miércoles, 8 de junio de 2011

Voz de alarma ante militarización desde EU B

Luis Gutiérrez-Esparza
Buenos Aires, Argentina.- Dirigentes de organizaciones sociales, investigadores universitarios y militares del continente, coincidieron en resaltar la importancia de organizaciones concertadoras de la acción unida de los pueblos latinoamericanos, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), para preservar la paz, la democracia y la integración de los pueblos de la región, frente al militarismo imperial de Estados Unidos.

Así lo puntualizaron durante la Conferencia Continental “No a las Bases Militares Extranjeras en América Latina y el Caribe”, que se llevó a cabo en esta ciudad, convocada por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), el Servicio de Paz y Justicia-América Latina (Serpaj-AL) y el Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad Entre los Pueblos (Mopassol); y auspiciada por la Alianza Social Continental (ASC), el Consejo Mundial de la Paz (CMP), la Asociación Americana de Juristas (AAJ) y el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), éste último con sede en la ciudad de México.
Me correspondió denunciar que la presencia de bases militares extranjeras atenta contra la estabilidad, la democracia, los derechos humanos y los procesos de integración regional. Las bases deben ser erradicadas definitivamente, por medio de reformas constitucionales en cada nación latinoamericana y caribeña y la adopción del marco legal correspondiente.
Me enteré con alarma de que analistas e investigadores sudamericanos, consideran que la acción asesina de los zetas y otros grupos de sicarios mexicanos, está relacionada con la estrategia estadunidense de seguridad y control de la frontera con México. Se habló de la existencia de dos bases en Chiapas y la creación de una tercera en Puebla, donde hay personal militar estadunidense.
Por mi parte, hice énfasis en el hecho de que está en marcha una gran movilización latinoamericana y caribeña. Un creciente número de organizaciones de la sociedad civil, se organiza y participa. La sociedad civil exige ser escuchada. Así como el Tratado de Tlatelolco convirtió a América Latina y el Caribe en una zona libre de armas nucleares, otro tratado debe proscribir para siempre las bases militares extranjeras.
Insistí en que el Parlamento Latinoamericano (Parlatino), puede ser el conducto idóneo para proponer a los congresos y parlamentos de las diversas naciones latinoamericanas y caribeñas, la promoción de iniciativas de ley que conformen un corpus jurídico continental contra la presencia de bases militares extranjeras en la región; y ha reaccionado positivamente en una primera etapa, al acoger la demanda y darle impulso.
Así lo hizo la senadora argentina Sonia Escudero, quien el año pasado fungía como secretaria general del Parlatino y acogió con entusiasmo la iniciativa, cuyo estudio recomendó a las comisiones correspondientes. Actualmente, la senadora Escudero, con quien tuve una interesante y productiva conversación en sus oficinas del Senado en esta capital, puede apoyar la propuesta desde sus responsabilidades en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EuroLat), que reúne al Parlamento Europeo con el Parlatino, el Parlamento Andino, el Parlamento Centroamericano, el Parlamento del Mercosur y los congresos de México y Chile.
Enrique Daza, colombiano, secretario ejecutivo de la ASC, sostuvo la necesidad de “reforzar y profundizar” las políticas trazadas por la Unasur para “desengancharse de las pautas militaristas dictadas por Estados Unidos”, aunque advirtió que en el bloque regional “hay países, como el mío, subordinados a todo lo que diga la Casa Blanca”.
A su vez, el coronel argentino retirado Horacio Ballester (presidente del Centro de Militares por la Democracia Argentina) y el general de brigada retirado Luis Bareiro Spaini (exministro de la Defensa de Paraguay), consideraron que la Unasur debe “profundizar políticas autóctonas de cooperación y asistencia que respeten la diversidad de sus pueblos, no sólo en el plano militar, sino, especialmente, en lo político, económico, social y cultural”.
En tanto, la antropóloga estadunidense Adrienne Pine (investigadora de la Universidad de Washington), denunció que el Comando Sur estadunidense financia programas de inteligencia y propaganda política que se dictan en la Universidad de Florida en Miami, como parte “de una estrategia de dominación” y que a esos cursos asistieron “muchos de los empresarios y militares golpistas” que derrocaron en 2009 al presidente constitucional de Honduras Manuel Zelaya.
También expusieron el Premio Nobel de la Paz y presidente del Serpaj, Adolfo Pérez Esquivel; el exdiputado nacional y copresidente de la APDH, Miguel Monserrat, la presidenta del Mopassol, Rina Bertaccini; el sociólogo e investigador argentino Atilio Borón; el paraguayo Gustavo Torres González (experto en geopolítica); la uruguaya Ana Juanche (Serpaj-AL); el chileno Pablo Ruiz (SOA Watch); Federico Martín Gómez (Departamento Islas Malvinas y Atlántico Sur, Universidad Nacional de La Plata); Luis Ammann (Partido Humanista); y Sonia Winer (politóloga e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Conicet, de Argentina).
La Conferencia Continental fue la continuación de un juicio simbólico realizado el día anterior en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, en el cual un Tribunal Ético presidido por Beinusz Szmukler (presidente del Consejo Consultivo de la Asociación Americana de Juristas) condenó el intervencionismo militar estadunidense en América Latina y el Caribe, porque constituye una “amenaza a la paz, la libre determinación y la vida democrática” de los pueblos de la región.
El Tribunal advirtió que las bases militares estadunidenses en Colombia, Honduras, Paraguay, Puerto Rico, la fortaleza de la OTAN en las islas Malvinas y la ocupación de Guantánamo (Cuba), donde Washington instaló una cárcel y un centro de torturas, forman parte de “un plan estratégico de dominación imperial”.
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*Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, así como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 países. Editorialista de Excélsior. Presidente del Círculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx/

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