lunes, 18 de mayo de 2015

Para una semblanza de Alfredo L. Palacios, a medio siglo de su muerte - Carlos Miguel Herrera


 La figura de Alfredo L. Palacios simboliza aún hoy el socialismo argentino. Su fueerte y excéntrica personalidad, una estética con ribetes pintorescos (en la que cuentan tanto su manera de vestir o sus aplios bigotes como su publicitado donjuanismo), han podido servir para modelar cierta imagen de un personaje, pero su trascendencia política fue real, en particular en el plano electoral. Era sin dudas, desde su ingreso a las filas del Partido Socialista, en 1901, hasta su muerte, en 1965, el dirigente más popular de la izquierda argentina, en parte también gracias a sus grandes dotes oratorias, y siempre muy respetado internamente por su conducta personal, honesta y coherente. No por casualidad disfrutaba del título de "Primer diputado socialista de América", al obtener una banca en la Cámara en marzo de 1904, por la circunscripción porteña de La Boca, donde tenía por entonces su estudio jurídico en el que atendía gratuitamente a la clase trabajadora como, según cuenta la leyenda, rezaba un cartel a la entrada. La reforma del sistema electoral producida por la Ley Sáenz Peña, le permitirá entrar al Parlamento en 1912, donde una vez más se mostrará activo en los temas que tocaban a los intereses de la clase obrera.
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