lunes, 16 de mayo de 2011

“Vamos a seguir luchando acompañados por nuestro hermano mayor, el Che Guevara” -Nestor Cohan

IMPA
Entrela rebeldía insolente de la Argentina del 2001 y el actual reflujo de la organización popular mediado por la innegable institucionalización de las protestas hay una década de por medio. En la historia de la humanidad ese lapso equivale a menos de un segundo. En la lucha de clases de un país determinado (y en la vida de las personas) es mucho tiempo.

Hoy, en la segunda década del siglo XXI, en la Argentina no crece ni se multiplica la organización popular desde abajo. Más bien estamos enfrentando una tendencia inversa. Lo poco que no fue cooptado desde el Estado, se divide y fragmenta hasta el infinito. Semana a semana surgen nuevas siglas, mayormente incomprendidas para nuestro pueblo. El grueso de esas disputas y divisiones permanentes no responden a Grandes Debates Estratégicos (con mayúsculas) sino a mezquindades bien mundanas y egoísmos terrenales y microscópicos. Las escasas “unidades” que se vislumbran en el horizonte político inmediato están impregnadas por el aroma electoral y la desesperación oportunista por no perder la personería electoral para seguir jugando respetuosamente al “como si” dentro del orden institucional. Seguramente existirán excepciones, pero esas son las grandes tendencias que se observan.
En ese clima adverso para el campo popular, para la organización desde abajo, para la izquierda que no se quiere resignar a las sonrisas del marketing electoral ni a los buenos modales institucionales, surge una iniciativa a contramano. No es la única. No es la primera. No pretende inventar otra vez los fideos con salsa ni la pólvora. Pero ahí está, a contracorriente de la o­nda predominante en la coyuntura argentina.
Se trata de la Universidad de los Trabajadores. No nace en cualquier sitio sino en el IMPA (1), una fábrica metalúrgica recuperada (¿pero no se había acabado el trabajo? ¿No habían desaparecido los trabajadores?). A esta Universidad de los Trabajadores (2) la impulsa y dirige Vicente Zito Lema, compañero que fundó varias iniciativas de este estilo y no se cansa. Lo sigue intentando. Compartimos con él (con coincidencias, con debates y discusiones, siempre con pasión y poniendo el cuerpo, en las aulas, en la calle, incluso en huelgas de hambre por los presos políticos del asalto al cuartel militar de La Tablada) durante muchos años la experiencia entrañable de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Ahora nos volvemos a encontrar en esta nueva iniciativa. Seguramente no será la última. Vamos a seguir insistiendo hasta que alguna vez ganemos y demos vuelta la tortilla. Y si no ganamos nosotros, habrá otra generación que va a triunfar, no tenemos la menor duda. Pero alguna vez las cosas se van a dar vuelta definitivamente. Habrá que seguir insistiendo una y otra y una nueva vez.
Junto a Vicente Zito Lema trabajan en la organización de la Universidad de los trabajadores un conjunto de compañeros y compañeras, algunos con vieja militancia revolucionaria y muy conocidos, otros que recién comienzan.
El primer seminario de esta Universidad de los Trabajadores está centrado en la Historia del movimiento obrero. No es una casualidad ni una decisión caprichosa. En su clase inaugural participaron antiguos y nuevos luchadores sindicales contra las patronales y la burocracia, incluso algunos viejos militantes de la Resistencia de los años ‘50.
El segundo seminario, la segunda materia, el segundo espacio de debate en la nueva Universidad es la Cátedra Che Guevara. Sí, trabajadores y Che Guevara. Por ahí comienza la cosa. ¿Se entiende? ¿Queda claro adonde apuntamos?
La lucha del IMPA no nace hoy, en el año 2011 (este colectivo de trabajadorxs viene construyendo este espacio de resistencia desde que recupera la fábrica en 1998; hoy allí también funcionan los bachilleratos populares, el canal de televisión Barricada TV, el centro cultural y varias otras iniciativas). Tampoco la Cátedra del Che nace hoy.
