miércoles, 8 de febrero de 2012

La cara oscura de la bonanza sojera

Añadir leyendaDetalle de las semillas de soja, que tras un proceso de fermentación que lleva un añio se convierte en el condimento conocido como salsa de soja en la provincia de Wakayama, Japón
EFE/EVERETT KENNEDY BROWN



Expertos señalan que la expansión de la soja ha convertido a Argentina en uno de los países con mayor deforestación de Sudamérica. El cultivo también se ha extendido a países como Uruguay y Paraguay

En el último siglo, Argentina perdió dos tercios de sus bosques nativos. De las 106 millones de hectáreas que tenía en 1914 apenas le quedan poco más de 33 millones, según un reciente inventario de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable.

Perder casi 70% de las regiones forestales de un país es grave, según los especialistas, pero el dato que más preocupa es que la mayor pérdida se dio en los últimos 20 años.

Según los expertos, el principal culpable es la soja, el cultivo que se ha convertido en el motor de la economía argentina en los últimos años

.Hernán Giardini, coordinador de la Campaña de Bosques de la organización ambientalista Greenpeace, dijo a BBC Mundo que la producción de esta oleaginosa motivó que se talaran unas 280.000 hectáreas de bosque al año entre 1990 y 2008.


“Cada 2 minutos se desmontó una hectárea de bosque”, enumeró.

Así, Argentina se ha convertido en uno de los países de Sudamérica con mayor deforestación, un problema que suele afectar más a los países tropicales.

El ingeniero forestal Ignacio Gasparri, del Instituto de Ecología Regional de la Universidad Nacional de Tucumán, en el norte de Argentina, dijo a BBC Mundo que sus estudios demuestran irrefutablemente el vínculo entre la soja y la deforestación.

“Incluso las áreas que se desmontaron para desarrollar la ganadería tienen relación indirecta con la soja, ya que en la mayoría de los casos el ganadero se mudó allí porque fue desplazado de su lugar original por ese cultivo”, afirmó Gasparri.

Las zonas en peligro

Los árboles más amenazados por la soja son los que forman parte de los bosques subtropicales argentinos, ubicados en el norte del país.

Estas áreas, que representan casi el 90% de todas las zonas forestales de Argentina, incluyen los bosques secos del Chaco, la selva de montaña de Tucumán, Salta y Jujuy, y la selva de Misiones.

“Tradicionalmente estas regiones subtropicales no eran aptas para cultivar pero el cambio climático aumentó las lluvias cerca de un 30% en estas zonas durante la primera mitad del siglo XX, y por eso se eliminó esa restricción”, explicó Gasparri.

Las mismas características de la soja también permitieron su expansión, ya que las versiones transgénicas (que son las que se usan en Argentina) requieren menos agua que otros cultivos.

Según Gasparri, en Argentina el crecimiento de la frontera agrícola siempre fue la principal causa de la pérdida de árboles. Pero mientras que en el pasado los cultivos hacían parte de las economías regionales, ahora la mayor porción del suelo argentino está dedicado a una oleaginosa que casi no se consume en el país.

Casi el 100% se exporta, y si la demanda global sigue creciendo, seguirá siendo una parte fundamental de la economía argentina, advirtió.

El boom de la soja se dio después de la crisis económica de finales de 2001, cuando el país devaluó su moneda local. Los estudios muestran que la deforestación se duplicó a partir de ese momento.

Doble daño

El daño ambiental que genera el desmedido crecimiento de la soja en Argentina no es sólo por la tala de árboles.

El apuro de muchos productores agrarios por sacar provecho del fervor internacional por este commodityhace que ni siquiera se tomen el tiempo de aprovechar la madera que se está cortando.

“En la mayoría de los desmontes los bosques son quemados y eso genera gran contaminación”, explicó Gasparri.

Según el experto, mediciones del año 2000 muestran que la quema de árboles generó más gases de efecto invernadero que lo que produjo todo el sistema de transporte del país.

Pero no todas son malas noticias: la aprobación de la llamada Ley de Bosques, en 2007, marcó un punto de inflexión y puso un freno -al menos temporal- a la desaforada tala de árboles.

Hernán Giardini, de Greenpeace, dijo a BBC Mundo que en 2008 bajó un 50% la deforestación en el país.

Esta norma establece presupuestos mínimos de protección ambiental para la conservación de zonas forestales y obliga a las provincias a realizar un reordenamiento de sus bosques nativos, indicando dónde se puede y dónde no se puede cortar árboles.

Si bien Greenpeace elogió el hecho de que la mayoría de las provincias (17) ya realizaron esta tarea, advirtió que algunos gobiernos no están respetando las zonas que debieran conservarse.
Además, Giardini criticó al gobierno nacional por no destinar los recursos necesarios para la aplicación de la ley.
“En el presupuesto de 2012 hay siete veces menos de lo que corresponde para financiar la Ley de Bosques”, denunció el activista ambiental.






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