jueves, 13 de enero de 2011

Europa: Asumir el marco continental

Y TRAS LA HUELGA GENERAL, ¿QUÉ HACEMOS? (V)            
Pese a oleadas de movilizacioes en Europa y el relativo éxito de la huelga general en la pen´nsula, no se vislumbran cambios reales en las políticas económicas, ni del Gobierno español, ni de la Unión Europea. Abrimos una hebra de reflexión, desde abajo, sobre qué hacer con estos descontentos exhibidos.

ANTÓN GÓMEZ REINO VARELA “TONE” / Activista de A coruña

Sólo estamos vivos cuando nos comprometemos con una intensidad tal que nos sitúe más allá de la mera existencia”. Una forma contundente de pergeñar la esencia del compromiso humano con la que Slavoj i ek nos arroja a los sinsabores del presente.

Y es que, oteando a nuestro alrededor, podemos intuir que han tocado a su fin los tiempos de atravesar de un modo metafórico los relatos de lucha de generaciones pasadas. En la emergencia de los tiempos que vienen es posible que tengamos que poner en práctica lo aprehendido y enfrentarnos al peso de ser nuestras propias condiciones materiales de existencia las que se pongan en juego en las calles. De forma drástica y tangible. Aquí y ahora está en peligro nuestro futuro.


Con más crudeza de lo que recuerda la generación nacida al filo de la fallida Transición democrática, es preciso reconocer que la complejidad del escenario esconde un elemento perturbador de la subjetividad, algo profundamente personal. El miedo a enfrentarnos, esta vez sí, a un momento histórico en el que las relaciones de fuerza capital/movimientos están en plena transformación y en el que somos nosotros quienes atravesamos el centro del conflicto.

Recapitulando es preciso ser claros. La de aquel ya lejano 29-S fue apenas la menos mala de las huelgas posibles. Es cierto que el momento se mostraba adverso, que el crédito sindical está(ba) a ras de suelo y que el atomizado mapa de posiciones de la izquierda social tampoco hacía intuir una expresión poderosa. Es en esta coyuntura donde podemos decir que la séptima huelga general tras la Constitución del ‘78 sostuvo gestos de relativo éxito.

Con todo, no debemos obviar que desde entonces, el necesario vínculo entre los apéndices de sindicalismo combativo y la izquierda social antagonista no ha sido capaz de producir sinergias nítidamente reseñables. No como excusa, pero sí como reflexión, es importante recordar que el péndulo de las mayorías sociales está escorado, tras años de individualismo liberal, cara a un lugar nada lejano de la derecha. En el plano global, la crisis económica y la emergente [crisis ambiental- http://www.diagonalperiodico.net/

Hay-que-conectar-la-crisis.html] han puesto en claro entredicho la vigencia del proyecto neoliberal. Pese a la virulencia y nocividad de sus ataques presentes y por venir es necesario abordar la dimensión ideológica del desastre neoliberal desde su centro mismo. Es ahí donde se puede intuir que la ausencia de otro proyecto social riguroso que lo reemplace es la que permite que, a corto plazo, el neoliberalismo salvaje sea la receta que nos impongan ante los destrozos del neoliberalismo. Con todo es fundamental marcar el discurso de su derrota en el altavoz colectivo. El régimen neoliberal ha fracasado, irremediable e irreformablemente.

Complejizar el análisis

Inicialmente cabría preguntarse: ¿Es hoy posible atravesar de forma exitosa como movimientos la mediación con el Estado? El Estado, como lo conocíamos en Europa, ha estallado como espacio de encuentro de las relaciones sociales. En la realidad que nos encontramos, acelerada por el proceso de intervención neoliberal europeo sobre la economía española, se deshace la soberanía y el Estado de Derecho desaparece como garante de un statu quo en el que era preciso tomar en cuenta, aún de forma subsidiaria, las necesidades de los más frente a los intereses de los menos.

A este respecto es quizá preciso comenzar a abordar de forma pausada e inteligente la idea de que nos encontramos ante un marco constitucional roto. La necesidad de recomponer hegemonías sociales a la izquierda que traten de construir nuevos escenarios a medio plazo podría posibilitar una salida que operaría en un doble sentido. Tratar de abrir, por un lado, (otros) marcos constitucionales que recojan las reivindicaciones sociales comunes. Y conjugar de forma virtuosa los elementos de conflicto permanente que atraviesan los sujetos colectivos nacionales –que conforman todavía el Estado español– para dar salida a las aspiraciones emancipadoras de los mismos.

Está claro que estamos estrepitosamente lejos de poder abrir un proceso de este tipo desde la necesaria posición de fuerza, pero como horizonte, podría ser explorable.

En lo que se refiere propiamente a los movimientos es necesario comprender que estamos ante el momento de lo que Marco Revelli llamó tras el 14 de diciembre romano, la generación “futuro cero, hijos del bienestar interrumpido”. Toma más vigencia que nunca la letra de la canción: "La rebelión como única forma de diálogo".

Capas importantes de la sociedad caminan por libre, asumiendo el desafecto de cara a las realidades institucionales. Se abre una estructura de oportunidad política ambivalente. De nuestra capacidad para enganchar dinámicamente a esta sociedad desconectada está que los conflictos sociales por venir sean en clave antagonista, transformadora o devengan, por el contrario, de parte de artefactos autoritarios.

Diversas son las asignaturas pendientes de los movimientos sociales autónomos. Reflexión y práctica. Ser capaces de crear una semiótica exitosa; construir relatos de victoria es parte inherente a una victoria. Asumir con inteligencia y organización el conflicto, sin eludirlo. Si queremos ser capaces de transmitir una posición de fuerza ante el poder y confianza en la sociedad es preciso saber manejar acontecimientos conflictivos en las calles de forma virtuosa, evitando criminalizaciones preventivas.

En un tiempo en el que se tildan los derechos de privilegios y las excepciones se hacen regla es preciso abordar la guerra simbólica en los medios con un discurso de ofensiva creativa y propuesta.

La apuesta por imbricar generaciones activistas con apéndices sindicales y vecinales activos es también difícil, pero necesaria. En el futuro ya presente, nuevas huelgas y expresiones aparecen. Una, por ahora anunciada en Galiza y Euskal Herria, donde las mayorías sindicales nacionalistas se han visto obligadas a convocar huelgas generales ante el empuje de las bases. Otra en clave estratégica; la articulación de una huelga social europea activada por el estudiantado de Italia y Francia que buscan coordinaciones. La soberanía en juego tiene su centro de mando en clave europea. Debemos sumarnos y asumir entonces que el marco de las luchas que vienen, tiene que ser continental.

Es urgente tener presente el calado de la situación atendiendo la profundidad de las premonitorias palabras de Neruda, “solamente la ardiente paciencia, hará que conquistemos una espléndida felicidad”.

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