jueves, 25 de agosto de 2011

Uruguay: EL LABERINTO DE SALSIPUEDES- YACARE CURURU

Venganza charrúa
Dice un tango que “toda carta tiene su contra y toda contra se da”, lo que puede ser aplicable dentro de esta campaña de exterminio a lo sucedido en yacaré cururú, donde los Charrúas, en la persona de Bernabé Rivera, vengan a sus hermanos asesinados y a sus familias esclavizadas. Bernabé Rivera, ensoberbecido, comete un error que le será fatal, al menospreciar a los charrúas. Compartamos dos versiones de lo ocurrido, en principio continuando con los relatos de Manuel Lavalleja y luego de Antonio Díaz (hijo) que difiere muy poco de la de Eduardo Acevedo, que contaron con las mismas fuentes informativas. Dice el primero:
"Posterior al asesinato de los charrúas ejecutado por Rivera, se sublevo el mayor Tacuabe y el indio Lorenzo, en la colonia del Cuareim, y penetraron hasta la barra del Queguay. Allí les dio alcance Bernabé con una fuerza que traía de Tacuarembó y los hizo emigrar por el paso de San José a Entre Ríos. Persuadido Bernabé que la fuerza que traía era ya inoficiosa desde que Tacuabe había emigrado ya, la mando contra marchar quedándose el con sesenta hombres con los cuales marcho Uruguay arriba hasta “Bella Unión”, con el fin de perseguir algunos restos que por allí pudiera haber de los de Tacuabe; como no hallase nada hasta la barra del Cuareim, siguió registrando la costa de este rio arriba y en esta operación dio con los charrúas en la barra de Yacaré Cururú”. “He dicho antes que los charrúas componían el numero de treinta y cuatro hombres, pero cuando los encontró Bernabé había solo diez y seis con las familias, los demás aptos para la pelea incluso el cacique Polidorio, hacia, dos días andaban por el Cuaro bombeando el campo y corriendo yeguas. Los charrúas que vieron la fuerza de Bernabé se pusieron en retirada con las chinas a todo galope. Bernabé desesperado por alcanzarlos con el convencimiento que los haría pedazos sin resistencia, empezó a correrlos a discreción, cuando los hubo perseguido como legua y media, ya estaba toda a gran distancia unos de otros con los caballos cansados mientras que el pequeño grupo de indios conservaba su retirada en masa. Bernabé iba tocando la retaguardia de los indios, pero era el solo y tenía su tropa dispersa. En tales circunstancias volvieron cara los indios y empezaron a lancear a sus enemigos sin la menor resistencia; en ese estado de desorden rodo el caballo de Bernabé dejándolo a el prisionero; hasta entonces habían muerto quince hombres de los suyos y no murieron todos porque los indios no dieron un paso más delante de donde rodo Bernabé y se contentaron con él”.

“Allí entraron a hacerle cargos de los asesinatos hechos a sus familias y hermanos: el teniente Javier, indio misionero y ladino, era de opinión que no se matara a Bernabé, que conservándolo vivos ellos rescatarían a sus familias prisioneras, los otros incluso sus chinas pedían su muerte y aquel les ofrecía cuanto ellos pudieran apetecer; les ofrecía que les haría entregar las mujeres y los hijos; a esta oferta le preguntaron que quien les entregaba las familias que él y su hermano habían muerto en Salsipuedes; Bernabé no tuvo que responder y entonces un indio llamado cabo Joaquín (todo indica que sería Sepe) lo paso de una lanzada y a su ejemplo siguieron los demás; en fin murió, le cortaron la nariz y le sacaron las venas del brazo derecho para envolverlas en el palo de la lanza del primero que lo hirió, lo arrastraron a una distancia donde había un pozo con agua, allí le metieron la cabeza dejándole el cuerpo fuera. Así concluyo Bernabé…”

Recurramos ahora al relato que, sobre el mismo hecho, nos dejo Antonio Díaz (hijo):
"“(…) Los jefes políticos de los departamentos movilizaron algunas milicias para perseguirlos, mientras que Bernabé con los capitanes Rosendo Velazco, Máximo Arias, alférez Viera y capitán Fortunato Silva, con una fuerza de ochenta hombres, se dirigió al Cuaro a perseguir al indio Napegua que con un grupo de los insurrectos había repasado de corrientes. Rivera consiguió hacerlos vadear al Brasil, y habiendo sabido que los charrúas se hallaban en el potrero distante cuatro leguas de aquel punto, dispuso atacarlos, como efectivamente lo verifico en la mañana del día siguiente. Sorprendidos en su guarida del potrero, los charrúas como de costumbre se dispersaron en grupos al parecer aterrados y sin intención de volver al combate. Pero no fue así, el grupo mayor perseguido por Bernabé volvió cara, cargo a sus perseguidos, destrozándolos y matando al referido coronel Bernabé Rivera, al comandante Pedro Bazán, al alférez Roque Viera, y a nueve de los soldados, el resto de la partida de Bernabé huyo refugiándose en el monte. El hecho empezó en un potrero del arroyo Arapey denominado del yacaré, y se desarrollo cocho leguas hacia las puntas del rio”. He aquí los detalles de la muerte de aquel jefe, según los documentos oficiales, e informes más caracterizados de aquella época. La casualidad tuvo gran parte en el hecho, como se verá. Recogidos los dispersos y familias de la colonia, Bernabé disolvió las milicias que se le habían reunido, considerándolas innecesarias”.

