lunes, 2 de febrero de 2015

Nuestra fe y su dimensión social



 Cuando las diversas iglesias se afanan en bendecir lo que hace el Estado o estar muy cerca del mismo, como ocurre cuando bendicen con sus oraciones actos públicos o fusionan festividades religiosas con festividades políticas, están dando una señal a la sociedad de que la religión y el Estado deben estar en contubernio. Esto contribuye a que el Estado en los hechos sea muy tolerante con unas creencia o confesiones y menos tolerante con otras. Cuando el estado se amarra a un única confesión religiosa, pierde su función esencial de garantizar la libertad religiosa, de pensamiento, de opinió y de creencias  todos los miembros de la sociedad.
Cuando el Estado y las religiones están en contubernio, no solo se pierde la dimensión laica del Estado, sino que se puede correr el peligro de que los líderes religiosos utilicen las relaciones con el Estado para beneficiar su confesión religiosa e incluso aprovechar esas relaciones para imponer su fe religiosa a toda  la socieda, marginando a quienes no profesan igual confesión. 
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