lunes, 17 de mayo de 2010

La guerra toca nuestras puertas

Sub Editorial Los Tiempos

Si hay algo en lo que están de acuerdo quienes se preocupan por el futuro latinoamericano desde un extremo a otro del espectro político e ideológico es en el inminente peligro de que toda Latinoamérica, desde el Río Bravo hasta la Tierra de Fuego, se convierta e el escenario de guerras entre organizaciones que se disputan el control de las drogas.

Lo que ocurre en vastas zonas de México, donde el Estado prácticamente ha sido ya desafiado por poderosas organizaciones ligadas a redes rivales de narcotraficantes, es la máxima expresión de lo que tal peligro puede significar.

Más cerca de nosotros, Colombia tiene ya décadas de estar sumida en una guerra interna que, más allá de las máscaras políticas e ideológicas, en el fondo tiene como causa principal el negocio de las drogas y sus disputas internas. Y Brasil, cuyas favelas ya son una especie de territorio libre, donde verdaderos ejércitos controlan amplias áreas de sus principales ciudades, como San Pablo y Río de Janeiro, es otro ejemplo de la magnitud del fenómeno.

Cuanto está ocurriendo en Paraguay, cuyas fuerzas militares y policiales están movilizadas en cinco departamentos con el propósito de restablecer en tan extensa zona la soberanía del Estado, es otra muestra de lo cerca que está de nosotros la violencia ligada a la producción y tráfico de drogas.

Lo ocurrido en Caranavi durante los últimos días, y más claramente aún la matanza en Santa Cruz de unos individuos involucrados en redes de narcotraficantes en las que estarían comprometidos incluso algunos policías y militares, son las primeras manifestaciones del peligro al que nos referimos.

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