martes, 24 de febrero de 2015

Patria federal, realidad unitaria - Mario Alarcón Muñiz*


   A 201 años de la causa federal, es oportuno recordar los principios y las acciones que le dieron origen y fortaleza. Tanto se habla en la actualidad de Artiga y el federalismo mientras se opera en el sentido contrario, que bien vale esta breve evocación.  
 A las puertas del Paraná se libró la primera batalla por la causa federal en nuestro país, el 22 de febrero de 1814 y se hizó por primera vez la bandera federal. La acción guerrera se produjo en las costas del arroyo del Espinillo o Espinillo, 23 kilómetros al este de la capital provincial. En ese lugar, sobre la ruta 18, al cumplirse en 2011 el 197 aniversario del combate, el centro de estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres emplazó un monolito recordatorio y plantó árboles nativos. Hoy se evoca el episodio en ese lugar.
Todo aquello se originó en la política del Directorio con sede en Buenos Aires, a cargo de Gervasio Antonio de Posadas, primer director supremo de las Provincias Unidas desde el 1 de febrero de 1814. Las ideas del oriental José Gervasio Artigas inquietaban a los dirigentes porteños. El 11 de febrero Posadas declaró  a Artigas "infame, privado de todo empleo, fuera de la ley y enemigo de la patria", además de ponerle precio a la cabeza del caudillo; 6.000 pesos "a quien lo entregue vivo o muerto".  
 Desde un a¨no antes, a partir del 31 de enero de 1813, deliberaba en Buenos Aires la Asamblea General Contistuyente. Los seis diputados de la Banda Oriental llegaron en abril a ese congreso portando las instrucciones de Artigas. Consistían en exigir la declaración de la independencia establecer un gobierno republicano y federal institucionalizar el Estado sobre la base de tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) independientes entre sí reconocer la autonomía de las provincidas para organizarse, determinar sus políticas de manera soberana y elegir sus propias autoridades, asegurar la libertad civil y religiosa y radicar el gobierno fuera de Buenos Aires, todo esto expresado en síntesis, pues las Instrucciones eran más extensas.
Aduciendo cuestiones formales relacionadas con la elección de los diputados, que debía realizarse por cabildos y no por un congreso provicial (en este caso el de Tres Cruces), la asamblea desestió la representación oriental. Los sucesos posteriores dejaron en evidencia que el rechazo obedeció al cáracter federal y francamente revolucionario de las Istrucciones de Artigas.     
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