martes, 21 de abril de 2009

CARNE PODRIDA

UNO: allá por 1978, con Marenales y Sendic disfrutábamos de la hospitalidad del Batallón No. 3 de Ingenieros en Paso de los Toros. Una mañanita otoñal Eduardo Benítez bajó los seis escalones hacia el semi subterráneo donde estaban los calabozos. Eduardo era sargento del S-2 y en los ratos que no vigilaba vecinos suyos o torturaba comunistas y tupamaros, oficiaba de pastor en una iglesia evangelista. Este candoroso personaje llegó acompañado por el cabo Raúl Rodríguez, cuya mayor hazaña de guerra fue engañar a Carmen para que le trajera un pollo a su esposo-rehén y luego de comérselo impunemente, verduguear cada vez que podía a Marenales contándole lo rico que estaba.

Pero esa mañana estaban “apretados”. Por el silencio en la sala de guardia adiviné que había algún oficial presente. Capucha, esposas y me sacaron en el aire hacia la superficie de la tierra. En el salón de la escuela me esperaban tres conocidos míos: el generalazo Feola (devenido jefe de la División III), el coronel Cordero (ahora gozando impunemente del carnaval en Livramento) y Portela, a quién había conocido como mayor en el cuartel de Paysandú.

¿Qué querían a cinco años de aislamiento? Los tres estábamos reducido a un estado de neurosis aguda. Fotobia, broncoespasmo, lumbociatalgia y diarreas constantes entretenían nuestros ocios. La relación con los oficiales era la “correcta”, o sea, cada tanto descendían desde su Olimpo para azuzarnos y nosotros reaccionábamos como perros rabiosos. Ellos reían burlonamente, salvo cuando Raúl le pegó el piñazo al capitán “Chepe” González. Nuestra vida diaria transcurría en una especie de limbo nebuloso, sacudido cada tanto por temporales, algunos de bronca y otros de depresión. Sin embargo, como ya no nos quedaba nada que perder, los tres nos sentíamos parapetados en una fortaleza… ¿qué otra cosa podían hacernos? Éramos impunes de cierto modo.

Cordero empezó con un despliegue de interés por mi situación personal: la salud, la atención, la comida, el recreo, las visitas, el dentista...demasiado sabía él. Después una hora y pico de reflexiones filosóficas sobre la guerra, las razones de nuestra derrota y el asesinato –que él llamaba muerte- de mi hermano, que el llamaba “joven idealista”

.¿Qué mierda quiere este verdugo? Información “operativa” no podían pensar que tuviéramos. “Ahora soy virgen en información”, les dije para cubrirme, por las dudas. Al haber olvidado cómo pensar racionalmente, al torturado sólo le queda aferrarse a los instintos. Está clarito pensé: estos locos quieren saber si estoy quebrado, vienen a comprobar el fruto de sus esfuerzos y regodearse con mis desgracias. Allá muy adentro se tensó la cuerdita que quedaba sana en mi guitarra...resistir es sobrevivir, mantenerse íntegro como ser humano, prepararse para el plantón, prepararse para los golpes, prepararse para el submarino… aguantar el dolor, no dejarse derrotar, porque el dolor pasa, pero la derrota no.

Tiraron una montaña de fotos sobre el pupitre del maestro de la escuela. Era de gente que no había caído presa. Atalivas, Juancito, el Beto, el Loco Iglesias, Melián, Luisito, el Negro Mansilla, Navillat, Bandera... ¡qué cuadro de tupamaros había quedado afuera! Muy amable, Corderito me pidió que les hablara de ellos, de mis hermanos. Entonces, entendí todo: algo debe estar pasando afuera que éstos se toman la molestia de venirse hasta donde nos tienen enterrados casi vivos. Quieren información para saber con quienes se las tienen que ver. Se encendió una luz de esperanza. Y me hundí en el silencio, única manera que tenía de apoyar a quienes siguen luchando afuera.

Recuerdo cuando me mostraron la enésima foto y Feola, muy seco, en su papel de dios todopoderoso, me conminó que le dijera quién era el fotografiado y, después de mi respuesta, me dice medio caliente: “pero si es el novio de tu hermana, cómo no vas a saber quién es”. Sonreí de la boca para dentro. Les había ganado la partida de ajedrez. No estaba derrotado.

Cuatro horas después me tiraron de cabeza en el calabozo. Me zambullí debajo de la cucheta y saqué del berretín el grafo y papel que tenía escondidos para las urgencias. Relaté el interrogatorio al Bebe y al Viejo Julio. Les informé de mis impresiones y de las conclusiones que había sacado. Como escribió Graciela Estefanell días antes que la asesinaran tras el vuelo cero, pude decirles con tranquilidad de conciencia: “estén tranquilos, compañeros, no los traicioné”.

A la mañana siguiente llevaron a Sendic y a la otra a Marenales. Cuatro rigurosas horas a cada uno. Tenían agendados los interrogatorios. No hubo golpes. Sólo presión. El sargento-pastor Benítez nos trajo papel y lápiz por si nos arrepentíamos de nuestro silencio y queríamos escribir lo que habíamos callado. Los tres le devolvimos las hojas en blanco.

Ellos ignoraban que nos estaban haciendo un gran favor. En medio de la neurosis galopante que vivíamos, nos peleábamos entre nosotros por quítame allá esas pajas... pero el enemigo nos unió, los interrogatorios nos dieron tema para varios meses de especulaciones... ¿qué estarían haciendo los compañeros en el mundo exterior? La esperanza nos ayudó a llegar al 1985.

