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jueves, 20 de mayo de 2010

Brasil: Una razón (criminal) de Estado

Por Oscar Taffetani

Cables de agencias internacionales nos informan del asesinato de doce personas (entre ellas, tres adolescentes) en San Pablo, Brasil, los pasados 9 y 10 de mayo. Para una megalópolis donde se registran casi cuarenta homicidios diarios, la noticia no es relevante. Sin embargo, el hecho de que se haya fusilado a mansalva a seis indigentes que dormían bajo un puente, una noche, y a seis habitantes de un asentamiento precario, otra noche, habla de un plan sistemático de exterminio y de la existencia de un grupo operativo con las mismas características de los escuadrones de la muerte que tanto dolor y terror sembraron en la región, las últimas décadas.

Los tiempos de los tribunales -se sabe- son más lentos que los tiempos del crimen. Por eso, suele darse la terrible coincidencia de que en el mismo momento en que se hace pública la liberación de policías y civiles involucrados en matanzas, vuelven a producirse matanzas que tienen el mismo sello, incrementando el terror y el sentimiento de indefensión de las futuras víctimas. Ya es hora de preguntarse si la difusión (muchas veces, pormenorizada y morbosa) de las masacres, no es parte del mismo dispositivo de terror.

EL SOMATÉN Y EL ESCUADRÓN

Había en Cataluña, desde tiempos muy remotos, una suerte de milicia popular de autodefensa llamada so-emetent (porque emitían algún sonido especial, con un cuerno o una campana, para convocarse). Los grandes propietarios rurales del siglo XIX reflotaron esa clase de formación, a la que bautizaron Sometent Armat (somatén armado), pero la orientaron hacia el asesinato de anarquistas y militantes populares, contando siempre con la complicidad de las altas jerarquías del Estado. Por eso, tanto la Primera como la Segunda República derogaron el somatén y lo prohibieron en todo el territorio. Debió llegar al poder el genocida Francisco Franco para que esa variante del terrorismo de Estado fuera nuevamente ejercitada. Recién al cabo de tres décadas, muerto Franco, las Cortes españolas decidieron eliminar y prohibir el somatén.

Pero los matones a sueldo y las bandas parapoliciales -acotemos- no han sido sólo una realidad europea. También han sido una lacra para América, desde los mismos comienzos de la protesta social. No obstante, fue en los años ‘60 y ‘70 -tiempo de golpes de Estado y de cruzadas anticomunistas- cuando cobraron su forma más aleve y sangrienta.

Las dictaduras militares brasileñas, por ejemplo, combatieron a distintos movimientos y grupos insurgentes valiéndose de los llamados escuadrones de la muerte, integrados por sicarios que reclutaban en el mundo del hampa y el crimen organizado. Así fue asesinada en São Bento, 1973, junto con el hijo que llevaba en su vientre, la joven militante Soledad Barrett, nieta del escritor anarquista Rafael Barret (que había llegado a América, justamente, escapando del somatén español). En 1995, al crearse en Brasil la Comisión Especial de Reconocimiento de los Muertos y Desaparecidos Políticos, pudo investigarse el supuesto enfrentamiento en el que habían muerto Soledad y cinco de sus compañeros, verificando que en realidad los habían secuestrado, torturado y asesinado, como a tantos otros en esa larga noche.

ENEMIGO SE BUSCA

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística reveló en 1990 que el 63% de los niños de 9 a 12 años que habían muerto en ese país, el año anterior, habían sido asesinados. Un registro de esa misma época contabilizó -sólo para Río de Janeiro- 445 niños y adolescentes eliminados sin piedad.

En esa década, especialmente a partir de la llamada Matanza de la Candelaria (cuando policías militares dispararon contra niños que dormían en la recova de una iglesia, matando a ocho), comenzó a tomar fuerza un movimiento de denuncia y condena de esos crímenes. Pero las ilusiones pronto volvieron a caerse: sólo uno de los asesinos confesos de la Candelaria fue condenado a prisión, en 1997, con perspectiva de ser liberado en el corto plazo.

