra el dominio francés en 1791 alentados por el grito de “Libertad, Igualdad, Fraternidad” y por los vientos que llegaban del Norte con la revolución de las colonias británicas. De estas paradojas se alimenta la Historia.

Napoleón, el primero, el único, intentó aplastar un alzamiento provocado por la explotación extrema de miles de aborígenes africanos que, sometidos a un régimen brutal y obligados a servir tres años en una milicia dedicada a ejecutar a los prófugos, producían hacia el 1700 casi la mitad del café y del azúcar que consumía Occidente. Eran mano de obra esclava hasta el fin de sus días. Desde 1787 llegaban cada año más de 40.000 oriundos del Africa subsahariana y maduró la rebelión a un costo humano no calculado todavía.

El emperador fue derrotado dos veces por las tropas rebeldes comandadas por el general autodidacto Toussaint Louverture y la rebelión culminó en 1804 con la Declaración de la Independencia de Haití, la segunda en el continente americano y la primera en la Historia de esclavos que abolieron la esclavitud. Las afirmaciones de Paterson y Drake parecen un remedo tragicómico de las relaciones entre Napoleón y Thomas Jefferson, el tercer presidente de EE.UU.

La rebelión negra en Haití despertó las simpatías del American Federalist Party y de uno de sus principales arquitectos, Alexander Hamilton. Pero no todos los Padres Fundadores acompañaban ese sentimiento: Thomas Jefferson era dueño de tierras cultivadas por 180 esclavos, de las que nació su poder económico y político, y temía que cundiera el ejemplo haitiano. Apenas asumió la presidencia en 1801 fue secretamente sondeado por emisarios de Napoleón, quienes le pidieron que avituallara a las tropas francesas que navegaban hacia Santo Domingo para aplastar la rebelión negra.

Jefferson tenía el mismo deseo y abasteció a la flota del emperador y a sus hombres, aunque se mantuvo neutral porque tuvo indicios de que el plan de Napoleón no terminaba allí: pretendía establecer una prolongación del imperio francés en territorio estadounidense con centro en Nueva Orleans y colonizar la vasta región al oeste del Mississippi en su poder. Los reveses napoleónicos terminaron con el proyecto: Francia se retiró de Haití y vendió a EE.UU. Nueva Orleans y la Luisiana. Jefferson nunca reconoció un hecho que el catedrático John Chester Miller, de la Universidad de Stanford, subraya: “Con su larga y dura lucha, los negros de Santo Domingo coadyuvaron a que EE.UU. pudiera duplicar con creces su superficie” (The Wolf by the Ears: Thomas Jefferson and Slavery, University of Virginia Press, 1991).

El presidente Obama, al anunciar el envío de asistencia realmente masiva a Haití, incluidos 100 millones de dólares y 10.000 efectivos para garantizar la seguridad, señaló “una larga historia vincula a nuestros dos países”. No precisó en qué consistía: más que estar con Haití, EE.UU. estuvo en Haití, la ocupó militarmente de 1915 a 1934 agravando su miseria. También se ocupó de Haití. En el 2004, el presidente haitiano Jean-Baptiste Aristide fue derrocado por paramilitares que ingresaron a Haití desde Santo Domingo. Una docena de sus jefes habían sido entrenados durante años por las Fuerzas Especiales estadounidenses basadas en Ecuador (www.nydailynews, 24-2-04). Y luego: un alto funcionario de la embajada de EE.UU. visitó a Aristide para asegurarle que lo iban a matar, que era mejor que se fuera “para evitar un derramamiento de sangre”, al mismo tiempo que la Casa Blanca emitía una declaración culpándolo de contribuir “a la honda polarización y a la violencia imperantes” porque “no había observado los principios democráticos” (www.america.gov ,28-2-09)

Al día siguiente, el mandatario depuesto abandonaba Port-au-Prince escoltado por militares norteamericanos. Parece que Aristide, ex sacerdote católico, no había pactado con el Diablo.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Yemen


Juan Gelman ,Opinión

Forma parte ya de las listas de países - Mali, Pakistan, Somalia, Uganda y otros- en los que el Pentágono y la Casa Blanca desarrollan esa clase de guerra no declarada que abunda en los llamados ³daños colaterales². En este caso, con la participación de Arabia Saudita, su aliado más sólido en la región. Los bombardeos de cazas estadounidenses y de la fuerza aérea saudí son tan constantes como los argumentos falaces que los ³justifican² y, sobre todo, como la muerte de civiles yemeníes.

