sábado, 8 de octubre de 2011

10 años en Afganistán, el aniversario del que nadie habla

Se cumple una década de la ocupación de un país sumido en la violencia. EE.UU se retira mientras crece el temor a que los talibanes retomen el poder
Pedro Luque
Vendedor ambulante. Las paredes de Kabul muestran cicatrices de años de conflicto (AP).

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Cuando las fuerzas especiales estadounidenses mataron hace cinco meses a Osama bin Laden en el oeste de Pakistán, el presidente afgano, Hamid Karzai, afirmó que el mundo estaba equivocado. “No era en Afganistán donde se debía librar la 
lucha contra el terrorismo”, 
expresó
Tarde las palabras del mandatario. Afganistán es hoy un país hundido en la confusión, una década después de que el entonces presidente estadounidense George W. Bush decidiera invadirlo para eliminar a la red terrorista Al Qaeda, responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Tras 10 años que costaron miles de muertos y miles de millones de dólares, las tropas internacionales empiezan a retirarse sin haber derrotado a los talibanes, que amenazan con volver al poder, y con los niveles de violencia más altos desde el inicio del conflicto.
A pesar de esta dura realidad, los altos mandos estadounidenses siguen ofreciendo evaluaciones optimistas.
Lo que mejoró. Es verdad que hay indicios de progreso, como los seis millones de chicos que volvieron a la escuela, según cifras de Naciones Unidas. Además, las mujeres pueden asistir a clase, algo que les estaba prohibido durante 
el régimen talibán del mulá Omar.
Un sondeo realizado por la organización internacional Action Aid entre mil mujeres de cinco provincias afganas muestra que el 72 por ciento de las encuestadas consideran que sus vidas son mejores ahora que hace 10 años.
Además, la prensa florece en Afganistán, donde circulan varios diarios y revistas, y pueden verse 10 canales de televisión. Pero estos avances no son más que oasis en un desierto de incertidumbre.
La suma de los miedos. En el Afganistán de hoy se conjugan la violencia extrema, la corrupción política y el temor a un resurgimiento talibán, lo que ahonda la falta de esperanza de un futuro mejor.
Los talibanes llevan adelante una nueva campaña de ataques terroristas y la violencia se incrementó en un 40 por ciento en 2011, según el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS). El primer semestre de este año, con casi 1.500 muertos, fue uno de los períodos más sangrientos para la población civil afgana.
Además, con 67 militares fallecidos, agosto fue el mes más mortífero para las tropas estadounidenses desde 2001. Por eso no sorprende que uno de cada tres veteranos estadounidenses de Afganistán e Irak consideren que esas guerras no valen la pena y que es hora de abocarse a problemas internos, según una encuesta del Pew Research Center publicada esta semana.
De acuerdo con la ONU, creció 50 por ciento este año el número de atentados suicidas múltiples, como el perpetrado en septiembre contra la embajada de Estados Unidos y el cuartel de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) en Kabul. Según Naciones Unidas, hay un promedio de tres grandes ataques al mes.
En total, estos 10 años de conflicto dejaron, según la universidad estadounidense de Brown, entre 34 y 46 mil muertos extranjeros y afganos, entre ellos 14 mil civiles.
La creciente violencia coincide –no de forma casual– con la retirada de los cerca de 130 mil militares extranjeros desplegados en el país, que concluirá en el año 2014.
El repliegue se realiza en paralelo al comienzo del traspaso de responsabilidades de seguridad de la Otan a los 300 mil soldados y policías afganos, que no parecen preparados para frenar a las decenas de miles de talibanes que ahora se concentran en ataques espectaculares.
Trabas internas. El otro gran problema afgano es de índole político.
La corrupción frena los intentos por crear un gobierno viable e instituciones que asuman el control de su propio país.
El presidente Karzai es criticado por permitir que la corrupción se apodere del gobierno y por manipular la campaña presidencial de 2009. Ese mismo año, la mitad de los afganos opinó en un sondeo que la corrupción del gobierno y la policía había aumentado de forma considerable.
Encima, el panorama regional no es alentador. Las fuerzas armadas paquistaníes se sintieron humilladas tras el operativo que mató a Bin Laden en su territorio y cerraron las puertas a la colaboración en la zona, al tiempo que Washington le retiraba su ayuda militar de 800 millones de dólares.
Karzai subrayó el miércoles pasado la necesidad de establecer un diálogo con
“el hermano gemelo Pakistán” para conseguir la paz en Afganistán, pero sólo un día antes había sellado con la India una alianza estratégica, la primera de su tipo, con la que reconoció a un aliado regional que había soslayado durante esta década.
Así, tras 10 años de conflicto, Afganistán sigue siendo un país en donde el miedo es el sentimiento más común, como el pánico que sienten 9 de cada 10 mujeres a la vuelta de los talibanes y la consiguiente pérdida de sus derechos sociales, según un sondeo de la organización Action Aid; o el temor que manifestó esta semana el Comité Internacional de la Cruz Roja a que la retirada de tropas internacionales sea un pretexto para que se “autoexoneren de sus responsabilidades”.
Pero el mayor miedo de los afganos es que, a partir de 2014, la guerra civil se instale otra vez y los talibanes vuelvan a ocupar el espacio que se les quitó, y que ninguna Primavera Árabe llegue para rescatarlos.
Encima la naturaleza
Afganistán enfrenta la peor sequía de la década y la situación, según diversas fuentes, amenaza a cerca de tres millones de personas por la pérdida de hasta el 80 por ciento de las cosechas de trigo en algunas áreas del país.
Fuente: La Voz.ar

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