sábado, 23 de octubre de 2010

La contrarrevolución de las palabras

Por: Jorge Capelán 23 octubre de 2010


De agosto de 1991 a enero de 1992, John Wolfgang Alexander Ausonius, disparó contra 11 personas en las ciudades suecas de Estocolmo y Uppsala.

Una de sus víctimas murió y varias de ellas fueron lesionadas de por vida.
Lo único que sus víctimas tenían en común era el color oscuro de su pelo o la piel.
Para cometer sus crímenes, Ausonius utilizó, primero, una escopeta y luego, un revólver. La mira láser que utilizaba para sus atentados nocturnos le valió el apodo de "El Hobre del Láser" - Lasermannen.

Hoy, 18 años más tarde, un cable de EFE fechado el 22 de octubre nos informa que:

"La Policía sueca pidió este viernes la colaboración ciudadana en busca de pistas y testigos sobre un presunto francotirador al que se considera responsable de 15 tiroteos, uno de ellos con desenlace mortal, contra inmigrantes en Malmö (sur del país) a lo largo del último año..."

La víctima mortal de los tiroteos es una muchacha rubia que, al momento de ser asesinada, hablaba con su amigo extranjero a la salida de una mezquita. Los diarios suecos dan por sentado que el probable objetivo del atentado era él, y no ella.

Muchos piensan que el autor de los crímenes es un sicópata.

El Jefe de Regional de Operaciones de la policía sueca Börje Sjöholm dijo al periódico local Sydsvenskan: "No descrtamos ideas extremistas (de derecha como motivo del crímen), pero tampoco las priorizamos".

Yo me pregunto: ¿No es un rasgo sicopático el no priorizar la hipótesis de una ola de atentados racistas?

Cuando Alexander Ausonius inició su ola de atentados en 1991, la derecha se hacía con el poder por primera vez en muchos años en Suecia.

Al mismo tiempo, un partido semifascista, Ny Demokrati, recibía 6,7 porciento de los votos al parlamento, 25 parlamentarios y 335 lugares en los parlamentos comunales de todo el país. La plataforma política de este partido: mano dura con los inmigrantes.

Para las siguientes elecciones, Ny Demokrati desapareció de la política tan rápido como había sido creado. Sin embargo, su programa político fue aplicado en su totalidad por gobiernos, tanto de la derecha como de la socialdemocracia.

Hoy, al descubrirse la ola de atentados terroristas contra los inmigrantes de Malmö, la situación es parecida:

La derecha ha regresado al gobierno por primera vez desde mediados de los 90s. Un partido neofascista, xenófobo y antimusulmán, Sverigedemokraterna, llega por primera vez al parlamento con 5,7 porciento de los votos, 20 parlamentarios y 612 lugares en 245 parlamentos municipales.

A diferencia de 1991, el bloque de la derecha esta vez necesitará de los votos de Sverigedemokraterna para decidir algunas (o muchas) cuestiones.

En otro orden de cosas, un cable de la agencia EFE del 22 de octubre nos confirma lo que ya sabíamos:

"La cadena de televisión Al Jazeera reveló hoy algunos datos recogidos en los documentos sobre la guerra de Irak que iba a filtrar el sitio web Wikileaks y que muestran la existencia de un mayor número de víctimas civiles y el encubrimiento de las torturas por parte de EEUU.
...
La información adelantada por Al Jazeera, que se anticipa a la prevista publicación mañana de estos datos por parte de WikiLeaks, asegura que 'el número de muertos civiles es mucho mayor de lo que se estipula oficialmente'.
...
Estos informes documentan, según la cadena qatarí, que tras la guerra, iniciada en marzo de 2003, se produjeron 'numerosos casos de tortura, humillación y homicidios contra civiles por parte de las fuerzas iraquíes'."

En Iraq ha muerto al menos un millón y medio de inocentes. Este verdadero genocidio, que debería llenar de indignación y de rabia a cualquier ser humano, ha sido normalizado como una carnicería sin sentido.

"¡Así es la vida!" nos enseña la CNN y, de paso, nos convierte un poquito en cómplices por omisión.

Como en todas las sociedades occidentales, los medios suecos repiten sin cesar que Saddam Hussein era amigo de Bin Laden, que estamos en guerra contra Al Quaida, que lo que pasó el 28 de julio de 2009 en Tegucigalpa no fué un golpe sino una confusa "destitución", y que lo que pasó el 30 de septiembre en Quito no fue un intento de golpe sino una sublevación de unos pobres policías a los que Correa había despojado de los juguetes de navidad para sus hijos, etcétera.

Son medios que se toman en serio el argumento de que Evo Morales es racista por hacer una ley contra el racismo.

Del "mundo al revés" de Galeano, hemos pasado al mundo de la contrarrevolución de las palabras. Las palabras repetidas por la industria de los monopolios mediáticos, son activos participantes en el ultraje contra los sueños y aspiraciones de la gente. No nos mienten, directamente nos reprimen y nos masacran.

Por ello no nos debe extrañar que en Suecia, las autoridades sigan empeñándose en descartar motivos racistas tras los atentados en Malmö.

Suena tan profesional y objetivo, pero es tan criminal

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