En otro lugar intentamos sintetizar mínimamente la historia de la Cátedra Che Guevara (3). Esta modesta y pequeña iniciativa, a pesar de sus limitaciones, ha acompañado y formado parte de muchas otras movidas de resistencia de la clase trabajadora argentina (desde la toma de la fábrica Brukman, pasando por la solidaridad con la fábrica Zanón en la Patagonia, la escuela de lxs trabajadorxs piqueteros que armamos en el barrio periférico de Florencio Varela, la lucha del hotel Bauen, etc.). La historia de la Cátedra Che Guevara tampoco ha estado al margen de los vaivenes de la lucha de clases y de la confrontación político-ideológica en nuestro país.
En la clase-acto de lanzamiento, además de la presencia internacional de amigos de Cuba y Venezuela, y de los amigos de la revista Sudestada, del colectivo cultural Mascaró Cine Americano y de la agrupación HIJOS La Plata [Hijos de desaparecidos], nos reencontramos con viejos compañeros que han seguido leal y fielmente a la cátedra en su viaje itinerante (porque al ser una iniciativa de formación política desde abajo, que no cuenta con dinero ni financiamiento de nadie ni tampoco las prebendas de ninguna institución, no nos ha quedado más remedio que ser “itinerantes”). Y también conocimos gente nueva que ahora se suma y se va a seguir sumando.
¿El objetivo? Recuperar el pensamiento político del Che Guevara —eludiendo toda nostalgia y todo “revival”— como parte de las luchas actuales de América Latina. No casualmente nuestra Cátedra Che Guevara forma parte de una corriente de cátedras guevaristas y bolivarianas que confluyen y participan en diversos espacios de coordinación como el del Encuentro Cono Sur y principalmente el del Movimiento Continental Bolivariano (MCB).
En el acto de inauguración hablaron varios de los integrantes más jóvenes del equipo docente de la Cátedra, que rescataron la vigencia del Che para la juventud actual y también los compañeros invitados. Nosotros recordamos que la Cátedra Che Guevara y el Colectivo Amauta, además de participar en iniciativas callejeras (como algunas tomas de fábrica, o cortes de avenidas —Corrientes y Callao, en pleno centro de Buenos Aires— en defensa de los presos políticos) ha elaborado varios libros para la formación política. Nuestro colectivo es una cátedra de estudio en serio, investiga y elabora materiales propios al servicio del campo popular, no se limita a repetir tres consignas ni a saludar formalmente el póster del Che (4).
El primero de los invitados fue Guillermo Caviasca, integrante de Barricada TV, quien hizo un balance de la lucha actual en Argentina y bosquejó algunas líneas teóricas y prácticas de acción para dar la batalla por la hegemonía en las condiciones de reflujo popular.
Luego intervino Fernando Krichmar, representante de Cine Insurgente, quien indagó en la concepción política de Guevara y la importancia central que éste otorgaba a la subjetividad y a la lucha por una nueva cultura, en particular, al nuevo cine latinoamericano que por entonces iniciaban en Cuba Santiago Álvarez, Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa, entre otros.
Más tarde Eduardo «Vasco» Murúa, militante impulsor de la lucha de IMPA y de todo un movimiento que agrupa a otras fábricas recuperadas, apeló al Che trayéndolo a la lucha de la clase obrera actual, recordando al mismo tiempo que por una iniciativa del colectivo de la fábrica IMPA se publicaron por primera vez en Argentina y en el mundo fragmentos de la crítica del Che Guevara al Manual de economía política de la Unión Soviética, incorporados en el último capítulo de la obra de Orlando Borrego Che Guevara, el camino del fuego (5).
Finalmente, cerró el acto Vicente Zito Lema, quien luego de recordar las tesis planteadas en su libro La palabra en acción de Ernesto Che Guevara(6), reconstruyó el papel que desde el inicio jugó nuestra Cátedra Che Guevara en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y en varias otras movidas posteriores. Al mismo tiempo, dirigiéndose principalmente al público joven, recordó que su generación y muchos de sus amigos y compañeros —desde Agustín Tosco y Mario Roberto Santucho, hasta Rodolfo Ortega Peña, Rodolfo Walsh y Alicia Eguren, entre muchísimos otras y otros compañeros entrañables, hoy desaparecidos o asesinados— siempre tomaron al Che como una guía ética, política y como inspiración de vida.
Sin disimular la emoción, Vicente cerró una hermosa e inolvidable jornada diciendo “Como hizo mi generación, la del ’60 y el ’70, hoy, en el año 2011, vamos a seguir luchando acompañados y guiados por nuestro hermano mayor, el Che Guevara”. Kaosenlared

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