jueves, 12 de febrero de 2015

Heráclito en Chile - Ariel Dorfman



 Acabo de confirmar, en forma triste y contundente, que Heráclito tenía razón cuando sentenció que uno nunca puede bañarse dos veces en el mismo río. Dudo, por cierto, de que el filósoo presocrático, al urdir hace dos mil quinientos años esa frase sobre el paso implacable del tiempo, tuvier en mente la destrucción ecológica del planeta, el despeñadero al que nos está conduciendo nuestra avaricia e incapacidad para enfrentar con valentía el calentamiento global. 
 De las muchas zonas encantadoras cerca de Santiago, me gusta en especial el Cajón del Maipo, un estrecho valle de rocosos precipicios que el río del mismo nombre ha ido socavando durante millones de años. Uno de los lugares más fabulosos de ese cañon es una cascada que los locales llamaban "de las ánimas".
Fueron arrieros quienes, hará más de un siglo, la bautizaron con ese nombre, puesto que en ese sitio donde daban de beber a sus caballos y ganado al atravesar las montañas, ellos habían divisado dos doncellas semitransparentes que danzaban detrás de ese torrente de agua, amén de duende jugando a sus alrededores.
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