DOS: Más de 30 años después llegan a casa dos periodistas de “Tiempos del Sur”, periódico de origen desconocido que se reparte gratuitamente. Quieren una entrevista de diez minutos. Ante mi negativa inicial, muestran el informe de inteligencia militar que transcribo más abajo. Un informe que ellos ya publicaron y ahora anda circulando por Internet. ¿Es carne podrida?, uno se pregunta de inmediato.

En primer lugar, hay una intención es nítidamente clara: cuando está llegando a su fin la ley de caducidad (el plebiscito es un hecho), los verdugos encerrados en jaula de oro quieren reinstalar aquel clima de “terrorismo” que favoreció la derrota del Voto Verde en abril de1989. Por otra parte, estos “operadores” no lo quieren a Mujica de presidente de la república. Para estos enfermos de fascismo, siempre serán pocas las reverencias que el Pepe haya hecho al poder económico, político y militar. Siempre quieren más y más garantías, algo que Astori o Lacalle o Larrañaga pueden darles. Ni hablar que su favorito es Pedro. El ataque a Huidobro apunta por elevación a la candidatura de Mujica.

En segundo lugar, desde las “negociaciones” en el Batallón Florida (año 1972), el Ñato está metido en las pujas de poder entre fracciones del partido militar. Supone que apoya a los oficiales “nacionalistas” (en 1972 “peruanistas”) contra los oficiales de la caverna reaccionaria. Allá él si tanto le gusta el anzuelo que viene mordiendo desde hace 27 años y que lo vuelve objetivo de este tipo de operaciones de “inteligencia” militar. El informe es la División IV del Ejército que en 1977 estaba comandada por el Goyo Álvarez nada más ni nada menos.

Tercero: ¿Quién sacó esto de los archivos? Esto continúa el operativo que iniciaron los “servicios” acercándose a algunos dirigentes del MLN (T) después del Plebiscito de 1989. El objetivo es neutralizar, desprestigiar, desparramar basura y…sembrar cizaña entre los sobrevivientes de la masacre, para que nos arranquemos las muelas y no pensemos más en hacer revoluciones.

Cuarto: Décadas después de la tortura, los asesinatos y las desapariciones, son públicas y notorias las enormes diferencias ideológicas y políticas que separan a los sobrevivientes. Cuando tengo en mis manos este “inocente” informe, me ataca la bronca … dadas las distancias siderales que nos separan con el Ñato, ¿estos verdugos me habrán elegido para el papel de inquisidor? ¿Me quieren utilizar como instrumento en sus pujas y en las campañas de desprestigio? Los verdugos son siempre verdugos por muy de seda que se vistan ¡que se vayan a…donde siempre los mandé!

Conclusión: como me dijo un compañero “un documento emanado de los milicos es "carne podrida" aunque sea cierto porque tiene como objetivo pudrir”. No puede discutirse, ES CARNE PODRIDA.-

TRES: ¿Qué hacer frente a esta carroña y otras que vendrán?

Apenas estoy en condiciones de transmitir mis sentimientos a la cofradía tupamara. Podría hacerme el distraído y no decir nada sobre el tema, pero el “informe-carroña” está circulando y más temprano que tarde estará en otros titulares más leídos que los de Tiempos del Sur. La manera correcta de desbaratar un “operativo” es denunciarlo para que lo conozcan aquellos que más les interesa: la cofradía tupamara. Siento la íntima necesidad de opinar pero sin entrar en la carnicería que es el objetivo de los servicios de “inteligencia”.

Es que, cuando se ataca a mis hermanos y hermanas, las torturadas y los torturados, siento solamente fraternidad y solidaridad. Pienso en los miedos, terrores y debilidades, que son los mismos que me aterraron. Pienso en aquellas noches de debilidad y miedo, cuando me aferraba al escuálido hilito de resistencia que me mantenía entero se llamaba Ricardo Zabalza.

Por eso no puedo juzgar en términos “objetivos” cuando de tortura se trata. Tomo partido por el torturado así, de buenas a primera, sin pensarlo. Juzgo solamente las condiciones a que se estaba sometido y una honda emoción fraternal me impide endurecer mi corazón. Nunca me coloco en el lugar siempre veo la realidad desde adentro de la capucha.

Amodio y los otros traidores nunca estuvieron encapuchados, no precisaron tocarles un solo pelo para que traicionaran. La tortura no es la causa de la traición. Hay otras cosas detrás de cada traidor.

CUATRO: sobrevivientes queridos no quiero que la carroña les llegue enviada por Mefistófeles. Mejor adelantarnos a la jugada de estos frustrados ajedrecistas. Deseo de alma que entre nosotros impere el espíritu de solidaridad y fraternidad ante el enemigo. El mismo que nos salvó al Bebe, al Viejo Julio y a mí en Paso de los Toros. No podemos arrancarnos tiritas de piel los unos a los otros...ése sería el gran triunfo del torturador.

La solidaridad no exime de responsabilidad a nadie. Cada cual debe asumir su propia historia frente a las compañeras y los compañeros. La memoria del calabozo debe ser íntegra y transparente… ¿es verdad o no este informe de 1977?, ¿son o no verdad esos juicios de valor sobre los compañeros?, ¿hay más “carne podrida” en los archivos militares a disposición de alguno mano negra? Mejor saberlo por boca de la víctima que luego enterarse en “operaciones” orquestadas por los asesinos.

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