martes, 28 de abril de 2015

La extraña levedad de la historia - Boaventura de Sousa Santos



  Hay gente demasiado pequeña para ser humana. Tal vez siempre haya sido así, pero desde que la modernidad occidental se expandió por el mundo gracias al colonialismo y al capitalismo la contradicción entre la igual dignidad de todos los seres humanos y el trato inhumano dado a algunos grupos sociales tomó forma de una fractura abismal. Una fractura por la que corrió mucha sangre y se destikó mucha hipocresía. Las zonas de subhumanidad fueron teniendo varias poblaciones (salvajes, indígenas, mujeres, esclavos, negros) pero nunca fueron clausuradas; por el contrario, se renovaron con nuevas poblaciones que sustituyen a las antiguas. La zona más reciente es la de los inmigrantess indocumentados. Por eso, la sangre derramada en el Mediterráneo viene de lejos, tanto en tiempo como en espacio. Y no es casualidad  que hoy se vierta tanto en el extremo norte como en el extremo sur del mismo continente, en Sudáfrica.
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