lunes, 24 de octubre de 2011

Uruguay: Otra Espera

La Diaria
El trabajo que el Grupo de Investigación en Arqueología Forense (GIAF) ha venido haciendo en el Batallón Nº 14 desde 2005 dio sus primeros resultados concretos el viernes al ser localizados los restos óseos de una persona detenida y desaparecida durante la dictadura. El sábado, pese a las amenazas del tiempo y tras una visita habilitada a los familiares de las víctimas y luego a la prensa, los restos fueron exhumados y trasladados, bajo custodia, al laboratorio de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Luego de la sorpresa comenzó la espera de familiares y amigos. Una espera diferente, porque esperar, esperan desde hace casi 40 años. “Todos trabajamos por todos, pero lo que primaba es que puede ser un familiar nuestro. Cada uno veía a su familiar ahí tirado”, expresó a la diaria Óscar Urtasun, integrante de la organización Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, unas horas más tarde de haber estado en el Batallón de Infantería Paracaidistas Nº 14. Urtasun busca a su hermano, José Luis.

El predio militar está ubicado en Toledo, Canelones. La zona en cuestión está próxima a las vías del tren y a unos 15 metros del arroyo Meireles, que los periodistas debimos atravesar para llegar al lugar. Ese trayecto, afirmó el jefe del GIAF, José López Mazz, fue excavado “exhaustivamente” e incluso el trabajo ya se estaba dando por concluido. Todo alrededor es vegetación.
El enterramiento apareció en la última trinchera realizada por el equipo, la 208, y a 1,40 metros de profundidad.

En las otras 207 trincheras se encontraron fragmentos óseos que por su tamaño requieren procedimientos específicos para determinar si son humanos o animales, pesquisas que, según el secretario de Presidencia, Alberto Breccia, aún no han concluido. También se encontraron alteraciones estratigráficas que sustentan la teoría de que existió la denominada Operación Zanahoria, revelada por primera vez en 1995 por la revista Posdata, y dos años después denunciada ante la Justicia por el senador Rafael Michelini dando cuenta de la eventual existencia de un cementerio clandestino con 150 cuerpos ocultados. La responsabilidad de esta operación fue atribuida en varias ocasiones al ex presidente Julio María Sanguinetti.
López Mazz explicó que tras el desmalezamiento, el GIAF constató que la tierra estaba revuelta, había huellas de máquinas y de palas, lo cual podría confirmar que estos procedimientos fueron concretados. Esta parte del predio, que da a los fondos del establecimiento militar, fue adquirida en 1972 y pertenecía a Francisco Vidiella. “No parecía estar destinada a ninguna actividad en particular, salvo a ésta”, señaló López Mazz, en referencia a los enterramientos clandestinos.

Confirmación
La noticia se hizo pública el viernes sobre las 15.00, horas después de materializado el hallazgo. El presidente José Mujica fue enterado a poco de llegar de su extensa gira por Europa. De inmediato, se trasladó al lugar y confirmó los hechos, acompañado por Breccia, el ministro de Defensa Nacional, Eleuterio Fernández Huidobro, y representantes de la Comisión de Seguimiento. También se hicieron presentes el diputado por Canelones Esteban Pérez (Frente Amplio) y el juez Pedro Salazar.
El trabajo en la Zona III -como la identifica el GIAF luego de haber trabajado en otras dos durante 2005 y 2006- comenzó el 2 de febrero, a raíz de una orden dada en setiembre de 2010 por Salazar en el marco de la causa que investiga el paradero de María Claudia García de Gelman, desaparecida en 1976, que el magistrado tiene a su cargo luego de que la causa fuera archivada dos veces, en 2003 y en 2005, y que reabriera en agosto de 2008.
Tanto desde el GIAF como desde Presidencia existe mucha cautela a la hora de brindar información. La información genética de los restos demorará en conocerse al menos 20 días y se coordinará con el Instituto Técnico Forense si también se hace en Argentina, donde, por otra parte, hay un banco de datos de ADN de familiares de desaparecidos. Posteriormente, explicó López Mazz, debe trazarse una hipótesis de trabajo sobre a quién podrían pertenecer los restos encontrados para determinar con qué personas contrastar su ADN y poder identificarlos
Paciencia
Todo hace suponer que no se trata de una mujer y que, por lo tanto, no sería María Claudia. “Sobre su destino hay una falta de información muy grande”, apuntó López Mazz. Un calzado masculino, un fémur y el maxilar de una persona que parecía estar en posición fetal es lo que se pudo apreciar con claridad el sábado. El jefe del GIAF explicó que se trata de un enterramiento primario, es decir, que no fue exhumado anteriormente. Estaba envuelto en tejidos y parecía vestir ropas de invierno
Para llegar a los restos, los antropólogos debieron romper una densa capa de cal y piedras. El rociado con cal, explicó, es una antigua técnica que se utiliza para destruir las partes blandas de un cadáver de manera que no pueda ser identificado. Pero la cal también conserva las piezas óseas. Estos elementos, indicó López Mazz, ya constituyen un “patrón” porque con cal y piedras también fueron encontrados los restos de Ubagésner Chávez Sosa en noviembre de 2005, en una chacra en Pando, y un mes después, los de Fernando Miranda en el Batallón Nº 13. Se trataría, entonces, del tercer desaparecido localizado.

Javier Miranda, hijo de Fernando y actual director nacional de Derechos Humanos, fue uno de los que concurrieron el sábado. También estaban, entre otras, Luisa Cuesta, Amalia Mercader y Amalia González, madres de Nebio Melo, Carlos Rodríguez y Luis González, respectivamente. “Yo fui con la cabeza de acompañar a las viejas. Es contundente la sensación al pensar que iban a dejar de excavar, que hace cinco años estuvieron tan cerca de allí y que estuvieron tan cerca de la verdad… No pensé que me fuera a mover tanto. Uno terminaba pensando que se trata de alguien cercano”, relató a la diaria Valentín Enseñat, de la organización HIJOS.
También se encontró con la “ironía” de que los restos sean custodiados por el Ejército durante su visita, con militares armados con metralletas; pero entiende que es protocolo. Valentín busca a su padre, Miguel Ángel Río.
“Es difícil de comunicar lo que uno siente. Son cosas tan duras… No hay alegría por haber encontrado un cuerpo, no es un alivio; son sentimientos encontrados. Es una paz por un lado y un cúmulo de sensaciones de bronca, de un montón de cosas que no siempre son buenas”, dijo Urtasun. Y la espera: “Es como a un preso al que le decís que en 20 días sale: son 20 años…”.
Ambos destacaron el trabajo de los antropólogos. También lo hicieron otros familiares que compartieron sus sensaciones pero prefirieron que sus nombres no se publicaran: “Estaban los jóvenes que trabajan en esto, sencillos, en segundo plano. Y realmente son los perseverantes protagonistas que han estado años excavando sin tregua, siguiendo datos, cálculos... En este panorama, no sé qué me conmovió más: ellos transpirados, llorosos como nosotros, o esos restos aún con ropa, tan solos, tan maltratados, tan buscados. Ninguno queremos especular. Es uno de nuestros compañeros, de acá, de allá... Es imposible no buscar ‘algo’”.
Lourdes Rodríguez

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