En 2007, una investigación ordenada por el Gobierno federal logró desbaratar en el estado de Pernambuco a un escuadrón de la muerte que integraban hacendados, empresarios y policías. “Ese grupo -declaró el comisario Pontes, a cargo del operativo- era una sociedad anónima de homicidios. Mataba en promedio a cuatro personas por semana. Eran crímenes por encargo y a veces por pequeñas venganzas”.

Un documento publicado hace poco por el Centro de Articulación de Poblaciones Marginadas confirmó que más de mil menores de entre 15 y 17 años, en su mayoría varones, mueren por año en Río de Janeiro, de manera violenta. “Para gran parte de la población -leemos en el documento- el exterminio es una forma legítima de hacer justicia contra personas consideradas sospechosas por ser jóvenes, negras y pobres. Ellos entienden que favelado es sinónimo de criminal, salvo que demuestre lo contrario”.

Sería erróneo comparar la insurgencia política y social de los años ‘60 -en Brasil, en la Argentina o cualquier otro escenario- con el estallido de pobreza y marginalidad que sufren hoy las ciudades de la región. No obstante, si atendemos a las semejanzas, veremos que en ambos casos hay un Estado que se subordina a los intereses del gran capital -ya sea nativo o trasnacional- y que se vale de escuadrones de la muerte (es decir, de la ilegalidad y el terror) para neutralizar o exterminar al “enemigo” de turno.

El presidente Lula da Silva y su posible sucesora (la economista Dilma Rousseff, sobreviviente de la guerrilla y la militancia clandestina de los ‘60) son al parecer los rostros de un nuevo Brasil, un Brasil que ya lidera el bloque regional y que se dispone a jugar un papel protagónico en las décadas que vienen. Hay además, en la agenda internacional brasileña, eventos como el Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, que implicarán un flujo adicional de inversiones y negocios. ¿Representan los meninhos y filhos da rua, los indocumentados de las favelas, esos ángeles fieramente humanos, una amenaza para la nueva economía y la nueva política? ¿Está decretada ya su muerte? ¿Han sido borrados de la cartografía del Imperio?

Un ímpetu positivista (a contrapelo de la historia) bordó en la bandera de la república brasileña el lema Orden y Progreso, dejando de lado la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad (molestas consignas de una burguesía en ascenso). Pero en los morros y favelas, luchando contra la adversidad y contra toda razón criminal de Estado, los pibes del Brasil dibujan, sin prisa y sin pausa, otra bandera. Vencerán.

Fuente: Pelota de Trapo

jueves, 13 de mayo de 2010

Petróleo público: de eso no se habla - Oscar Taffetani

El 80% de los albatros de ceja negra que quean en el mundo están en las Malvianas.
En tiempos hispánicos los llamaban "ojerosos". El petrel Zambullidor también es fauna típica de las islas. Les dicen así porque es capaz de cortar las olas o de pasar por debajo de un buque y seguir volondo.

Pingüinos, los hay de todas clases. Hasta puede verse en Malvinas el pingüino real, una variedad extinguida. Darwin anotó en su diario que había visto un lobo-zorro por allí (circa 1834); dos décadas despues, ya no quedaban lobos-zorros.

Leones marinos, tigres marinos, elefantes marinos y lobos marinos de dos pelos sobreviven muy a duras penas. Hoy no los matan a palos, pero les hacen la vida bastante difícil. Ballenas francas (australes) sí hay unas cuantas. Pero la jorobada, la nudosa de aleta larga, la enana, la boba, la boreal, la rorcual de Rudolphi, son rarezas de catálogo. Malvinas es todavía un santuario de la vida natural, alterado de vez en cuando por alguna guerra. O bien por la insaciable codicia de los seres humanos.

