miércoles, 14 de enero de 2015

Mafalda: ¿por qué “Todos somos Charlie”? - José Steinsleger


Nacida en el emblemático decenio de 1960, Mafalda era una niña que pasaba buena parte del día oyendo noticias en su radio de transistores y luego descolgaba a los adultos con preguntas acerca de las realidades políticas del mundo Mafalda no era cómica. Cómicos eran los adultos, haciendose bolas cuando trataban de consolar las angustias de la niña frente a las guerras, el hambre, la pobreza, el racismo, las injusticias, la la violencia.    
En los años de terrorismo de Estado, un lector indignado escribió a la revista argentina Humor, observando: "Y ustees ... de qué se rién?". Parafreseando a Oscar Wile, los editores le recordaron que el humor podía ser "...otra forma de la desesperación". En efecto. Nada más serio que el (mejor dicho) humorismo, vocablo que la Real Acadeia asocia con la "manera graciosa o irónica de enjuiciar a las cosas" .
El humorismo nada tiene que ver con la alegría imbécil de los animadores mediátcos, y menos con lo que degrad, humilla, discrimina. Sin ofender a nadie, Miguel Cervantes se burlaba de los vicios y ridiculeces de los hombres, difereciando el humor cáustico y mordaz del sátirio y burlón "...que infames precios y desgracias guía" (Viajes al Parnaso, 1614).
El olvidado erudito y periodista español Santos López Pelegrín (1840-1845) decía que la diferencia de la parodia, lo burlesco es una "bufonada miserable que no puede agradar más que al populaho". Tal era la postura del grupo de periódistas de Charlie Hebdo (CH), asesinados en una operación comando e un modo mucho más miserable que sus hiriente y reaccionarias bufonadas.
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