viernes, 12 de junio de 2015

El G-7 y las flores marchitas de los viejos imperios - Augusto Zamora R.


 Las reuniones del G-7, cada vez más, olor a naftalina, a viejos escudos nobiliarios erosionados por  el tiempo, a reunión grupal en la que sus miembros busxan reafirmarse en sus creencias, como si de una secta se tratara. Hasta hace, quizás, unos quince años, el G-7 reunía a los países más ricos y poderosos de la Tierra. Era, o quería ser, una especie de gobierno mundial, cuyas decisiones marcaban la  pauta del planeta. Ya no es así. Atendiendo los últimos datos del FMI, de abril 2015, en términos de pariedad de poder de compra -que es, en última instancia, el dato revelante- China es la primera economía mundial, India la tercera y Rusia la sexta. El PIB de Brasil supera al Reino Unido y el de México es mayor que los de Italia y Canadá. La única nota destacada del G-7 es su afán -estéril- de seguir creyendo que gobierna el mundo y su pretención -más estéril aún- de pretender dominarlo con amenazas. 
 "La OTAN es el verdadero actor, siendo el G.7 una fachada" 
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