“En consecuencia se dirigía de regreso a Tacuarembó, cuando le avisaron la invasión del indio Agustín, por las inmediaciones del Cuareim. Esto le obligo a retroceder, y dirigiéndose al punto indicado, se encontró con los barbaros que repasaron desde luego al norte de aquel rio. Después de oficiar al jefe de la frontera limítrofe Bentos Riveiro, comunicándole que los indios entraban en su jurisdicción, se ponía en marcha, cuando fue nuevamente advertido, que una tribu de charrúas se encontraba en las cercanías. Informado el número de los indígenas, y de la posición que ocupaban, Bernabé encontró insignificante la empresa facilitando por demás su éxito, y despachando sus caballadas para aligerarse, redujo su fuerza a 46 hombres incluso los oficiales que eran cuatro, y de los cuales solo uno lograría escapar. Con esta gente avanzo los, toldos, disperso como ya hemos dicho antes a los barbaros; se apodero de la chusma que dejo escoltada, y emprendió la persecución de los restos, que tomo rumbos de 15 a 20 indios más o menos. En esa persecución Bernabé logro ponerse encima de los barbaros, que siempre manifestando gran terror habían lanzado alaridos salvajes, dispersándose en todas direcciones, a término que el grupo mayor, que era donde iba el cacique, no alcanzaba a doce hombres. En tal estado la fuga se convirtió en carrera, y esto fue lo que perdió a Bernabé. Los indios conocieron que los caballos de sus perseguidores no continuarían una legua mas, y que el numero de estos que les perseguía se había reducido notablemente, a consecuencia de haber quedado a retaguardia porción de soldados a quienes se les habían parado completamente los caballos, que no habían mudado, y que eran los que sirvieron para la marcha de toda la noche”.
"Entonces pusieron los indios en juego su táctica salvaje, comunicándose por medio de alaridos, con los grupos pequeños que huían a la vista, y que empezaron a concentrarse hasta el numero 15 o 20, cargando en el acto tan rápidamente a Bernabé, y a los pocos que le seguían, que no tuvieron ni el tiempo necesario para echar pie a tierra, y defenderse en pelotones de 3 o 4 hombres. Todos estaban diseminados, y el que pudo contar con su caballo, se refugió en el monte tratando de salvar su vida de una muerte segura y bárbara. Fue entonces que tuvo lugar aquella carnicería. Los barbaros tomaron a sus perseguidores diseminados y empezaron a agruparse de cuatro y cinco para matar a uno, cuyo suplicio a bolazos y lanzadas tuvo un carácter horrible. En los momentos de tan terrible carga, Bernabé volvió el caballo y trato de evitarla reuniéndose a sus soldados, pero un diluvio de boleadoras les cayó encima, y su caballo aun cuando no fue boleado, rodo a poca distancia. Bernabé tuvo la suerte de salir corriendo y ya el sargento Gabiano le arrimaba su caballo para que saltase a la grupa, cuando se pusieron encima los barbaros, exclamando a gritos: “¡Bernabé! ¡Bernabé!, y empezaron a matarle a lanzadas y golpes de bola. Más adelante había echado pie a tierra el comandante Bazán y vendía cara su vida, pero sucumbió al número, así como Viera, y nueve soldados, que fueron también muertos aisladamente y sin cuartel”.

"Mientras mataban los indios a Bernabé Rivera, gritaban en medio de una algaraza horrible ¡Queguay, Queguay! ¡Indios hermanos muertos! ¡Cacique vence!!Matando amigos!

"Los charrúas venían mandados por el cacique Sepe (cabo Joaquín) y un indio llamado Bernabé, que había criado como hijo el mismo coronel Bernabé Rivera, y de quien recibió este desgraciado jefe, el primer golpe de bola en la cabeza…”.

Recomendamos a los interesados en el tema, en defensa de la imparcialidad volcada al rigor histórico, la lectura de un curioso folleto de Antonio Vidal titulado “La leyenda de la destrucción de los charrúas por el general Fructuoso Rivera” (en la biblioteca nacional de Montevideo colocación: Of2706. R5.V5; inventario: C.162.114- Folleto de Sala Artigas). En una defensa a ultranza de Rivera transcribe una carta que este remitiera el 25 de agosto de 1824 al Barón de Laguna, cuando (el traidor) revistaba bajo órdenes de los brasileros. En la misma expresa que los charrúas son:

"“…detestables por su carácter feroz, indómito, errante, sin anhelo, sin industria, sin virtudes, por consiguiente tan sangriento que iguala, sino excede, a las natches e iroqueses”.

En el citado folleto Vidal, con el fin de “demostrar” que los charrúas llevados por De Curel a Francia eran guaraníes y no charrúas, confunde a Gaspar Tacuabe de Bella Unión con Laureano Tacuabe. Afirma también que Vaimaca Perú y Senaqué "representan a los indios misioneros que acompañaron al general Rivera y con los cuales este fundo Bella Unión”, en lo que constituye su total descalificación para tratar el tema, lamentable lo de este señor Vidal.

Fuente: NACIÓN CHARRÚA ARTIGUISTA

















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