En el lecho del Atlántico sur, alternándose con nódulos y meteoritos caídos en millones de años, hay una herrumbre y una chatarra más reciente, producto de los últimos siglos de vida en el planeta. Y debajo de los barcos hundidos y las osamentas, a dos mil o tres mil metros de profundidad, están los restos de las criaturas del Jurásico, ya convertidos en petróleo.

La semana pasada, la empresa Rockhopper –segunda de las cuatro que tienen permiso británico para explorar este año- anunció que encontró un yacimiento que podría entregar 200 millones de barriles de crudo de buena calidad, lo que a precio internacional representaría unos 25 mil millones de dólares. Rockhopper ha ofrecido pagar a los 3.000 habitantes de las islas el 26% de sus utilidades, más un 9% del precio de cada barril vendido.

Rápidamente, la Cancillería argentina denunció la maniobra y redactó una nota en la que “rechaza de la manera más enérgica el intento de apoderarse ilegalmente de recursos naturales no renovables propiedad del pueblo argentino".

Paradojas de un siglo
El 16 de febrero de 1916, el pueblo de Comodoro Rivadavia envió al diputado nacional Tomás de Veyga una nota de apoyo al primer proyecto de reglamentación de la explotación petrolífera en suelo argentino, que permitiría al Estado Nacional disponer para su desarrollo de una prometedora masa de recursos provenientes de las riquezas del subsuelo.

“Tres ideas fundamentales encierra mi proyecto –escribió Leyva-: la explotación directa, por el Estado, de todo el petróleo existente en la zona de reserva fiscal.; el aporte de todo el capital necesario con dinero levantado entro de las fronteras; y el reparto de todas las utilidades entre los habitantes del suelo argentino”.
Aquella ley, que terminó de tomar forma gracias al impulso de Enrique Mosconi, echó a andar Y.P.F., la mayor empresa estatal de hidrocarburos del continente americano, al comenzar el siglo XX. En su peor momento (luego del vaciamiento y endeudamiento al que la sometió la dictadura de 1976-1983) la empresa nacional de hidrocarburos facturaba alrededor de cinco mil millones de dólares anuales, generando decenas de miles de puestos de trabajo y dinamizando las economías locales y regionales.
Después, llegó el crimen de lesa patria (y de lesa humanidad argentina) que fue la liquidación de Y.P.F. y la entrega a precio vil de yacimientos en plena producción y áreas petroleras con reservas comprobadas. Aquel crimen tuvo autores y cómplices, beneficiarios directos e indirectos, tanto en el partido de gobierno como en la mayoría de los partidos de la oposición.
Si una triste paradoja hubiera que marcar, a cien años de aquella esperanzada nota de los vecinos de Comodoro Rivadavia, sería el hecho de que el Estado nacional adjudicó en 2007, por 40 años, el yacimiento Cerro Dragón, en las provincias de Chubut y Santa Cruz, al consorcio Pan American Energy, del que es accionista mayoritario… British Petroleum.

Rockhopper pactó pagar a los kelpers malvineros un 26 % de las utilidades y 9% del precio de cada barril vendido, por explotar el yacimiento localizado esta semana en el mar continental argentino, pocas millas al norte de Malvinas. Pero en territorio continental, la Pan American Energy (es decir, British Petroleum) paga al Estado argentino, por la explotación de Cerro Dragón, sólo un 12%, en concepto de regalías. Otra rara paradoja de esta época es que resulta más ventajoso, para una empresa británica, trabajar “sometida” a las leyes argentinas que hacerlo acatando las leyes de la Corona.

En el país privatizado
La empresa “de bandera”, en materia de energía e hidrocarburos argentinos, se llama Enarsa (Energía Argentina Sociedad Anónima). Como su nombre lo indica, no se trata de una sociedad del Estado, sometida a las auditorías y controles públicos. Una parte de su paquete accionario está en manos de “representantes” de la nación y de las provincias. La otra parte, la tienen accionistas privados (se recordará el affaire de las valijas con dólares, hace algunos años, en el que estuvieron involucrados algunos de esos accionistas).

