jueves, 11 de diciembre de 2014

Sujeto omitido. Hablamos de las mujeres (que llevan la carga de la globalización), pero no oímos su voz -


 Manuek Jiménez Friaza 
 Algo nos condena a buscar siempre un sujeto a los sucedidos y transformaciones del acontecer humano. Esta necesidad vale tanto para las religiones deísta como para los cambios sociales. La gramática de nuestra lengua lo refleja en su desfile sintático, haciendo obligatoria la función abstrata del sujeto, del que se predica algo, aunque no aparezca en el discurso escrito o en los hilos del habla. Esto ocurre poco, de todas maneras, y sólo en lenguas con una fonética fuerte como la nuestra (en otras más desgastadas, como el inglés o el francés, el sujeto pronominal es obligatorio) o con una visión científica de algunos hechos, como los que explica la meteorología, que ha calcado en las construcciones verbales que los nombran (pero aún así, no repugnarí a nuestra censura linguística de hablantes un enunciado como "Dios lluve") y lenguas, en fin, con la superficiente antigüedad como las formas defectivas de "haber", que permiten al español desembarazarse del metafísico "existir" y sustituirlo por el humilde "hay",restituyendo así el asombro de los suceso verbales, sin a mediación de la voluntad o la intención humana: "hay mucha gente aquí, pero muy buen ambiente". Y pocos casos más:cristalizaciones lingüísticas todas relacionadas con el tiempo y las temperaturas, del tipo "hace frío para julio", "es tarde ya, aunque no lo parece"... 
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