El general David Petraeus, jefe del comando central a cargo de las guerras de Irak, Afganistán y Pakistán, declaró que ³EE.UU. apoya la seguridad de Yemen en el contexto de la cooperación militar que proporciona a sus aliados en la región² www.yemenpost.net
13-12-09). El mismo día de esas declaraciones, el diario Yemen Post dio a conocer fotografías de los cazas norteamericanos que bombardeaban la provincia de Sa¹ada, al norte de Yemen, en una de las veinte incursiones que llevaron a cabo esa jornada. Su objetivo: liquidar a todos los guerrilleros houtis posibles. El resultado: decena de bajas civiles.

Los pretextos, como siempre, son Irán y Al Qaida. Los rebeldes houtis forman parte de la minoría chiíta del país, un tercio de la población, y se han alzado en armas contra un gobierno autoritario que los discrimina y reprime. Se los acusa de recibir armamento del gobierno de Teherán, pero su chiísmo Zaydi es una versión muy diferente del iraní. Hasta altos funcionarios estadounidenses admiten que no hay evidencias de que Irán los alimente. El Pentágono, a su vez, arguye que bombardea reductos de Al Qaida y, de nuevo, estos insurgentes no sólo no tienen vínculos con las redes de Bin Laden: son posibles blancos de sus atentados

El Departamento de Estado negó que EE.UU. interviniera en Yemen (www.upi.com
16-12-09) al día siguiente de que bombardeara repetidamente el norte del país. La Casa Blanca se retractó 24 horas después: Barack Obama había ordenado la ejecución de múltiples ataques con misiles a varios puntos de Yemen en coordinación con el eterno presidente Ali Abdalá Saleh. Realizada la acción, el mandatario estadounidense llamó por teléfono a su colega yemení para felicitarlo por el ³éxito² de los bombardeos, que dejaron un saldo de 120 muertos, civiles en su mayoría, mujeres y niños incluidos (www.dailystar.com.ib
17-12-09). Pese a este anuncio, el mariscal Saleh desmintió la intervención de EE.UU. en la matanza

Es su costumbre. A pesar de informaciones oficiales de las autoridades de Riad, rebatió a un vocero de los houtis que denunció los ataques lanzados por el ejército saudí el domingo último contra los habitantes de Al Nadheer, un poblado de la provincia norteña de Saada, limítrofe de Arabia Saudita: 54 civiles muertos y numerosos heridos (AP, 20-12-09). Saleh lanzó en agosto pasado un ofensiva contra los rebeldes del Norte con la evidente colaboración de Washington y Riad. Pero los sureños también sufren estas acciones militares

El gobierno yemení realizó una operación contra un presunto campamento de Al Qaida ubicado en la aldea de Al Maajala, a unos 480 km al sureste de Sana, la capital, que segó la vida de 64 civiles, 23 niños y 17 mujeres entre ellos. Esto provocó una desusada reacción popular: miles de manifestantes se derramaron por las calles de varias provincias exigiendo que se investigue lo acontecido. Miembros del Movimiento del Sur, un frente secesionista pacífico, subrayaron que el objetivo del ataque no era Al Qaida, sino los sureños que sueñan con restaurar lo que hasta 1990 era la República Democrática de Yemen, independiente del norte (www.thenational.ae
20-12-09). Es un deseo compartido por muchos habitantes de la zona.

Cabe preguntarse el porqué del interés de EE.UU. por el país más pobre de la región: forma parte de la estrategia destinada a extender el conflicto de Afganistán a zonas concéntricas más amplias de Asia central y del sur, el Cáucaso y el Golfo Pérsico, el sudeste asiático y el golfo de Aden, el Cuerno de Africa y la península arábiga www-rickrozoff.word press.com La sedicente guerra mundial contra el terrorismo de W. Bush cambió de nombre con Obama: ahora se llama ³operaciones de contingencias en ultramar². Pero los dos productos tienen el mismo olor. A petróleo.

Hay un aspecto convergente y nada despreciable. El papel que Arabia Saudita y las monarquías afines del Golfo Pérsico desempeñan en la ³nueva estrategia² de Obama los llevará a invertir en la compra de equipos militares estadounidenses la friolera de 20.000 millones de dólares en los próximos diez años (UPI, 25-8-09). Yemen no participa en el gasto, pero sí en la conjura. Y pensar que alguna vez lo gobernó la reina de Saba, que muchos siglos después se reencarnó en Gina Lollobrigida, dirigida por King Vidor en una película de la que Tyrone Power no alcanzó a ser su amado rey Salomón.

' www.yemenpost.net

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