Entre los propósitos de Enarsa, leemos en su propia web, está “generar valor para los accionistas”. Ya no hablamos, ni retórica ni poéticamente, del pueblo argentino. Ahora, lo importante son los accionistas.

YPF-Repsol, emprendimiento que lleva la contradicción en su misma marca (puesto que si es fiscal, no puede ser privada) ha cedido un 10% de sus acciones al llamado Grupo Eskenazi, cercano al Gobierno, y está por ceder un 15% más, con lo que la participación “argentina” (así le dicen) llegaría a un cuarto del total.
Por su parte, el empresario del juego Cristóbal López, también cercano al Gobierno, acaba de concretar la compra de la refinería San Lorenzo, de 360 estaciones de servicio y de algunas concesiones petroleras que estaban en poder de Petrobras, por un monto de 110 millones de dólares. Ese sería otro avance “argentino” en la recuperación del patrimonio perdido.
Así las cosas, aunque estos nuevos emprendimientos privados se vistan de celeste y blanco y decidan esponsorear a equipos argentinos en algún mundial, lo cierto es que la propiedad fiscal (léase estatal) sobre las riquezas minerales del subsuelo de la patria siguen sin llegar a las manos de sus legítimos dueños.

Si un fundamento existe para la explotación de los recursos naturales de la tierra –permítasenos una última digresión- éste es ayudar a la mejor vida y desarrollo de la especie humana. En otras palabras: si los restos de un dinosaurio del Jurásico, hechos petróleo, sirven para alimentar a mil, a cien mil o a un millón de niños argentinos y latinoamericanos, el esfuerzo vale la pena. Pero si por obra de un capitalismo voraz y depredador eso no es posible, entonces preferimos que el petróleo siga durmiendo su siesta milenaria en las profundidades.

Y que las gaviotas y pingüinos australes sigan fertilizando con su guano la tierra. Hasta que una vez, definitivamente, florezca.
Fuente: Agencia de Noticias Pelota de Trapo

sábado, 6 de febrero de 2010

Por los gurises del río de los pájaros

Oscar Taffetani

Mientras solemnes jueces con peluca redactan en La
Haya sus dictámenes sobre el diferendo entre la
Argentina y el Uruguay por la instalación de la pastera en
Fray Bentos, la pastera sigue funcionando. Día y noche,
sigue funcionando, sigue embarcando y facturando miles
de toneladas de pasta celulosa, a la vez que
contaminando con dioxinas las aguas del río.

Mientras el gobernador de Entre Ríos decide, por su
cuenta, reunirse con el presidente electo del Uruguay y
tras una tarde de asado, de mate y de vino invitar a los
asambleístas de Gualeguaychú a levantar el corte del
puente y esperar calladitos el fallo de La Haya, mientras
eso pasa, Botnia vende el grueso de su paquete
accionario a la corporación finlandesa UPM, transfiriendo
además la Forestal Oriental (propietaria de 180 mil
hectáreas) al citado holding, tal vez confiando en su
poderío e influencia para sortear airosa la instancia
judicial.

A todo esto, los campos argentinos lindantes con el río
Uruguay, en la zona del puente Gualeguaychú-Fray
Bentos y también aguas abajo, comienzan a ser vendidos
o alquilados para la explotación sojera, para la creación
de bosques industriales (porque hay que alimentar al
monstruo de las papeleras) y para destinos que jamás
soñaron, ni en sus peores pesadillas, los dueños
originarios. Tal el caso de la estancia “El Potrero”, de
29.000 hectáreas, uno de cuyos flancos está enfrentado,
río de por medio, a la celulosa de Fray Bentos, y que
fue vendida por estos días. Es que el futuro turístico de la
región, con sus balnearios, con sus áreas protegidas, sus
selvas, sus bosques y palmares, ha cambiado para mal,
de golpe, sin que sus habitantes hayan tenido la
oportunidad -aunque el derecho los asista- de decir,
simplemente, que no.

Los números de la pastera

En su film “Estado de Sitio”, fresco de la política
uruguaya en tiempos de dictaduras y guerrillas, el
realizador griego Costa-Gavras supo mostrar con una
sola imagen -los ojos de un changarín del aeropuerto de
Carrasco- lo que era el sistema de información del MLN
Tupamaros. En cualquier oficina o establecimiento, a
cualquier nivel, la organización podía contar con un
informante, dispuesto a colaborar en la lucha contra los
verdugos de la patria. Del mismo modo, compañeros
uruguayos mantienen informada a la Asamblea de
Gualeguaychú de los movimientos de la pastera: a quién
contrata; a qué periodista soborna; a qué nuevo destino
envía sus cargas, etcétera.

Gracias a esos compañeros se difundieron documentos
de los despachos de aduana y los reembarcos de Botnia
en Nueva Palmira, con destino a Paysandú, para ser
reenviados desde allí, a través del puente General
Artigas, hacia puertos y/o compradores argentinos.

Examinando los cuatro despachos correspondientes al
pasado 26 de enero, vemos que cada uno involucra en
promedio 25 toneladas de pasta celulosa, a un valor CIF
de 660,40 dólares. Haciendo una rápida cuenta, si
recordamos que el plan de producción anual de de la planta
Fray Bentos es de un millón y medio de toneladas,
nos da un valor cercano a los mil millones de dólares anuales.
¡Vaya si tiene recursos, para pagar favores y comisiones!

De los leoninos contratos firmados por las autoridades
uruguayas con Botnia, se puede tener idea al ver las exenciones otorgadas.
Un Canal Verde, por ejemplo,
exime las cargas procedentes de Fray Bentos de verificación (o vista) de Aduana.
Y en rubros como IVA, IMESI, COFIS y Fondo Lechero, los productos de Botnia tributan… cero pesos.

¿Qué dejan las pasteras como Botnia, nos preguntamos, a cambio de lo que se llevan y del daño que producen a su alrededor?

Cuando llegue el día

El corte del puente internacional –única medida de fuerza
que aplicó y que sostuvo la Asamblea de Gualeguaychú,
ante la sordera del poder- no ha impedido en ningún momento la circulación con motivos laborales, con motivos deportivos o con motivos sanitarios, ni las compras domésticas de los vecinos de ambas orillas.
Pero sí ha impedido la llegada de insumos para Botnia,
el paso de las exportaciones de Botnia y el flujo del turismo mayor hacia Punta del Este y los grandes balnearios del Uruguay.

Sin embargo, de mil maneras, los medios y los comunicadores al servicio de Botnia
han demonizado a la Asamblea de Gualeguaychú,
tratando de convertirla en la gran responsable de todas las calamidades,
cambio climático incluido.
Por eso, muy pocos se han enterado por estos días de la decisión, ciento por ciento democrática, que han tomado los asambleístas de Gualeguaychú, para cuando se conozca el fallo del tribunal de La Haya.

Ellos decidieron convocar al pueblo, a todo el pueblo de Gualeguaychú,
a una gran asamblea, donde la comunidad entera podrá votar, una vez conocido el fallo,
si se levanta el corte del puente y si la lucha ambiental habrá de continuar de otras maneras
y en otros escenarios.

Un miembro de la Asamblea de Gualeguaychú nos comentaba
al atardecer de un tórrido día de febrero,
cuando el plañido de los botnios y botnias ya estaba
llegando a la Luna, que su vida ha cambiado por completo
a partir de la instalación de la pastera, y que
no se arrepiente del compromiso de lucha asumido
. “No lo hice por mí, sino por los gurises”, dijo.
“Lo hice por el río, por el campo y por estos montes donde me he criado.
Los gurises tienen derecho a todo eso; tienen derecho a un futuro.
Y defenderles ese futuro vale cualquier esfuerzo que hagamos”.
Pelota de Trapo

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